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Todos los caminos conducen a Miami

Todos los caminos conducen a Miami

Todos los caminos conducen a Miami
junio 29
21:51 2014

Olancho café no es una simple colección de anécdotas o retratos costumbristas. La pluma de Rebeca Ulloa nos sumerge en la aventura de sus propias experiencias en las tierras norteamericanas luego de múltiples desempeños. Primero en la radio en Cuba,  junto a acercamientos literarios que se enriquecieron después, cuando emigrada en Colombia se ocupó de los asuntos de la radiodifusión y la estética de la comunicación como profesora universitaria, y luego como escritora y co-autora junto a Aristides Pumariega.

Este conjunto de relatos demuestra que su talento como guionista y crítica le ayudó indudablemente a atrapar el destino que para muchos de nosotros termina en esta gran nación. Gracias a esta colección, Rebeca nos permite saborear la ciudad de Miami en lengua española desde una perspectiva no solo cubana, sino también desde las experiencias de los muchos emigrantes que en ella radican.

Ya lo indicó antes Camina Pellitero, quien al mencionar el lenguaje de su autora lo califica de: “claro, sencillo, natural, asequible a todos”. Pero esa opinión no es suficiente para valorar el estilo que se expande por sus diez cuentos.  Para mí la contemporaneidad del lenguaje y esa sencillez que se ha señalado le ameritan. Se va directo al grano como gusta al lector actual, aunque para ser sinceros hay determinados momentos en que lo anecdótico sobresale frente a la ficción.

Carmén Gonce nos dice que “Quizás no todos los caminos conduzcan a Miami (…)”, pero sí Olancho Café. Porque efectivamente la colección centra su atención en un lugar específico que viene a ser el mega-personaje, abarcador de las situaciones y los personajes que ahí se describen.

Olancho cafeEsta prologuista también menciona la coautoría de Arístides Pumariega, uno de los más importantes caricaturistas de Latinoamérica y quien enriquece el libro con una serie de ilustraciones que parecen haber estado en el ambiente señalado y que darán a Olancho Café un toque particular.  Efectivamente la galería de caricaturas ambienta la colección aunque el foco principal de nuestro acercamiento esté más que nada en las narraciones de Rebeca Ulloa.

El primer cuento “Ay…ay…Carola” ostenta la marca profesional del guionista que maneja el diálogo y que bien aplica en este caso Rebeca a la historia ahí descrita. Así, comienza el relato con una  plática entre Rolando y la Doña, que es un personaje que se repite como coordenada unificadora de los distintos cuadros o historias de Olancho Café.

No estamos en ese cuento únicamente frente a una historia de amor centrada en un lugar donde los pedidos y las botellas “vienen y van”, porque sabemos del tema gracias a como Ulloa juega con los párrafos de la narración más estricta. Para el relacionado con esos sitios donde los clientes se solazan al salir del trabajo y adonde la gente se conoce y las cervezas y los coqueteos complementan el ambiente, no es nada raro. Se nota que el lugar no es exactamente un círculo de clase alta sino de gente humilde, y allí Rolando y Carola desarrollan su trama amorosa contada por el narrador hábilmente establecido desde la Doña, y una especie de tercera persona con el que juega Rebeca. Así mismo nos sorprende esa definición sicológica tan ingeniosa que encontramos al final, adonde el diálogo vuelve a protagonizar la narración.

“Entre novelas y cervezas” no sólo es el segundo cuento, sino que se convierte en estampa de los avatares de los emigrantes hispanos establecidos en Los Estados Unidos. Hay un claro referente a Miami y la costa este, pero con vasos comunicantes a otros lados del país adonde se reúnen los nacidos en lengua española. Muy dinámico el diálogo, va recreando las diferentes odiseas de los que llegan por tierra o mar e incluso el infame tren que atraviesa México con emigrantes de varios países incluidos.

La tragedia está en el aire y la muerte de un familiar cercenado por el monstruo ferroviario. Hay momentos en que parece una estampa más que un cuento en el sentido tradicional, pero eso no le resta mérito. Principalmente por el dinamismo del diálogo y lo que en ello se cuenta. Entonces pudiera indicarse que una corriente paralela, de intensidad y  expectativa, nos explica los hechos: “Subes o no subes. Solo a veces cuando se le paga mucho al coyote…ah, entonces sí negocean con los del tren, pero en mi caso no había ese dinero:”

Y luego vendrá en el momento en que la resolución parece la mejor opción entre la Doña y el emigrante que relata su tragedia:

“–¿Y entonces…?

—-El tren lo partió en dos.”

En Olancho Café se nos aparecen también los soñadores y mentirosos profesionales como Eddy Fantasy, al cual interpelará Aristónico, quien le pregunta la tantas veces repetida pregunta sobre la nacionalidad, que en este caso es la cubana. La presencia de ese individuo parece todo lo mendaz y fantasioso que se pueda. Su promesa de heredar  bienes y dinero a los amigos se rompe porque su enfermedad incurable encuentra solución.  La sorpresa, que es parte de la técnica que utiliza Ulloa, vuelve a jugar una mala pasada a quienes soñaban con recibir algún bien del amigo. Eddy no muere gracias a la tecnología, que le salvará la vida.

Se vuelve en “El que Come Baleada está en la Jugada” al tema del emigrante y ahí el diálogo habla por sí solo, porque salvo algunas notas es el recurso principal de toda la narración, donde se podrá mencionar hasta el tener o no tener papeles gracias a la Nacara y las indagaciones propias de los que nos mezclamos en estas ciudades como Miami, Los Ángeles o New York. Se describen platillos propios de nuestras culturas como baleadas y croquetas, y se enumeran las nacionalidades de personas provenientes de otros países : “…él es de Honduras…y aquél es de Guatemala y el otro es mexicano”. Luego se procede a la descripción de oficios y donde la baleada, un plato catracho, viene a ser una especialidad del lugar porque tiene que rendir tributo al nombre de Olancho, lugar de Honduras.

Ya visto el siglo XXI no me sorprende el cuento “Artemisa y George”, donde Rebeca nos sumerge en la historia de amor y matrimonio de una pareja gay en la que un transexual está oculto en el nudo del cuento pero que, ya visto el desenlace gracia a las palabras de George, se cierra nuevamente con una sorpresa. De esta manera se nos explica todo el ambiente de fiesta que abarca el café, los amigos y ese lugar bautizado por la autora como el sitio “donde soñar no cuesta nada.

Rebeca Ulloa (Guantánamo 1949). Narradora, periodista y guionista de radio y televisión, es promotora y productora cultural, crítica y ensayista. Técnica en informática y redactora. Ha obtenido numerosos lauros y reconocimientos por su obra literaria y radial. Su primer premio literario lo recibió a los 15 años de edad. Ha publicado varios libros con la coautoría del maestro Arístides Pumariega.

Antes de pasar a otro relato, citemos ese momento que nos descubre la identidad de Artemisa, quien celebró sus nupcias en medio de los asiduos de Olancho: “Si viviéramos en Suecia, en Washington o en New York… y al preguntarles si están dispuestos a estar juntos en las buenas y en las malas, llamarlos por sus verdaderos nombres: Alberto y George.”

Entre los cuentos que me llamaron más la atención se encuentra “La Baronesa del Olancho”: Quizá porque la historia en sí me parece más centrada en un personaje, como es también en el caso de “Eddy Fantasy”.  La aristócrata, o al menos la ilustre mujer, es presentada con frases nada grandilocuentes cuando se la caracteriza como alguien falto de afecto buscando que se le crea. Quizá ella simboliza a esos seres de la tercera edad que solitarios acuden a buscar la compañía que les falta y que se aproximan a un lugar como el café descrito “como suelen llegar los demás clientes, por pura casualidad”.

Tiene fuerza este personaje, y no solo sus diálogos sino otros detalles que la narración utiliza con facilidad para hacer fluir lo contado. No hay sorpresa en el final si tomamos en cuenta la edad de quien no acepta caballerosos ofrecimientos. Y digo esto porque todo el misterio de la baronesa se resuelve cuando nos confiesa que no acepta protección porque su mente ya cansada le jura a la Doña que su esposo, ya muerto, la espera en una esquina cada día.

El último de los cuentos actúa como una especie de resumen, como si todo el conjunto de relatos fuera una expresión parcelada de una novela de ambiente dividida en los capítulos que forman cada cuento o estampa. Lo cubano, más que todo, toma precedencia sobre otras nacionalidades. El exilio, si se puede llamar así a la mayoría de los emigrantes que han llegado de esa isla en los últimos años, pasa por lo anecdótico contado con fluidez y en ocasiones hasta con hilaridad.

Porque en ese café se reunirán los que salieron de Cuba “en balsa”, explicados con cierto humor cuando se enreda el asunto con la versión del individuo que dice haber vivido cinco años en Hungría y por supuesto la burla y la chanza criolla se vuelcan contra el hombre que fue enrumbado hacia Europa y que por fin arriba a Miami. Y luego aparecen los que llegaron en llantas de camión o en un crucero. La tragedia que ha dejado tantas víctimas no se explica con lágrimas, porque se comparan situaciones como la del mexicano que se queja del “ajuste cubano” y otros detalles.

Ese último momento se enriquece con la relación de escapadas y odiseas que pudieron empezar en Argentina u otras tantas vías que han utilizado muchos emigrantes, pero concentrada mayormente en los cubanos. Así parece que se ha llegado al testimonio que Rebeca, con buen nivel literario, comparte con nosotros.

En este último relato parece como si Olancho, el café, se convirtiera en un punto de convergencia que conduce a Miami. Leerlo puede ser una experiencia enriquecedora para cualquier persona interesada en conocer los avatares de sus connacionales y los de otros hermanos latinoamericanos que vienen a este país a encontrar lo que les fue negado en su patria de origen. Dicho todo esto desde el testimonio de una escritora cubana que, con gracia y estilo, se sumerge en el punto de la emigración y sus connotaciones más allá de la tragedia cubana.

Sobre el autor

Julio Benítez

Julio Benítez

Julio Benítez (Guantánamo, 1951) es profesor y escritor. Fue activista de los derechos humanos en Cuba. Ha publicado, entre otros libros, “En Glendale no hay ladrones”, “Las tres muertes de Gurrumina Robinsón”, “La reunión de los dioses” y “El rey mago”. Obtuvo el premio Regino Boti en 1990. Actualmente reside en Los Ángeles, California.

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