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Tortura y prisión política en Cuba

Tortura y prisión política en Cuba

Tortura y prisión política en Cuba
enero 26
03:39 2015

En Cuba, durante los días previos y posteriores a la invasión de Playa Girón, en abril de 1961, se inició la práctica, más de 10 años antes que en el Chile de Pinochet, de detener y confinar a decenas de miles de personas en estadios deportivos por sospechas y delaciones provenientes en su mayoría de los Comités de Defensa de la Revolución, órganos de vigilancia y represión recién creados en septiembre de 1960.

Conocí muchos años después a un hombre que estuvo detenido unos días en la Ciudad Deportiva o en el Teatro Blanquita (hoy Teatro Karl Marx), y que se aterró de tal manera con la experiencia vivida que en cuanto salió se hizo miembro de las Milicias Nacionales Revolucionarias, y siempre vestía desde entonces con el uniforme de miliciano o con alguna pieza del mismo, para hacer ostentación de su “integración en el proceso”.

Las viejas prisiones se abarrotaron, y comenzó la construcción de decenas de centros penitenciarios en todo el país con el trabajo de los propios reclusos. Las celdas ubicadas en los edificios circulares del antiguo Presidio Modelo (un panóptico o presidio ideal construido en los años 20´, situado en la Isla de Pinos o Isla de la Juventud), pensadas para acoger a dos internos como máximo, llegaron a albergar hasta ocho personas en condiciones infrahumanas. El Comandante William Gálvez, al frente entonces de aquella región militar, ordenó dinamitar las llamadas “Circulares” con la intención de volarlas con toda la población penal en su interior en caso de que dicha isla fuese atacada con el objeto de establecer una cabeza de playa. Yo vi los agujeros practicados a tales efectos durante una visita, antes de que comenzaran los trabajos de acondicionamiento del penal como museo, acompañado por uno de los militares que los hizo y que, por cierto, mostraba con orgullo.

Armando Navarro Vega durante la presentación del libro al que pertenece este texto. A su izquierda, el presentador y analista Eugenio Yañez. En el Festival VISTA de Miami.

Armando Navarro Vega durante la presentación del libro al que pertenece este texto. A su izquierda, el presentador y analista Eugenio Yañez. En el Festival VISTA de Miami.

El presidio político cubano ha sido particularmente cruel, despiadado y degradante. Las prisiones, y en particular las viejas prisiones coloniales, con sus pésimas condiciones higiénico sanitarias, con su eterna penumbra, su espesa humedad y escasa ventilación, fueron mudos testigos de los fusilamientos, de las muertes por maltrato físico, por huelgas de hambre o por enfermedades provocadas por las condiciones de reclusión y la ausencia de atención médica.

De la desnudez durante años de hombres (los llamados “plantados”) que se negaron a usar un uniforme que los identificaba como delincuentes comunes, que se negaron a ser “reeducados” mediante trabajos forzados y que estuvieron años sin recibir visitas ni correspondencia de sus familias.

De una alimentación insuficiente y deliberadamente incomible, causante de polineuritis y avitaminosis, de desajustes severos del metabolismo, de la función renal y del sistema cardiovascular; de las “requisas” efectuadas a bayoneta calada de madrugada, de las golpizas constantes con palos, tubos, cabillas o machetes, del elevado número de fracturas sin atender y de heridas sin suturar.

De las celdas de castigo, las temibles “gavetas”, las “tapiadas”, los “chinchorros”, las “jaulas” o las “bartolinas”, donde los presos son introducidos en una especie de nicho algo mayor que un ataúd, o hacinados en espacios reducidos incluso para una persona, o en aislamiento durante meses sin saber si es de día o de noche, sin ver a nadie.

En celdas donde los presos solo pueden permanecer de pie debido a sus dimensiones, lo que produce terribles dolores en las piernas y la rotura de vasos sanguíneos en tiempos de estancia sádicamente calculados para infligir el mayor daño físico y psicológico, o en celdas anegadas en agua, orina y heces hasta una altura de un metro.

Del empleo de psicofármacos y electrochoques como método para doblegar la voluntad y alterar la conciencia de los disidentes, produciendo en casos extremos muerte neuronal y daño cerebral irreversible, practicados en centros hospitalarios como la tristemente célebre Sala “Juan Pedro Carbó Serviá” del Hospital Psiquiátrico Nacional, en la avenida de Rancho Boyeros, en Ciudad de la Habana. Existen centenares de casos documentados y denunciados.

Mario Chanes de Armas, asaltante al Cuartel Moncada y expedicionario del yate Granma junto a Fidel Castro, sigue detentando después de su muerte, ocurrida en Miami el 24 de febrero de 2007, el triste privilegio de ser el preso político que más tiempo ha estado en prisión en el mundo, después de cumplir íntegramente una condena de 30 años (tres más que Nelson Mandela), acusado de urdir un supuesto atentado contra el dictador cubano que nunca tramó, realizó ni confesó, y que por tanto nunca pudo probarse.

A su salida exigió que se reabriera su causa con el objeto de demostrar su inocencia, algo que nunca se hizo por razones obvias. Muy pocos lo conocen dentro y fuera de Cuba. No obstante sí se declaró “culpable” de ser un opositor al totalitarismo, un revolucionario y un demócrata dentro y fuera de la prisión, un hombre que entregó toda su vida a sus ideales y principios. Miembro de honor de un presidio inclaudicable, que resistió sin ceder las más duras e inimaginables pruebas.

Probablemente nunca se llegue a saber con exactitud el número de detenidos y de presos que, por motivos políticos, han albergado las cárceles cubanas en medio siglo. En este sentido hay algunos datos muy reveladores. En el marco de las negociaciones migratorias iniciadas en 1965 entre Estados Unidos y Cuba (apenas seis años después del triunfo de la revolución), el gobierno cubano le propuso al norteamericano, a través de la embajada suiza y de su Misión en la ONU, un canje de 70,000 presos políticos por cubanos y latinoamericanos que cumplían condenas por desarrollar actividades subversivas en una decena de países de Latinoamérica.

El académico de origen cubano Juan Clark afirma que la cifra máxima de presos políticos simultáneamente en prisión alcanzó los 60,000 durante la década de los 60´.

http://www.amazon.com/Cuba-Socialismo-Exodos

Sobre el autor

Armando Navarro Vega

Armando Navarro Vega

Armando Navarro Vega (Cuba, 1955). Licenciado en Economía por la Universidad de la Habana, y profesor en dicha institución en los Departamentos de Estadística Económica, Planificación de la Economía Nacional y de Economía de Empresas entre 1981 y 1995, año en que se radicó en España. También colaboró en esa etapa como Investigador y Consultor en el Centro de Estudios de Técnicas de Dirección, y en el Centro de Estudios de la Economía Cubana. Desde 1996 ha trabajado como consultor y formador en empresas, organizaciones e instituciones públicas y privadas españolas. Su libro "Cuba, el socialismo y sus éxodos" puede adquirirse en Amazon.

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