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Travesti en los tiempos de Napoleón (II)

Travesti en los tiempos de Napoleón (II)

diciembre 04
23:29 2012

o ambas lesbianasHenriette Faver, alias el cirujano Henry Faver, arriba a Santiago de Cuba el 19 de enero de 1819 a bordo del velero La Helvecia. A sus 25 años era la primera médico en la historia de la isla.  Siempre en su papel masculino, de inmediato viaja a La Habana a intentar legalizar su situación para poder ejercer la profesión. En sus aventuras por la península había aprendido suficiente castellano, lo que facilitó el examen de sus conocimientos. Tuvo éxito y se le autorizó a ejercer, agregándole el cargo oficial de fiscal del Tribunal de Protomedicato en Baracoa, en el extremo oriental de Cuba.

Todo parecía ir de maravillas, pero era un espejismo de felicidad. En su fuero interno estaba harta de la soledad en que la encerraba su falsa personalidad. Deseaba tener compañía, quien la cuidase, guardase sus ganancias y le diera estatus respetable para el cargo oficial de la Corona que ejercía.  Eso la impulsó a la desventurada idea de casarse con otra mujer. Fijó sus ojos en una joven y pobre campesina enferma de tisis a la que trataba, Juana de León. Sin revelar su secreto, Henrriete le propuso un matrimonio sin interés sexual, mas con seguridad económica. Juana, que por entonces las pasaba negras de salud y economías,  aceptó el beneficioso trato.  Y el 11 de agosto de 1819 la boda se celebró con todas las de la ley y por la iglesia.

Mas pasó el tiempo, y sintiéndose mucho más repuesta, la joven esposa repudió el acuerdo inicial y reclamó insistentemente sus fueros maritales. De regreso de un viaje a la capital, la Faver  fue forzada a  esta situación hasta el punto en que reveló su verdadera identidad a la asombrada esposa y le propuso relaciones lésbicas.  Mas Juana, fervorosa católica, se escandalizó con la revelación hasta tal punto que Henriette optó por huir. Pocas semanas después reapareció por el agreste Tiguabos, en las montañas. Su carácter se había agriado y comenzó a frecuentar gente pendenciera y participar en escándalos.

El final del ropaje masculino

Denunciada por Juana en 1823, es detenida. Se revela su verdadera identidad y es despojada del cargo que ostentaba. Tras un largo y escandaloso proceso fue declarada oficialmente mujer, su matrimonio anulado y obligada a pagarle una indemnización a la agraviada exconsorte. La condenaron a diez años (que finalmente quedaron en cuatro) de confinamiento, como sirvienta del Hospital de Paula, en La Habana, “siendo conducida en traje propio de su sexo”, según reza en acta.

En el hospital de Paula tuvo muchas reyertas y fue capturada en un frustrado intento de fuga. Hartas de ella, las autoridades de la isla la embarcaron rumbo a Nueva Orleans, con destierro perpetuo de las colonias hispanas. Allí fue internada como monja y murió a los 62 años, aunque otras fuentes afirman que falleció en 1856, cumplidos los 66.  Nunca más ejerció de cirujano.

Una controvertida personalidad, se impuso con valor y audacia a los tabúes imperantes en la época. Muchos no podrían decir lo mismo en el presente.

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