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Trump renueva el karma nacional de Cuba

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Trump renueva el karma nacional de Cuba

Trump renueva el karma nacional de Cuba
noviembre 12
09:10 2016

 

De tan ocupado como estuvo, aplicando la ley del embudo en sus intercambios con Estados Unidos, pudo parecer que el régimen de La Habana dejaría de impulsar el deporte nacional de los cubanos, que ya no es la pelota, sino perder el tiempo. Pero era un falso amago. La prueba está en los ejercicios militares ordenados por Raúl Castro inmediatamente después de la victoria electoral de Donald Trump.

Ya se veía venir que estaban extrañando aquellas graciosas bufonadas en las que David desafiaba heroicamente al Goliat del Norte. Y en las que el pueblo, con sus invictos líderes al frente, perdía el tiempo preparándose para defender la soberanía nacional ante las agresiones del Imperio. La verdad es que se habían quedado sin argumentos. Pero en eso llegó Trump para recargarles las pilas. Y otra vez empieza por el principio el interminable juego de perder el tiempo.

Porque hacer que la gente pierda el tiempo no es sólo una vieja costumbre de la dictadura cubana, ni una simple muestra de su inutilidad gubernamental. Es, ante todo, una estrategia de dominio. Y es también un negocio redondo. No en balde nos adoctrinó desde niños sobre los más aberrantes modos de perder el tiempo.

Desde los ensangrentados y tediosos actos políticos que son impuestos cada mañana en las escuelas para impartir conciencia patriotera como la primera asignatura del día. Desde las concentraciones en la Plaza, donde la gente pierde el tiempo fingiendo que apoya a quienes desprecia y que abomina de aquello que admira y desea alcanzar. Desde las asambleas de reafirmación revolucionaria, donde se aplaude sin oír lo que dijeron. Hasta las convocatorias guerreristas de la Defensa Civil, que es otra manera de perder el tiempo jugando alegremente con escopetas de palo. Todo se renueva ahora para vigorizar la validez del más eficaz de los artificios creados por el régimen para hacer que la gente pierda el tiempo, y se acostumbre a perderlo, sabiendo de antemano que no obtiene nada a cambio pero que, total, no le queda otro remedio.

Y todavía hay quienes se preguntan, desde el extranjero, por qué los cubanos hemos soportado durante tantos años una dictadura tan represiva y empobrecedora.

La causa primigenia radica en ese nuevo deporte nacional, ¿o será un karma?, bajo cuyo peso no concebimos ya la vida sino como un sitio de muy breve tránsito donde nos han dejado caer Dios o el diablo sólo para que perdamos el tiempo.

Vistas así las cosas, y así son, conviene no hacernos ilusiones acerca de lo que allí pueda pasar próximamente. El drama de Cuba es un árbol que creció torcido. Y ni Trump ni el espíritu santo podría enderezarlo de hoy para mañana. Pues, hablando en plata, no depende únicamente del régimen. También de la gente, y de ese apagón del espíritu que les inhabilita para todo lo que no sea perder el tiempo.

Sobre el autor

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández (La Habana, 1954) es escritor y periodista. Durante la década de los años 80, trabajó para diversas publicaciones en La Habana, y como guionista de radio y televisión. A partir de 1992, se desvinculó completamente de los medios oficiales y renunció a toda actividad pública en Cuba. Premio de Narrativa 'Reinaldo Arenas' 2017, tiene 17 libros publicados. Actualmente reside en la ciudad de Miami.

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