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Trump y Cuba: ¿Periodo Especial dinástico o guerra civil?

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Trump y Cuba: ¿Periodo Especial dinástico o guerra civil?

Trump y Cuba: ¿Periodo Especial dinástico o guerra civil?
enero 14
03:05 2017

 

Vamos a abstraernos un poco. Supongamos, y puede suceder perfectamente, que tras el 20 de enero de 2017 la nueva administración estadounidense, con Donald Trump a la cabeza y una asesoría cubanoamericana cuyo ideario pasa por deshacerse del castrismo, apriete las tuercas de la política hacia Cuba. En este escenario se abre la pregunta: ¿Se afianzará una vez más el régimen totalitario o finalmente sucumbirá víctima de su incapacidad para adaptarse a las nuevas circunstancias?

Decía Ortega y Gasset que el hombre es el hombre y sus circunstancias. Y eso es el castrismo también: El castrismo y sus circunstancias. De cara a Cuba, algunos de los factores en confluencia de este nuevo ciclo político son los siguientes:

-Deterioro de la subvención venezolana

-Desaparición de Fidel Castro, principal elemento de cohesión jerárquica

-Desaparición inminente de su hermano, Raúl Castro, y de otros dirigentes históricos

-En Estados Unidos, el Partido Republicano retoma el poder de la mano del imprevisible Trump y promete mano dura contra el castrismo

-Desaparición de la política de ‘Pies secos, Pies mojados’

Primero, en tanto posibilidad, un nuevo Periodo Especial en la Isla, con los retoños de los Castro asumiendo el poder –no importa si formalmente o tras bambalinas–, Venezuela en caída libre y el exilio cubano al contraataque, no debe dejar de contemplarse. Entre varios relacionados, existe un poderoso elemento a favor de la continuidad dinástica en Cuba: La base social con que cuentan los familiares de Raúl, incluidos los ministros y generales del primer anillo de poder, existe y no puede ser soslayada. Y esa base social no solo está conformada por quienes aún cortejan sinceramente la retórica del socialismo real, actualmente una minoría exigua. Está mayormente conformada por sectores de la sociedad cubana anestesiados –desalmados– tras medio siglo de totalitarismo, y estos sí son mayoría. Desvirtuada la política por la política de Estado, el sistema se ha sacado un conejo de la manga: el hombre nuevo, descreído, que no actúa en términos individuales, que no cree en la política y que por tanto no aspira a transformarla.

En un sentido sociológico, el castrismo es el altavoz a través del cual se ha expresado lo más deficitario –paradójicamente elevado a la categoría de revolucionario– de la cuasi nación cubana. Y lo más deficitario ha venido acumulándose durante décadas hasta conformar un sedimento ascendente sobre el que la población emigra, desde el que el país “inventa”. Lo más deficitario apuesta por el victimismo, el relativismo vegetativo y/o el estado parasitario, al tiempo que desconoce el esfuerzo sistemático y la responsabilidad individual. Es –hay que volver una y otra vez sobre la evidencia– la principal base social, por lo conformista, con que cuenta el neocastrismo para alargar la actual dinastía.

En esta cuerda, consciente de esta circunstancia favorable, no le pasa por la cabeza a la dinastía cubana que el país pueda ser rentable, que la cuasi nación sea capaz de generar un sistema de producción abierto y competitivo, que le garantice alguna independencia económica, como la que han conseguido en el último medio siglo varias pequeñas naciones alrededor del mundo. Y no le pasa por la cabeza porque con la independencia económica sobrevendría la tan peligrosa, para los Castro, independencia política de la población en general.

Sin que pueda descartarse una explosión social directa por el estilo de la del Maleconazo, en el verano de 1994, en Cuba la ausencia de reformas económicas drásticas, que liberen y privaticen a fondo –y ya hemos visto que no las habrá en ninguna circunstancia bajo el castrismo–, puede traer consigo un crecimiento exponencial de la sociedad civil, en sus diversos grados de expresión contestataria, o una combinación de corrupción desbordada y desorientación represiva que vuelva insostenible el inmovilismo. Ante una situación de esta índole, con las manos de la apertura atadas a la espalda del fundamentalismo ideológico –fundamentalismo = miedo a perder todo lo robado, a tener que rendir cuentas y/o arriesgar el pellejo–, el ala dura del castrismo pudiera reaccionar agresivamente, generalizando la violencia por efecto dominó.

La violencia está en la naturaleza del régimen y forma parte de su filosofía. Solo hay que escuchar a Alejandro Castro Espín. Una guerra civil –con intervención estadounidense a la postre– también puede desatarse desde arriba.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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