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Trump y el Espíritu de la Época en palabras de Armando de Armas

Trump y el Espíritu de la Época en palabras de Armando de Armas

Armando de Armas visto por Delio Regueral

Trump y el Espíritu de la Época en palabras de Armando de Armas
enero 08
22:12 2017

 

Una de las referencias fundamentales de la segunda edición del libro Los naipes en el espejo –edición aumentada que Neo Club Ediciones puso en circulación en la primavera del pasado 2016, cuando la campaña presidencial se encontraba en pleno apogeo en Estados Unidos–, es por supuesto el presidente electo Donald Trump. Un fenómeno o producto del “tiempo bisagra”, como ha denominado el actual momento histórico Armando de Armas, ensayista agudo, singular, en el ámbito del pensamiento hispanoamericano contemporáneo. A propósito del libro y su visionario retrato del presente estadounidense, lo entrevistamos.

Armando de Armas (Santa Clara, 1958) es escritor y periodista. Ha publicado, entre otros libros, las colecciones de relatos Mala jugada (Miami, 1996) y Carga de la caballería (Miami, 2006), la novela La Tabla y el libro de ensayos Mitos del antiexilio, traducido al italiano por el sello Spirali. Su última novela publicada, Caballeros en el tiempo, fue editada por Atmósfera Literaria en Madrid.

Armando Añel: ¿Cómo definirías exactamente eso que llamas “el tiempo bisagra”? ¿Cómo se vertebra con ese otro concepto que sueles manejar, “el espíritu de la época”? ¿Se trata de dos maneras de nombrar un mismo fenómeno o hay una diferenciación?

Armando de Armas: Tiempo bisagra es un tiempo de cambio, un periodo en que coinciden y se amalgaman el viejo Espíritu epocal y el nuevo Espíritu que le sucederá. Por ejemplo, Margaret Thatcher, Ronald Reagan y la caída del Muro de Berlín y el sistema comunista europeo son manifestaciones del Espíritu del siglo XXI dentro del Espíritu del siglo XX. La sobrevivencia del comunismo en Cuba, Corea del Norte, China, Cambodia y Laos, así como sus metástasis en Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador son reminiscencias del anciano Espíritu dentro del que ya toca a las puertas. Creo que ese tiempo bisagra ya finaliza, que el nuevo Espíritu de la Época está acá para quedarse.

Los siglos no cambian cronológicamente. El siglo XX no empieza en 1901 sino en 1914 con la Primera Guerra Mundial, mutando el mapa de Europa y llevándose por delante el antiguo y agonizante régimen de las monarquías. El siglo XXI no empezó en 2001 sino en 2016 con la victoria de Donald Trump, estremeciendo el establecimiento de las élites mediáticas, intelectuales y financieras para en los próximos tiempos llevarse por delante al antiguo régimen social-demócrata-liberal-comunista.

El fenómeno Trump, unido al Brixit británico, al NO en Colombia a la componenda de paz en La Habana entre las FARC y el Gobierno de Santos y a la muerte del dictador Fidel Castro, son síntomas de que esa nueva época ya está acá.

 

Acontecimientos todos que serían síntomas de que esa época que vengo anunciado desde 2011 con la primera edición de Los naipes, y aun antes, desde 2008 en una entrevista que me hicieras con motivo de la publicación de mi novela La tabla, ya está con nosotros; sobre nosotros más bien.

El 2016, la contrarrevolución que hace eclosión este año, barrerá con los restos del infame Muro de Berlín, que empezó a caerse en 1989 y terminará de hacerlo en los próximo años. El régimen socialista de Cuba, obviamente el más emblemático de los restos del Muro de Berlín, no escapará a esa debacle. Alea Jacta Est!

El término Espíritu de la Época tiene su origen en el Zeitgeist, una expresión del idioma alemán y se refiere al clima intelectual y cultural de una era. El concepto de Zeitgeist es más conocido en relación con la filosofía de la historia de Hegel. Ahora, Zeitgeist puede verse como una traducción del latín genius, espíritu guardián, y saeculi, del siglo, es decir, genius saeculi.

Aseguraba Oswald Spengler que cada cultura superior es la realización y la forma de un alma única y determinada. Digamos que las formaciones religiosas, científicas, políticas, económicas, artísticas y literarias son la expresión de una cultura epocal, pero debemos ir a lo primordial, esa cultura, a su vez, es la expresión de un espíritu que determina sobre todo lo demás, no por gusto lo de genius o espíritu guardián. Por ello en el sincretismo afrocubano tenemos el espíritu guardián o, más popularmente, guía espiritual de cada persona. Cada cosa de la realidad está regida por un genius. Por ello los romanos, tan sabios y pragmáticos, contaban con un genius, espíritu o deidad para cada aspecto de la vida, desde la más simple cotidianidad a la más compleja cuestión estatal, nada escapaba a la supervisión divina, el cuerpo, la casa, la cama, las puertas, el parto, la guerra, el sexo, la muerte, la vida, los días de la semana, los meses del año, y acá, con las divinidades rigiendo los días de la semana y los meses del año, caemos nuevamente en lo que nos interesa, en las eras regidas por espíritus determinados, no sólo los siglos, sino los milenios, y dentro de los milenios, las tríadas de siglos, repito, no son medidas cronológicas, un siglo, una era puede durar más o menos, pues el contar escrupuloso del tiempo es asunto de los hombres no de los dioses que, como sabes, son inmortales. Piensa que de 1789, Revolución francesa, a 1989, caída del Muro de Berlín, se agrupan tres siglos que esencialmente se parecen mucho, que son en sí una continuidad espiritual marcada por el racionalismo, el cientificismo, la igualdad, la fraternidad, el humanismo y las democracias más o menos liberales; nada de eso nos hizo más libres o felices, te diría que al contrario, recuerda, por arribita, la masiva esclavitud de los negros acarreados como mercancía, hacinados y encadenados en el fondo de los barcos, del África a América (me dirás que en la antigüedad hubo también esclavitud, desde luego, pero la esclavitud del muy moderno y racional y capitalista siglo XIX es única en la historia, por lo masiva y lo mercantilista, al punto que muchas fortunas en este hemisferio tienen su origen en la nefanda trata negrera), el nazismo y el comunismo con sus carnicerías mecanizadas y sus campos de concentración, la degradación definitiva del arte y la literatura, Hiroshima y Nagasaki, el legislar sobre los deseos de la entrepierna, el que todas las culturas son iguales menos la occidental, que es la peor, el dar el mismo valor al tatuaje en la piel de un bosquimano que a la Capilla Sixtina, a Dios que a un caballo. Todo ello inicia de alguna manera en 1789, todo ello de alguna manera marca el inicio de su desaparición a partir de 1989. Con la caída del comunismo en Europa no asistimos al triunfo de las democracias liberales como habíamos creído, sino al comienzo de su fin. Creo que el fin ha llegado ahora, cada día más a partir de ahora, de este 2016.

Al Espíritu Epocal nada se le opone. Así, hemos visto que navegar a favor del Espíritu de la Época puede hacer de una nulidad, una lumbrera, y de un genio, una nulidad. Eso es especialmente cierto en el mundo intelectual, mira sino cuánto tarado hay al presente catapultado a los primeros planos de la prensa y el mundo editorial por repetir machonamente las mismas sonseras de siempre, que son, obviamente, las sonseras que exige ese implacable espíritu.

Armando Añel: Junto a la fragmentación nacionalista o regionalista, afirmas en el libro, avanza en nuestra época una “pulsión imperial. Es lo que apreciamos en la Rusia de Putin, en la China de Xi Jinping o, a su manera degradada, en la Cuba de Raúl y Fidel Castro”. ¿Crees que la buena química entre Vladimir Putin y Donald Trump responde a un espíritu imperial en el que ambos hombres se reconocen y, por tanto, una especie de repartición de zonas de influencia geopolítica es cuestión de tiempo? ¿Cómo quedaría Cuba en esta ecuación?

Armando de Armas: En puridad el espíritu imperial nunca ha muerto desde su primera manifestación en la historia. Lo que ha ocurrido es que, a tono con la hipocresía de la época que vamos dejando atrás, evitaba a toda costa ser reconocido como tal y se velaba bajo nombres rimbombantes como internacionalismo proletario, en el caso del imperio de los soviéticos, y promoción de los derechos humanos y el libre mercado, en el caso del imperio estadounidense. Totalmente de acuerdo en lo que dices, la buena química entre Putin y Trump respondería al nuevo Espíritu Epocal que ambos encarnan, a sus respectivas maneras, y por extensión al nuevo espíritu imperial. En cuanto a que una especie de repartición de zonas de influencia geopolítica sea cuestión de tiempo, la verdad es que eso siempre ha existido, pero lo que sí va ocurrir es un reajuste, una nueva repartición acorde con la nueva era que se inaugura. Una repartición que, por cierto, dejará a muchos absolutamente descolocados. ¿Cómo quedaría Cuba en esta ecuación? Bueno, no Cuba, pero la tiranía que le oprime podría estar entre los grandes descolocados, ergo, perdedores. Puedo estar errado, como tantas veces… Pero, en un nuevo reajuste del tablero internacional despojado de todo vestigio ideológico de internacionalismo proletario y guerra fría, expresión del viejo Espíritu Epocal, qué importancia podría tener Cuba para Rusia en comparación obviamente con sus intereses geoestratégicos en Europa oriental, en la lucha contra ISIS, en Siria, en Asia, en el Pacífico. Ojo con el Pacífico, allí Rusia y EE.UU. podrían hacer muy buenas migas contra China. Creo que el gran enemigo de EE.UU ya no es Rusia, sino China.

Armando de Armas y Armando Añel durante el V Festival Vista de Miami

Armando de Armas y Armando Añel durante el V Festival Vista de Miami

Mira, no hay ninguna explicación lógica para que Cuba haya permanecido fuera de la órbita de influencia de EE.UU., que este último a noventa millas de sus costas haya permitido, ¡porque sin dudas lo permitió!, un peligroso enemigo en tanto satélite de la URSS, ello va contra toda lógica geopolítica y alimentó por lo mismo innumerables teorías conspirativas. Obviamente ha habido una conspiración, pero no de los hombres como se cree, sino del Espíritu Epocal, ese contra el que nada pueden los más perfectos planes humanos, ¿no era una nulidad el felizmente desaparecido dictador Fidel Castro? Lo era. ¿No es una nulidad su hermano Raúl? Lo es. ¿Qué los catapultó a las cumbres del escenario internacional? ¡El Espíritu de la Época que se va! Luego, Trump puede perfectamente decir: ¡Eh, Sr. Putin, salga Ud. de mi patio trasero que tengo mejores cosas que ofrecerle en el escenario internacional!

Considera lo siguiente: “Estamos en una guerra mundial frente a una alianza enemiga que va desde Pyongyang, Corea del Norte, a La Habana, Cuba, y Caracas, Venezuela. En el camino, esa alianza recoge a los países musulmanes radicales como Irán y organizaciones tales como Al Qaeda, los talibanes y el Estado Islámico”, declaró en julio de 2016 a New York Post el general Michael Flynn, ex jefe de la Agencia de Inteligencia de Defensa de EE.UU, quien estuvo siendo considerado por Donald Trump como vicepresidente en su fórmula electoral. Al ganar las elecciones, terminó nombrándolo como asesor de Seguridad Nacional, encargado de hacer de enlace entre el mandatario y los departamentos relacionados con la política exterior, militar y antiterrorista de la primera potencia. Después Flynn habla de la necesidad de llevar a cabo una guerra cultural contra el islamismo y el comunismo y, acertadamente, lamenta que esto no se haya hecho con el régimen de los Castro.

En noviembre de 2014, Mary Anastasia O’Grady alerta en The Wall Street Journal acerca de las relaciones y conspiraciones entre Irán, Cuba y Venezuela, para introducir terroristas islamistas en EEUU camuflados como migrantes dotándoles de documentación falsa. En el artículo se afirma que Cuba ha proporcionado servicios de inteligencia a Venezuela y sus aliados regionales, principalmente Nicaragua, Bolivia y Ecuador, lo mismo que tecnología de la información para pasaportes, lo que ha permitido a estos países tramitar documentos a personas de Medio Oriente, otorgar documentos nuevos y mantener en secreto sus verdaderas identidades. Cuba ha utilizado esta capacidad para intercambiar información con países afines, incluidos Rusia e Irán. No me parece, pues, una mera casualidad el que Flynn haya sido nombrado asesor de Seguridad Nacional de la administración Trump.

Armando Añel: Dices en Los naipes en el espejo que Trump “parece más que nada un populista, más cercano al difunto mandatario venezolano Hugo Chávez que al típico político norteamericano, comparación que, para ser justos, pega también para el presidente Obama”. También hemos visto como Trump, al menos públicamente, da más crédito a personajes tradicionalmente antiamericanos como Julian Assange o el mismo Putin que a la comunidad de inteligencia estadounidense. ¿Cómo encaja todo esto con el carácter nacionalista, o nativista, del movimiento que llevó al poder al magnate?

Armando de Armas: Trataba de calibrar, aprehender al personaje. No lo tenía claro, tampoco ahora la verdad, pero debo decir que se me ha ido aclarando algo a medida que ha ido nombrando al equipo de transición y a su gabinete, también en la medida en que reitera promesas de campaña que parecían demagógicas y en las que, sin tomar aún posesión, va logrando resultados. Esta misma semana ha amenazado con imponer grandes aranceles a los fabricantes estadounidenses Ford y General Motors (GM), y al japonés Toyota, si siguen ensamblando sus vehículos fuera de EE.UU. “Las compañías no se marcharán de Estados Unidos sin ninguna consecuencia. ¡No volverá a pasar!”, dijo Trump ante empleados de la empresa Carrier en Indiana en diciembre pasado. Anunciaba así que había conseguido que esa compañía, fabricante de equipos de aire acondicionado que anunció que trasladaría su producción a México, se mantuviera en EE.UU. Hombre, me consta que han salido ahora unos inusitados defensores del libre mercado. Los mismos que no abrieron la boca cuando Obama subió los impuestos a los ricos, es decir, a las familias que ganen más de 250.000 dólares al año, algo que obviamente no afecta a los más ricos sino a la clase media dispuesta a progresar y generar empleos y, en general, a los más pobres. Los mismos que tampoco abrieron la boca cuando Obama salvo a los bancos y a los fabricantes de automóviles durante su primer mandato. Por Dios, seamos serios, ¿quién es acá el proteccionista, Obama o Trump? ¿Quién salva a los ricos, Obama o Trump? ¿Quién pide cuentas a los ricos, Obama o Trump?

Luego, quizá estuve errado en comparar a Chávez con Trump. Chávez, un declarado amigo de los pobres, entró pobretón a la presidencia y salió de ella con los pies para delante dejando a su familia y allegados forrados en petrodólares, mientras dejaba al pueblo venezolano literalmente en la más paupérrima miseria. Trump entrará multimillonario a la presidencia de EE.UU. y, aún antes de entrar, llama a capítulo a los ricos y aboga por los pobres que procuran progresar. Quizá también, viéndolo desde otro punto de vista, Trump sea en verdad el populista, si entendemos por populista no esquilmar al pueblo, sino darle oportunidades de progreso.

Vamos a ver, Julián Assange… Resulta que la misma gente que lo consideraba una especie de héroe homérico-postmoderno por hacer públicos excesos e ilegalidades durante la guerra de Afganistán e Irak, en tiempos de Bush, le considera ahora un villano de la peor especie por revelar la espesa excreta de la izquierda estadounidense encarnada en la maquinaria demócrata, en tiempos de Obama y la reciente campaña electoral de la oficialista Hillary Clinton.

El movimiento de Trump es obviamente nacionalista, pero, para usar una expresión de la física, digamos que por la ley de los vasos comunicantes conecta con una reacción occidental contra la imposición de un modelo social-demócrata-liberal comunista que aunque te aparezcan antiéticos para estar unidos en una misma formación, en el fondo no lo son, lo serían en cuanto a método pero no en cuanto a esencia; ello no es casual, es justo la criatura esperpéntica que parió el viejo Espíritu Epocal. Así que lo que Trump representa es, más que nada, un movimiento cultural dentro de Occidente, un movimiento que ha intuido algo que anuncio desde la primera edición de Los naipes… y es que o regresamos o desaparecemos en tanto Occidente tal y cual le hemos conocido por los últimos dos mil años al menos. He venido repitiendo que es un asunto de la cultura, de quién tiene el control de los medios culturales, y que la cultura no es más que una consecuencia de lo espiritual regente para un periodo dado.

Comentaba hace unos días en una entrevista para un medio italiano que el arte y la literatura tienen un origen y un sostén religiosos. Estrictamente no serían más que expresiones de alta magia operativa. La Ilíada y la Odisea son textos sacros, tanto como la Santa Biblia. Recuerda que la tragedia y la comedia griegas surgen como manifestaciones de culto en los misterios de la religión dionisiaca. El arte occidental le debe más al dios Dionisio que a mil de los mejores artistas mortales de todos los tiempos. Digamos que Dionisio ha de salir de los museos y la estatuaria para ser lo que en el pasado fue, un dios vivo, de agua viva, de vino vivo. No es que haya muerto, es que ha sido olvidado, y por ello los artistas se parecen cada vez más a vendedores de seguros y sus obras, más bien producciones en serie, no alcanzan a decir nada a nadie; no estremecen. Les falta el sarmiento, la raíz sacra que es un don de Dionisio. El regreso acontecerá, o el arte y la literatura, el pensamiento y la política, la sociedad y las estructuras de gobierno, desaparecerán, al menos tal cual han sido en Occidente hasta ahora.

Quizá el contrarrevolucionario Trump pueda detener en alguna medida la caída de Occidente. Es más, si no es capaz de hacerlo, sería un mamerto más, un mamerto mandatario más al uso, peor que Obama, mamerto donde los haya, puesto que creó unas expectativas enormes que se verán frustradas y entonces, ¡ay!, la hecatombe. En EE.UU. vivimos al presente bajo una dictadura, una dictadura cultural, lo que la hace, según el razonamiento que he seguido, una dictadura absoluta, dulce pero determinante, puesto que la cultura es todo; o de ella emana todo. En Cuba fusilaron a la prensa para imponer una dictadura comunista pero ahora en EE.UU., en Occidente en general, la prensa es la que fusila, mediáticamente, es verdad, pero fusila, sin sangre pero sin seso, para imponer la dictadura, no comunista sino gramsciana, desarrollada por la Escuela de Frankfurt, más peligrosa porque es más sutil, absolutamente aséptica, no hay cadáveres ni campos de concentración, no son necesarios, la gente obedece con el abdomen lleno y los orificios corporales ocupados y, de contra, cree que es libre, rebelde, progresista, buena e inteligente, que bajará el nivel de los mares y salvará al mundo. Digamos que estamos ante un panorama donde ha triunfado el sistema de la obra Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y no el de la obra 1984, de George Orwell. Un mundo feliz se corresponde con las sociedades desovadas en las democracias liberales del presente, con Obama, Hollande o Merkel. 1984 se corresponde con las dictaduras marxistas del pasado, con Stalin, Mao o Castro. Estos últimos son asesinos del cuerpo, en tanto los primeros son asesinos del alma; si es que fuese posible asesinar al alma. Obviamente, el gramscismo domina la sociedad estadounidense a un punto que la democracia deviene casi un chiste, ha penetrado la burocracia estatal, la CIA, el FBI, la Justicia. Recuerda que prácticamente hace unas semanas el director del FBI, James Comey, recomendaba no formular cargos criminales contra Hillary Clinton por su manejo de información clasificada en el escándalo por el uso de un servidor personal para su trabajo cuando era Secretaria de Estado. El día antes de esta declaración el marido de Hillary, el expresidente Bill Clinton, se reunía en un avión con la Procuradora General de Justicia Loretta Lynch, originando una oleada de críticas desde todos los espectros políticos y fuertes dudas sobre la independencia del Departamento de Justicia. Por no hablar del ya viejo dominio en los medios de comunicación, la enseñanza, la academia, la intelectualidad y la cultura en general. Luego, como en una republiqueta del tercer mundo, en medio de la campaña electoral, el FBI anunció que volvía a abrir la causa por los correos electrónicos de la candidata demócrata, según señaló Comey, para, mire usted, decir unas horas después que no habían encontrado nada malo en los mails de la multimillonaria de Nueva York. ¡Pero si es que piensan que somos idiotas!

En Los naipes… cito un estudio de los autores Robert Lichter, profesor de George Mason University; Stanley Rothman, profesor del Smith College; y Neil Nevitte, profesor de University of Toronto, publicado en el diario The Washington Post en marzo de 2005, el cual refleja que el 72 por ciento de los profesores de las universidades y colegios norteamericanos se declara de izquierdas y simpatizante de los demócratas, frente a un 15 por ciento que se declara de derechas y simpatizante de los republicanos. La diferencia es aún mayor entre los docentes de las escuelas más selectas, y por consiguiente entre los que más dinero ganan, donde el 87 por ciento dice ser de izquierdas frente a sólo un 13 por ciento que confiesa ser de derechas.

Coincidentemente, a raíz del triunfo de Trump, Roniel Aledo, ex analista de la CIA y oficial de operaciones del Pentágono, que reside en España desde diciembre del 2015, declaró al diario Navarra Confidencial que el “90% de la prensa escrita y de las noticias en televisión en EE.UU. (ABC, CNN, CBS, NBC, MSNBC, etc.) son o de centro izquierda o de izquierda. Son peones al fiel servicio del Marxismo Cultural. Son fieles vocales de la Escuela de Frankfurt o, lo que es lo mismo, enemigos a muerte de Trump. Todos estos medios recibieron la orden directa de destruir a Trump a toda costa y de defender a Hillary siempre y en todo momento”.

Contrario al marxismo, aseguramos nosotros, el gramscismo no tiene nada de obrerismo revolucionario, sino mucho de intelectualismo revolucionario. Justo lo que sucede al presente en el mundo occidental, empezando por EE.UU. Y si EE.UU. había encarnado la libertad durante dos siglos al menos, es probable que ahora, gracias al gramscismo, eso cada día sea menos cierto.

Obama y Hillary serían más un resultado del gramscismo que del marxismo, no así Sanders que, por su avanzada edad, sería más que nada un resultado marxista.

Mira, hemos arribado a un punto de la sociedad estadounidense equiparable a estar ante una mesa de póker en que los jugadores de derecha saben que se les está haciendo trampa y no obstante siguen el juego con una sonrisa sonsa y hacen como que no saben que se les trampea. Pero, créeme, llegará el momento en que se verán obligados a trancar el juego y virar la mesa al revés, eso o seguirán de eternos perdedores. Algunos aprecian en Trump la oportunidad de trancar el juego y virar la mesa al revés.

Armando Añel: Precisamente, fue declarando la muerte de la política tradicional que Fidel Castro accedió al poder en Cuba, y consolidó el totalitarismo allí. ¿Qué futuro espera a Estados Unidos si, como afirmas en el libro, los votantes de Trump, y al parecer Trump mismo, sienten que no hay salida mediante “las metodologías políticas tradicionales”? 

Armando de Armas: Creo que sería más apropiado decir que Castro accedió al poder mediante la violencia, paradójicamente no declarando la muerte del sistema político tradicional sino proclamando la vuelta al mismo, es decir, a la Constitución de 1940 que el golpe militar del general Fulgencio Batista había quebrantado en 1952. Por el contrario Trump viene, o eso esperan de él sus votantes, esos deplorables, a quebrantar el sistema de la democracia degradada en dictadura.

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Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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