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Trump y la estafa de la ONU

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Trump y la estafa de la ONU

Trump y la estafa de la ONU
enero 27
16:45 2017

 

Donald Trump ha comparado a la ONU con un “club para charlar y divertirse”. Y para desdibujar e incluso corromper el ámbito de derechos y libertades que un puñado de países civilizados ejemplifica aún en este mundo, cabría agregar. La nueva embajadora estadounidense ante el organismo, Nikki Haley, ha asegurado que tiene el encargo “de analizar a fondo el funcionamiento de la organización”. Ojalá su análisis desemboque pronto en la evidencia de que hay que expulsar a los violadores de los derechos humanos complotados en Naciones Unidas o abandonarlos a su miseria… en otra sede de otro país.

En los tiempos maximalistas que vive Estados Unidos, políticamente insurrectos, sería una decisión consecuente. Y una radicalización humanitaria, de las pocas que así pueden calificarse.

En su momento, hace ya un lustro, el desesperado llamado de la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, pidiendo que más países rompieran relaciones con el actual régimen sirio y tomaran acciones “efectivas” para proteger a ese pueblo en desbandada, sonó a chiste de patio de colegio. ¿Dictaduras rompiendo relaciones con dictaduras? ¿Regímenes de fuerza protegiendo los derechos de civiles masacrados por un régimen de fuerza?

La ONU al parecer trastorna. O tal vez Nueva York en lontananza, con tanto rascacielo a la vista. Nada mejor para describir la actual situación del organismo mundial que las palabras pronunciadas por el embajador de Estados Unidos allí, Kevin E. Moley, durante la administración de George W. Bush. Decía entonces el funcionario estadounidense que era imprescindible mejorar la composición de una entidad “cuyos integrantes deberían cumplir una serie de condiciones sobre respeto y defensa de derechos humanos a las que ahora no están obligados”.

La democratización de la ONU, su conversión en baluarte efectivo de la defensa de los derechos humanos, las libertades civiles y la seguridad internacional, debería pasar por la selección –por lo menos por una valorización diferenciada– de los gobiernos que la conforman. O por la salida del organismo de aquellos gobiernos que de verdad apuestan por los derechos humanos, las libertades civiles y la seguridad internacional, y su reinserción en una nueva organización. Resulta grotesco que regímenes despóticos, que ignoran la voluntad popular y/o ejercen el poder a la fuerza, se autoproclamen representantes de sus respectivas sociedades, en igualdad de condiciones —sus votos en la ONU cuentan tanto como los del resto— con respecto a quienes han sido legitimados en las urnas, en comicios plurales y transparentes.

Mientras esto no ocurra la comunidad internacional –la civilizada— seguirá atada de pies y manos frente al genocidio, la estafa y el chantaje, o reaccionará demasiado tarde ante ellos.

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Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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