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Trump y los cubanos de Miami: Pégame papi que me gustó

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Trump y los cubanos de Miami: Pégame papi que me gustó

Trump y los cubanos de Miami: Pégame papi que me gustó
octubre 20
19:46 2016

 

Alguna vez dijo o escribió el Che Guevara que cuando lo extraordinario se convierte en cotidiano, es señal de que estamos ante una revolución. Yo lo dudo. En todo caso, habría que ver a qué tipo de hecho extraordinario se refería.

Porque cuando se trata de la vida corriente de un país, convertir lo extraordinario en cotidiano también puede resultar muy reaccionario. Implica invalidar en forma indiscriminada ciertos adelantos que son propios de la civilización. Violenta la naturaleza, tanto de las personas como del entorno, y aun la de sus medios para el desarrollo. Por si fuera poco, exacerba la parálisis y empuja hacia una consecuente desorientación existencial, por el desmontaje de hábitos y tradiciones, así como de estructuras o incluso de instituciones que no cayeron del cielo, sino que son fruto de múltiples alumbramientos de la historia.

Trump sería un revolucionario, según aquel axioma del Che. Pues su propósito parece ser el desenrosque de algún tipo de revolución, reaccionaria, claro, toda vez que pretende llevarla a cabo en un país en el que –como decimos los cubanos- ya todo fue inventado. Para convertir lo extraordinario en cotidiano, Trump ha transformado la campaña presidencial de E.U. en un sketch de solar habanero. Hace de la ofensa personal y la grosería sus premisas políticas. Defiende un criterio y su contrario en cuestión de minutos sin retractarse de ninguno de los dos. Miente mientras acusa a todos de mentirosos con la más absoluta desfachatez. Goza exhibiendo su talante de hombre bruto, lleno de odio y de prejuicios y de resabios. Amenaza e instiga. No le apena mostrarse como un fanfarrón prepotente, intolerante, retrógrado en todo, que imprime a sus exabruptos un cierto aire de niño ñoño con perreta. Y no conforme con hacer gala pública de su catadura de maniático, egocéntrico y desquiciado mental (como todo verdadero líder revolucionario, dicho sea de paso), organiza guerrillas entre una recua de tarúpidos partidarios para lanzarlos contra las estructuras democráticas del país más democrático del mundo, mediante la arenga de que las elecciones son tramposas aún antes de que se hayan realizado.

Nada puede ser tomado por excesivo y caótico dentro de un comportamiento en que todo lo es. Y ahí precisamente es donde se torna reaccionaria la conducta del “revolucionario” Trump, cuya actitud remite al agresivo adagio guevarista.

No en balde más de uno entre los grandes pensadores contemporáneos nos advierte que la verdadera actitud revolucionaria, hoy por hoy, no consiste en revolverlo todo a tontas y locas, sino en conservar virtudes que permitan evitar, o postergar al menos, la extinción de la especie. Tampoco es que sea así porque lo dicen ellos, sino porque ha sido suficientemente acreditado por la experiencia.

La identidad humana –igual lo advierte un sesudo- es nuestra forma de ver y conocer el mundo, es lo que nos capacita para entendernos a nosotros mismos y para respetarnos y amarnos (o al menos soportarnos) unos a los otros. Si es así, y es así, no podría afirmarse que sea revolucionario, ni siquiera atendible el discurso de un sujeto que descalifica a ojos vista el respeto y la tolerancia entre las personas.

¿Cómo es posible que haya muchos cubanos en Miami que simpatizan con Trump? Lo que menos importa a fin de cuenta es si tendrán o no derecho al voto en las elecciones de noviembre. Ciertamente, lo que me desconcierta y me descuajaringa los ánimos es que luego de haber enfrentado tantos sacrificios y hasta peligros mortales con tal de escapar de un régimen dominado por reaccionarios que se disfrazan de revolucionarios, aún esta pobre gente no sepa detectarlos, tan vacíos por dentro y tan inauténticos y feos por fuera como aquellos santos de yeso barato que venden los merolicos en La Habana.

La razón que no tiene conciencia de sus propios límites es una débil razón, dijo Pascal. Y bien nos valdría tomar nota, aunque, por suerte en este caso, no podamos votar.

Sobre el autor

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández (La Habana, 1954) es escritor y periodista. Durante la década de los años 80, trabajó como periodista para diversas publicaciones en La Habana, y como guionista de radio y televisión. A partir de 1992, se desvinculó completamente de los medios oficiales y renunció a toda actividad pública en Cuba. Tiene 16 libros publicados. Actualmente reside en la ciudad de Miami.

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