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Tsunami en Libia

Tsunami en Libia

marzo 11
21:05 2011

1gadafi1¿Qué diferencia a un tsunami de un genocidio en términos de pérdidas de vidas humanas? Básicamente, sólo el hecho de que en el primer caso las muertes son provocadas por la naturaleza, y en el segundo, por el hombre.

Hay una diferencia adicional, sin embargo, a mi modo de ver más incisiva: un tsunami resulta virtualmente imparable. Un genocidio puede detenerse cuando existe real voluntad para ello.

“Genocidio”, la palabra, mete miedo. Es superlativa. Está asociada a  ejecuciones sangrientas, a pérdidas humanas cuantiosas y sistemáticas. En cualquier caso, la definición de la Real Academia de la Lengua Española no admite demasiadas interpretaciones: “Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivo de raza, de etnia, de religión, de política o de nacionalidad”.

Ahora todos se vuelven hacia Japón, supuestamente horrorizados tras el tsunami, dispuestos a ayudar inmediatamente, y es lógico. Lo ilógico, lo que en un mundo que se preciara de civilizado resultaría cuando menos sorprendente, es que Occidente haya permanecido durante semanas impasible mientras el régimen libio bombardeaba y reprimía salvajemente a su población civil, contándose los muertos por miles. Y que continúe tan tranquilo.

Ahora critican a Sarkozy por haberse adelantado a reconocer al Consejo Nacional de la oposición libia. Sarkozy, que no es precisamente una monja de la caridad, junto al primer ministro británico David Cameron, ha tenido al menos el gesto de echar una mano a las víctimas. Olvidemos al mensajero, su temperamento o sus verdaderas motivaciones, cualesquiera que fueran. Lo que importa es el mensaje. Lo que significa ese reconocimiento frente al exterminio en masa que impunemente tiene lugar en Libia.

“Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivos políticos”. Fue lo que desde el principio hizo Muammar Gaddafi contras los manifestantes pacíficos que pedían su dimisión. Pagándole a mercenarios extranjeros. Regalándoles 400 euros por cabeza a sus fieles en Trípoli (la televisión oficial, tan estúpida como el criminal que la paga, llegó incluso a transmitir el momento en que los bancos capitalinos entregaban a sus súbditos esa cantidad). Recurriendo a su flota y a su aviación para establecer a fuego limpio una política de tierra arrasada.

Y el tsunami –el genocidio— continúa. Las aguas revueltas siguen lavando sangre. Mientras, hipócritamente, nos compadecemos de Japón.

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