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Tu sonrisa, Gioconda

Tu sonrisa, Gioconda
Febrero 21
02:32 2017

 

También las ruinas perecieron.

Marco Anneo Lucano. Farsalia. Lib. IX V. 968.

Para Juanita    

 

Las nubes blancas, como pájaros de luz, lentamente discurrían. Sus alas dispuestas parecían quietas en el espacio, pero se movían. En el profundo estío de sus formas, cuando el viento las hacía estallar, iban desapareciendo con absoluto desdén.

El aire ligero empezaba a disiparse, todo el pasado estaba muerto, incluso la misma muerte… Como en las palabras del rey de Suecia (1913): Ich habe genug, Bruder, rette dich! (ya yo estoy perdido, hermano, sálvate tú).

Lo veo a través del alféizar de la ventana, su sueño viene de muy lejos, sus ondas sonarán como la quinta sinfonía en mi menor (Allegro con brío) de Ludwing van Beethoven, mientras el río arrastra lo muerto, lo incierto: su rumor es un discurrir del tiempo y de lo yerto que aproxima su cuerpo con el alba. Ya que la eternidad no es demasiado larga para caminar con ella.

El creciente filo de la luna deslizándose entre las nubes, la tarde desfalleciendo. El sol había desaparecido, el viento triunfante huía hacia donde corría el río de anémonas y la estera de violetas surgía precipitadamente. Almendros blancos despertaban el ondular de las aguas y las hierbas salvajes se dejaban llevar al compás de la brisa, adormecidas en su andar. Los guijarros brillaban en el fondo y los fulgores de la luz solar, en su silencioso hastío, reproducían la contemplación de las aguas, se disgregaban con premura al descender de la llanura. La mirada se pierde al unirse la inmensidad y el horizonte lejano.

Por eso hay que amar tu sonrisa, Gioconda…

II

La proclamación de los hechizos de los lobos, que en anteriores noches invadieron las calles de la ciudad, ha acentuado el agrietamiento de las edificaciones. Es quizá el anticipo del hundimiento de la muerte en los parajes del Caribe.

La lluvia empezó a disgregar su afán violador, hermosa dama con abanico y sombrilla para resguardarse del sol, de las precipitaciones tropicales. Es ver a la condesa de Merlin buscando mariscos en el mercado del Muelle de Luz, al aparecer los pescadores que zarpaban la noche anterior.

El voluminoso señor del “bigote de gato”, español radicado en La Habana, dueño del bar en los suburbios de la ciudad, mientras permanecíamos sentados en una de las butacas de la barra, apareció y reclinándose sobre el mostrador nos ofreció unos crujientes y aromáticos chicharrones de cerdo.

La sombrilla mortecina de la señora del abanico floreado: llevaba un vestido estampado de flores azules y blancas, parecía un jarrón sobre las baldosas cual tablero de ajedrez. Pero tú, Gioconda, surgías a través de las calles de mi ciudad perdida en su naufragio, en noches tibias abundantes de temblores y suspiros retenidos, con la ternura de tus ojos profundos y la caricia de tus manos formando una veladura eterna.

Sobre el autor

Tony Cuartas

Tony Cuartas

Tony Cuartas (La Habana, 1941), poeta y narrador, estudió y trabajó en Cuba como diseñador gráfico y escenográfico. Ha publicado los poemarios “Prolongación ancestral” (Letra de Molde Ediciones, 2009), “Los caballos” (Editorial Iduana, 2010), “Anábasis del instante” (Neo Club Ediciones, 2013), "Quince minutos a las plegarias del amor (Neo Club Ediciones, 2015) y la novela "El laurel" (Neo Club Ediciones, 2016). Escritor “influenciado en gran medida por su padre, que publicó poemas en la década del treinta en la revista Argos”, Cuartas tiene varios poemarios inéditos y dos novelas concluidas. Reside en San Diego, California.

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