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Turismo de temporada

Turismo de temporada

Turismo de temporada
noviembre 05
15:40 2014

Inauguramos turismo de temporada en cada temporada, el placer de visitar lugares. América: la histeria de la historia, viejos los cuentos de los que no llegaron a viejos, Dios y la religión de importación.

Incas, secretos ocultos en sus emplumadas cabezas, perdidos colgajos de alturas famosas, indiscutibles, espectaculares; dioses prohibidos, depuestos en golpes de Estado por otros importados a golpe de terror, fiebre y pólvora y mercados nuevos.

Europa; castillos, palacios, valles, batallas, lanzas, escudos triviales, artistas, bibliotecas, barbaridades, reyes, reinas, antiguos feudos; dios cristiano, apostólico y romano, original de Antioquia; iglesia vaticana, bautista, científica, adventista, protestante, anglicana; cosmovidente materialista poniendo precio idealista al diezmo, moneda de cambio a cambio de perdón por maldad; oro, plata y cualquier traviata con sus tres actos y su banca.

Asia; Budas tetones, barrigas infames de dietas –saludes– en tiempos de la acupuntura, proverbios ancestrales, sables, espadas, honores estériles, inmunes a intereses dolarizados. África; tambores, diamantes, esclavos musicales, desprecio, látigo mágico. Más aculla nació Sade, vivió Mas Cuales; plantó un árbol, amó, tuvo hijos y murió, después de tantos males, Fulano de Tales. Adoquines bien saben secretos guardar; soldados desconocidos con nombre y apellidos, lobos, aullidos, olfato catador de sangre –¡qué emoción!, estoy sentado donde se cagó el de los vitrales, el de los crucifijos opacos, huérfanos de bisagras en inválidos ventanales.

Las estatuas, inquietas, no quieren ya lucir sus tetas; las turistas, obras quirúrgicas, estetas, maniquíes móviles, verticales, equilibrio adúltero a caudales horizontales, lucen rellenas las nalgas, arriban cinturas a ciento ochenta grados y en espiral, bizcos los pezones y los escotes profusos, profundos adverbios sexuales, amores secretos, seudo-poetas.

Lo esencial de la historia en las piedras viejas de históricos lugares, ya nadie lo sabe, se guarda en secreto como adoquín celoso; es mejor que olviden, que ignoren, que vengan más anormales, que gasten, que paguen por emociones ideales, vacías a raudales.

Allá en Orlando, donde las plantas son floridas, brilla Miki con brillo de ratón, saluda Donald el pato, Goofy compite con sus visitantes; inconsciente, estúpida bobería; pierde, se frustra; los mil y un cuentos; los ciento y un dálmatas, brillando sus manchas para pacientes, clientes terminales, inútiles, legales, útiles baratos, ilegales, robots programados cual metales maleables, maleantes.

A, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, so, sobre, tras. ¡Ah!, ante todo, bajo presión, cabe con-jetura, contra conjunciones de consonantes, desde infusiones, en cocinas, entre cucarachas y ratones, hacia ilusiones, hasta polizontes para -y por- promesas no menores, según dicen sin dudas, so pesares sobre Biblia, tras historias inmersas en mar de reglas, inmersos en sudor a mares; allá donde nadie mira por dentro, ni tras la etiqueta ni bajo ella, sólo sobre el precio, florecen impares monopolios legales; viven del esclavo moderno del siglo XXI, contemporáneo de las revoluciones contemporáneas del siglo XXI, dictaduras democráticas confeccionadas en elecciones demócratas del siglo XXI, de identidades republicanas anti-monárquicas de los siglos XX y XXI. Idiotas hermanados por el odio. ¿Quién ha visto revolución de urnas? Las revoluciones son de las calles; son prohibidas, noctámbulas, sin postas ambidiestras en las ranuras traga votos, evitando cual vampiro la mañana, herramienta y horma del destino escrito de antemano. Inmigrantes, nativos ignorantes, mongoles de todas partes, cervezas no importadas y putas de portales son los únicos productos nacionales, producidos en los Esclavos Unidos de América, exportando mesa servida, reserva requerida, sólo para ciego suicida.

Compra cada temporada entrada al parque de la nada, rodando millas por millares. Inversión de doce horas de fantasmagóricas atracciones Disneybanales, diez de ellas en colas interminables y dos partidas en mitades desiguales de coca cola y pizza, hamburguesa, limonada helada, perros calientes, atragantados segundos de escenario, diseño sin igual, tecnología decorativa, impresionista, infuncional cual número áureo, binario de base irracional; igual los humanos, irracionales; más allá, lo real; más acá, la ilusión, sólo explosión en visiones ilusas, horóscopos astra-teatrales, extra-terrenales, en revistas, radio, televisiones plasmas para pasmar televidentes, celulares come cocos, consolas en mentes eternamente colegiales.

¿Dónde están los niños? Los del aire, el fuego y la tierra; los rasponazos, heridas de guerra, las bicicletas, las chivichanas, patines sin zapatos, cuatro esquinas, agua de las llaves, virus, bacterias sin miedos adolescentes del amor sin condones herméticos a vaginas y esfínteres anales. ¿Dónde hallar el miedo que despierta las defensas? Internas bárbaras, naturales; herpes bienales, catarros, dengue, fiebre de amantes diurnas, taciturnas, huecos telescopio, sinfines visuales, espejuelos de palo, anteojos inmorales, huracos pasillos, paredes parapeto y entreabiertos ventanales.

Turno para mañana –después de que te laves–; de pasatiempo, el insomnio; la madrugada denuncia el alba ante los rivales; por la mañana, el silencio cómplice, el jabón escaso, amarillo, de lavar, tus ajustadores y tus bloomers, tus labios genitales, antes de que los demás se perfumen, antes de que se levanten. En tu cama, escurrido, escuálido, pálido, por primera vez amé sin que lo supieras, te usé para amar a solas, uno más, sin cuenta que llevar ni autista que la cuente: la cuenta en la cuenca de tu entrepierna.

Ya sé cómo –partiendo en viaje de turismo histórico e insípido– terminé en tu jabón inodoro, aburrido, caro, sin sábanas ni bastidor ni aire acondicionado; envuelto en tu rostro difuso de esta madrugada confusa, calurosa, derretida tú en mi prosa, sin aplauso ni destino, sin color en mi navaja de bolsillo, sin valor en su filo mellado por el roce de tu olvido. Ya sé, noche de amnesia inolvidable, más bien memorable; mejor no saber, es combustión externa de latido de corazón, es el llamado de la selva, ese que hace que siempre vuelva.

Sobre el autor

Delio Regueral

Delio Regueral

Delio Regueral (La Habana, 1964), fotógrafo y promotor cultural, Premio Jovenaje en octubre de 2013, salió de Cuba hacia España en 1985, y luego se radicó en Estados Unidos (1994). Estudió en la academia española “Estudios Fotográficos de Técnicas de la Imagen” (EFTI). Ha participado en múltiples exposiciones colectivas, y en Miami han tenido lugar dos exposiciones personales de su obra. El Lowe Art Museum de UM University adquirió en el 2004 una de sus obras, Cundo Bermúdez Portrait, como colección permanente. Es célebre su serie de más de 150 fotos de personalidades como Bebo Valdés, Carlos Alberto Montaner o Mijail Gorvachov, entre otras.

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1 comentario

  1. Tony Cuartas
    Tony Cuartas noviembre 11, 01:22

    Bravo Delio.
    Gracias por tu opinion, sigue como asi.
    Chao.

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