El alza de los precios y la escasez acosan a las amas de casa cubanas, que deben hacer malabares para alimentar a sus familias, sobre todo a los más chicos.
“El año pasado la libra de malanga valía 2.60 pesos”, dijo a este periódico Rogelio Fernández, un trabajador por cuenta propia que sirve de intermediario entre los campesinos de las afueras de La Habana y un puesto de venta en el centro de la capital cubana. “En este 2011, sin embargo, la misma libra cuesta 4.00 pesos, casi el doble”.
“El yogurt de soya antes se entregaba por la libreta en días alternos”, reveló por su parte Josefina Aguilera, ama de casa divorciada que debe alimentar cuatro bocas en su destartalada vivienda de Luyanó. “Ahora lo dan tres veces a la semana y muchas veces ni viene. Y esto sólo para los niños mayores de siete años”.
“El picadillo de res, que en 2010 le entregaban a los niños mayores de siete años por la libreta, ahora también se lo quitaron”, añadió Aguilera, quien se quejó abiertamente de la ineficiencia del gobierno de Raúl Castro.
“Tanto que hablaron de eficiencia y hay más hambre que nunca en Cuba”, enfatizó.
Otro de los productos imprescindibles en la elaboración doméstica de alimentos, el aceite vegetal, también se encareció en 2011. En el año 2010 un litro costaba un promedio de 20.00 pesos en el mercado informal cubano y las tiendas en chavitos, mientras que en la actualidad su precio ronda los 25.00 pesos.
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