Ya el aparato de la Seguridad del Estado de Venezuela no se encarga de velar por la seguridad nacional, el Estado de Derecho y la democracia para garantía de todos los ciudadanos. En los años de socialismo del siglo XXI, como el cucarachón de Franz Kafka, sufre una metamorfosis y se convierte en un látigo para sojuzgar al pueblo, que es al final quien sufraga con el pago de los impuestos el salario de todos estos victimarios, el costo de los sofisticados aparaticos de los que se valen para someter, los abundantes recursos y prebendas que disfrutan y las armas que sostienen la política del terror y los castigos.
Como norma, estas fuerzas de inteligencia al servicio de dictadores basan su actuación en un esquema conocido: reprimen físicamente al 10 % de la población para infundir miedo en el 90 % restante. Ese fue el patrón utilizado por la Stasi, el KGB y la Securitate, y es el esquema que implementan los asesores directos de la policía política venezolana, sus consiglieris enviados desde La Habana.
Los hermanos venezolanos pueden irle diciendo adiós a los tiempos en que se respetaba la privacidad de sus conversaciones telefónicas o su correo postal, o en el que ostentar un buen trabajo o estudio profesional no dependía de la afiliación política. Chávez está al cerrar la talanquera del corralón donde pretende arrinconarlos a todos.
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