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Un balluqui innombrable

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Un balluqui innombrable

Un balluqui innombrable
septiembre 17
03:33 2016

 

Ahora que el reguetonero Osmani García “se queda” en Miami –ya casi nadie se queda en realidad, sino que obtiene una residencia y regresa–, y luego de sucesivos escándalos protagonizados por el músico en los últimos meses en Estados Unidos, actualizo este artículo mío de diciembre de 2011 que había perdido indexamiento con los cambios de plataforma en Neo Club Press. Ha corrido mucha agua bajo los puentes desde entonces, pero el último párrafo me parece divertidamente premonitorio:

Al cancerbero de la cultura cubana, Abel Prieto, no le hace ninguna gracia el “Chupi Chupi”. A los cuadrados y grises funcionarios del PCC y el periodismo cubano, no les gusta ni un poquito el “Chupi Chupi”. Ni siquiera al presidente del Instituto Cubano de la Música, Orlando Vistel, para quien el reguetón de Osmani García constituye un “horrible ejemplo” de chabacanería que se coló “por una fisura” del entramado radiofónico oficialista, el único que existe en Cuba.

Pero remember. Persiguieron como al Diablo al cristianismo y a la religión en general. Separaron a la familia cubana, a los padres de sus hijos y a los maridos de sus mujeres. Intervinieron los colegios católicos y privados. Fomentaron el matrimonio ligero, la interrupción del embarazo y una furiosa promiscuidad. La intimidad, el recato, comenzaron a verse sospechosamente antediluvianos en la Isla, donde cualquiera se casaba para hacerse con una caja de cervezas y se divorciaba al día siguiente, mientras fulanito entraba en la vida de menganito con la voluptuosa familiaridad de un reptil en un estanque. He sabido de mujeres cubanas con diez y doce abortos a cuestas. Yo mismo fui hijo de un padre de 16 años. Los adolescentes fueron enviados a escuelas en el campo donde permanecían 6 de los 7 días de la semana, tan lejos de sus mayores y tan a merced de desconocidos frecuentemente pederastas que floreció hasta el suicidio. Y ahora pretenden, cincuenta años después, que la sociedad cubana se comporte como un batallón de monjas en un convento de clausura.

Demasiado tarde. Hace rato que en Cuba, parafraseando la letra de García, se formó irreversiblemente el balluqui (cosa que, visto lo visto, uno prefiere ampliamente a la hipócrita uniformidad de la escolástica verdeolivo). Con lo que haber retirado el “Chupi-Chupi” de la nominación a los Premios Lucas de videoclips cubanos sólo ha contribuido a ridiculizar todavía más el conservadurismo castrista, tan surrealista en el ámbito de la actualidad insular como una jirafa en un gallinero.

“Dame un chupi-chupi, que yo lo disfruti/ abre la bocuti, trágatelo tuti/ Dame un chupi-chupi, dale ponte cuqui / y apaga la luqui, que se formó el balluqui”. Resulta tan penosamente infantil la reacción del oficialismo ante el estribillo, que uno incluso no se asombra cuando alguien te sugiere que los ataques al “Chupi Chupi” podrían formar parte de una suerte de operación publicitaria encubierta, destinada a hacerle “la gira fácil” a Osmani García en Miami y Estados Unidos. Cualquiera sabe. Parafraseando esta vez a Lezama, Cuba es un balluqui innombrable.

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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