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Un barbecue en la casa de Cliteria Fresnillo

Un barbecue en la casa de Cliteria Fresnillo

junio 04
02:06 2013

EDUARDO MESAAhora sí hemos perdido a Guasabito, lo que escuché de sus labios el otro día me confirmó que lo hemos perdido quizás para siempre. Yo sabía que Cliteria con su onda de maceíta irredenta lo iba a embaucar pero nunca imagine las proporciones del desastre. El número que metió Guasabito en medio del barbecue que ofrecieron en honor de Anturio El Afiebrado, un académico muy amigo de Cliteria, me dejó loco.

El barbecue marchaba a las mil maravillas, las costillas olían a una exquisita salsa que trajo el invitado y se asaban los deliciosos chorizos del Sedano junto a tiernos maíces, las botellas de Heineken se dejaban agarrar sin miedo en la nevera y charlábamos apaciblemente sobre el precio de los cárnicos cuando Guasabito, sin ton ni son, se puso a decir que él le sabía un mundo a la carne porque en Cuba había trabajado para la policía económica en un matadero. Yo, sobrio todavía, me reí con mesura y le dije: Guasa nos conocemos hace un montón de años y el único contacto que tú has tenido con la policía es cuando te ponían las esposas. Pero Guasabito ignoró el comentario, y Anturio y Cliteria también lo ignoraron.

Me callé la boca, porque no suelo andar entre académicos y ser un fuera e’ pico quizás es una onda que le cuadra a esa gente. Seguí ingiriendo Heineken a la par de crujientes frituras de malanga. Hasta ese punto no me puse bravo porque Guasabito a lo mejor se siente menos con su noveno grado y quería impresionar a Cliteria y Anturio. Pero la cosa no terminó ahí, el Guasa volvió a la carga con el tema de los “cinco héroes” que deben regresar a Cuba canjeados por el “espía” Alan Gross antes que sea “demasiado tarde”. Nadie aclaró  qué significaban en ese contexto las palabras “tarde” y “demasiado”. Anturio asentía en silencio, Cliteria callaba y yo miraba, atónito, a los tres personajes a través del color de la Heineken en la jarra helada.

Entonces, Anturio El Afiebrado rompió su silecio: “Lleva razón el  amigo Guasabito, por suerte queda gente como él en esta ciudad de Miami, infestada de plattistas. El presidente Raúl necesita pruebas de buena voluntad y estaría bien para empezar que liberaran a esos cinco cubanos cuyo único delito es defender los intereses de la nación”. Ahora era Guasabito el que asentía mientras Anturio hablaba:“Sí compatriotas, haremos caminar por el desfiladero de la humillación  a todos los plattistas, extremistas, derechistas, liberales, democristianos y socialistas que no firmen contra el Embargo y la libertad de Gerardito y los otros prisioneros”. “Vamos a joder a todos los que no hagan una crítica bondadosa al general Raúl” “ ¡Vamos a construir alianzas para que nunca gobierne la derecha!” “¡Porque no van a gobernar coño…!”  “! Y entiéndase por derecha a cualquiera que no se ponga ahora mismo a mi izquierda!”, apostilló con tono desafiante Anturio El Afiebrado, que estaba en trance.

De inmediato Guasabito y Cliteria se pusieron a la izquierda de Anturio, yo me puse entre el Guasa y Cliteria, porque pensé que Anturio se había vuelto loco y además quería ver como acababa aquello. Entonces Guasabito, enardecido por las palabras de Anturio, propuso exigirle a la Casa Blanca, como prueba de buena voluntad, un juego de ropa interior de la primera dama para la colección privada de Raúl (que según informes de Juan Juan Almeida es ambivalente sexual). Ahí mismo Cliteria, más enardecida aún, ofreció un juego de los suyos voluntariamente, pero Anturio la  miró de pies a cabeza, quedó dubitativo por unos instantes y le dijo que no, que no era necesario ese sacrificio, sin aclarar de quién sería el sacrificio.

Después de eso Anturio explicó el modo para lograr sus planes y el papel que jugarían Cliteria y Guasabito en la guerra contra los plattistas, extremistas, derechistas, socialistas, etc. Ya quedaban pocas chuletas porque se había pegado Yunisleidis la vecina de al lado con sus dos tías acabadas de llegar de la Isla y un primo segundo que entró por la frontera. Separé por si acaso dos chuletas y abrí otra Heineken. Yunisleidis también se ofreció para luchar contra los “fascistas” y Anturio le tuvo que explicar la diferencia entre plattistas y fascistas.  Quedó desconcertado porque Yunisleidis con cara de boba le dijo que bueno, que la disculpara, pero que si eso era así ella era plattista y sus tías también, entonces Anturio le dijo que no importaba porque ya le había echado el ojo a Yunisleidis.

Seguimos conformando el nuevo gobierno y ya estábamos distribuyendo cargos en las provincias cuando tocaron a la puerta. Una de las tías de Yunisleidis fue abrir y en la terraza apareció Papaíto el Sociólogo. Entonces escondí dos cervezas que quedaban detrás de una maceta y pinche tres chorizos, porque Papaíto tiene la habilidad de hablar y comer chorizos al mismo tiempo.

Me quedé un rato más, Papaíto y Anturio terminaron de repartir los cargos a nivel nacional. El primo le pidió  a Yunisleidis que le tirara un salve hasta su casa con el pretexto de que estaba mareado, y ella asintió risueña. Me despedí  de aquel nuevo gobierno y Anturio El Afiebrado me regaló un solemne abrazo. No había quedado definido qué cargo me darían y Anturio intentó una disculpa, lo interrumpí y le dije que no se preocupara, que llegado el momento si aún vivíamos yo me conformaría con cualquier cosa. Fue entonces cuando Anturio entornó los ojos  y vio de refilón que Yunisleidis tenía en la mano las llaves de su carro para llevar al primo,  comprendió en ese instante que la tarde moría con Papaíto el Sociólogo revisando la lista de los cargos, nos miró con resignación y dijo adiós con gesto magnánimo. Anturio El Afiebrado es un guerrero antiplattista y un guerrero en su lucha renuncia a muchas cosas.

Sobre el autor

Eduardo Mesa

Eduardo Mesa

Eduardo Mesa (La Habana, 1969), escritor y activista, fue fundador de la revista Espacios y coordinó las publicaciones Justicia y Paz, Órgano Oficial de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, y Aquí la Iglesia. En la Isla formó parte de los consejos de redacción de las revistas Palabra Nueva y Vivarium, y obtuvo los premios de poesía Ada Elba Pérez y Juan Francisco Manzano. En la actualidad colabora con las revistas Convivencia, Misceláneas de Cuba e Ideal, y edita el blog Cuba Plural. Su libro “El bronce vale” fue publicado por la Editorial Silueta. Reside en Miami.

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