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Un canto al Caribe: Isabel Quílez y Gloria Ramírez de Arellano

Un canto al Caribe: Isabel Quílez y Gloria Ramírez de Arellano

Mayo 06
21:45 2011

Gloria_Ramirez_de_Arrellano_2Si las palabras en las manos de un escritor pueden tener vida, si el cuento, el género narrativo más cercano a la poesía, es capaz de estremecer el alma, de ello dieron testimonio la semana pasada en Plaza Las Américas Isabel Quílez y Gloria Ramírez de Arellano.

Armada de Doce cuentos paralelos, su libro, y la capacidad seductora de su voz, Quílez cautivó a la audiencia que se dio cita al espacio que el Salón Literario Libroamérica ocupó en este centro comercial, el de mayor tamaño en Puerto Rico, para una serie de actividades culturales que sirvieron de preámbulo al Festival de La Palabra.

Quílez dejó sedientos de más palabras a quienes escucharon su lectura del cuento ‘Los Presidentes’, parte de la colección Doce cuentos paralelos.

Pero ese deseo de más se disipó cuando leyó ‘Volviste’, otro cuento de la antología, con el que regaló una conmovedora historia del amor que se fue y luego regresa con el corazón deshecho.  

“Estamos dando alma, vida y corazón a las letras y a las palabras”, expresó Quílez mientras dirigía una mirada cómplice a su compañera de la noche, la autora Gloria Ramírez de Arellano.

Con el cuento ‘La amamantadora’, parte de su colección La mirada en el espejo, Ramírez de Arellano narró, transformando las palabras en imágenes, la vida de esa mujer seductora que existe en cualquier pueblo y que deja tras de sí una estela de enamorados que incluyen al cartero, el zapatero, el dueño del colmado, el lechero; todos sedientos de su amor.

Con el cuento ‘Mi vida’, Ramírez de Arrellano hizo derroche de su creatividad y su facultad de sorprender. En la historia, narrada en primera persona, se le adjudican cualidades femeninas y humanas a eso que llamamos vida.  “Me encontré con mi vida hace poco. Era un viernes por la noche del mes de marzo. Estaba rodeada de gente, amigos de otros tiempos, cuando la vi”, dice la voz narradora al mismo inicio del cuento, que parece un poema escrito en prosa.

“Aquella belleza misteriosa que prometía ilusiones y esperanzas, ya no estaba. De su caminar altivo que anticipaba los laureles del futuro, no quedaba nada”, dice también la narradora de ‘Mi vida’. Y agrega: “Ahora era el mañana. Allí estaba, vestida con el saco de su penitencia. Púrpura eran sus recuerdos”.

Quílez, nacida en Cuba, acudió a su identidad de isleña para recordarle a la audiencia que islas como la de ella, y como ella, “siempre pueden reescribir su historia”. De su boca salieron historias de los pueblos, las calles y los cementerios que rodean las encrucijadas de su identidad de escritora que transita entre dos islas.

Pero Ramírez de Arellano no se quedó atrás. Con el cuento ‘El Sabio’ arrebató la inocencia del espectador ingenuo para recordar que “la sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada”. Así fue como la autora desveló la incapacidad humana para vivir en la cordura.

Finalmente, con ‘La mujer de las trenzas púbicas’, Quílez arrancó risas idóneas para terminar una velada que resultó un canto al Caribe.

Contacto:
Mario Santana
msantana.fppr2011@gmail.com
1(787)246-6205

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