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Un capítulo de Matrix

Un capítulo de Matrix

Un capítulo de Matrix
enero 11
22:20 2014

Un artículo de Nick Bostrom –profesor de Filosofía de la Universidad de Oxford– publicado en 2003 en la revista Philosophical Quarterly, llamó por primera vez la atención, de manera científica, sobre la posibilidad de que estemos en manos de alguna supercomputadora del futuro. Y, si observamos atentamente alrededor, habrá que reconocer que los indicios de que no somos más que el juego de alguien que juega, más o menos como en el cuento de Jorge Luis Borges, son prácticamente abrumadores.

Según Bostrom, “el supuesto de que un día nos convirtamos en poshumanos que pongan en marcha simulaciones sobre sus ancestros es falsa, a menos que estemos ya viviendo en una simulación”. Pero, a juicio del investigador Martin Savage, de la Universidad de Washington, se necesitan décadas de evolución tecnológica para responder con certeza los cuestionamientos de Bostrom.

Savage concibe el escenario de la simulación “en el contexto de científicos que, en el futuro, están explorando de dónde venimos a través de simulaciones de nuestro universo”.

Habría que averiguar si quienes nos juegan en ese futuro, o pasado imaginario –es un decir—, nos han programado a fin de poder programar las computadoras tan eficazmente como para averiguarlo. En cualquier caso, si esto no es Matrix se le parece mucho. Difícil explicar de otra manera que tras milenios de supuesta evolución sigamos a merced del absurdo encarnado en la infinita estupidez circundante.

El mono alfa

Toda lógica es absurda, pues vivimos en la prehistoria, tal vez en el ya referido capítulo de Matrix. Ningún sentido tiene quejarse de los crímenes contra la humanidad. Del hedor. La delincuencia. La envidia. El nacionalismo. De esas historias de curas pedófilos y mujeres cercenadas por fundamentalistas. Del hambre. La rigidez. El fanatismo. Las prohibiciones. Los comunistas y los embaucadores. Etcétera, etcétera, etcétera. Porque, además, los que se quejan en su inmensa mayoría conforman el problema. O dicho filosóficamente: “la etapa histórica”, la simulación a la que se refiere Bostrom.

Sólo cabe tomar distancia y observar con cierta elegancia y mucho sentido del humor. Escuchar (“no importa lo que se dice, sino lo que tú decides escuchar”, nos recuerda Atendimiento Mutuo, personaje de Erótica). Acaso tomar nota. El pelotón a la vanguardia corre hacia ninguna parte. Nadar a contracorriente no significa ahora mismo, objetivamente hablando, un “avance para la humanidad”. Humanidad sorda y ciega. Humanidad primitiva o simulada. Pero se impone nadar para vivir.

A menudo nos referimos, curiosamente en pasado, a “los hombres prehistóricos”, o a la “Edad de Piedra”, o a “la pintura rupestre”, o “los dinosaurios”. Formas preexistentes a las que pertenecemos por derecho propio. La prehistoria somos, también, nosotros. Estamos más cerca de un mamut que de un ser humano del futuro. De lo contrario no se explica la absurda dramática que a diario nos abraza, como una camisa de fuerza: El oleaje en contra de la balsa que zarpa.

Vivimos los crímenes de la prehistoria. Somos ellos. El pasado opresivo, elemental, que protagoniza el mono alfa. Mas no hay que perder la perspectiva: queda seguir nadando a contracorriente para jugar con nosotros mismos, para reírnos de nosotros mismos, en la preexistencia inobjetable. Aunque la Historia, desde un punto de vista evolutivo, o espiritual, sencillamente no haya empezado todavía. Sencillamente no sea Historia. Sencillamente sea simulación.

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Del libro inédito La conciencia lúdica. Apuntes sobre el arte de vivir

Sobre el autor

Armando Añel

Armando Añel

Armando Añel (La Habana, 1966). Ghost Writer, fue periodista independiente en Cuba. En 1999 recibió el Primer Premio de Ensayo de la fundación alemana Friedrich Naumann. Ha sido columnista de periódicos como Tiempos del Mundo, Libertad Digital y Diario las Américas, y editor de revistas como Perfiles, Encuentro de la Cultura Cubana, Islas y, actualmente, Herencia Cultural Cubana. Ha publicado las novelas "Apocalipsis: La resurrección" y "Erótica", la compilación de relatos "Cuentos de camino", los poemarios "Juegos de rol" y "La pausa que refresca" y las biografías "Instituto Edison: Escuela de vida" y "Jerónimo Esteve Abril, apuntes y testimonios", entre otros. Vive en Miami.

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