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Un coito cultural interrupto

Un coito cultural interrupto

Un coito cultural interrupto
Octubre 11
13:27 2011

¿Por qué no hablar de lengua trascendente con una extensa nómina de escritores talentosos? ¿Quién en sus cabales puede negar el virtuosismo de ciertos hombres de nuestra literatura? Yo no, por supuesto. Lo que sí niego es que nuestra literatura tenga una mensurable influencia en la literatura de otras lenguas, mientras la nuestra, en cambio, ha quedado preñada de cada moda literaria surgida en el extranjero.

Y esto es así desde hace muchos siglos. Porque los italianos -la fabulosa cultura italiana de los siglos XV y XVI- se apoderaron de la literatura española y no la dejaron hasta que Francia, en el XVIII, asumió la dirección de la Europa latina. Fueron los italianos Bembo y Petrarca los que le dieron forma a una buena parte de los textos españoles del Renacimiento, mientras que Garcilaso, Fray Luis o Teresa apenas trascendían el cotarro local.

No estoy comparando la calidad de unos y otros. Soy incapaz de saber si me aburre más el desventurado señor Garcilaso o el enamoradizo señor Petrarca. Lo que estoy diciendo es que aun en el momento de mayor fuerza política que ha conocido España, la Península inhalaba muchas más influencias de las que exhalaba. Cervantes, Lope, Calderón, indiscutibles genios creadores, mil veces traducidos, sin duda alguna apreciados, apenas fueron imitados, si exceptuamos la parcial influencia de la comedia española sobre el teatro de Moliere. Curiosamente no fueron literatos, en el sentido estricto de la palabra, los escritores españoles que mayor audiencia lograron fuera del terruño. Vives, Mariana, Suárez v Victoria, todos en la vecindad del pensamiento político, lograron burlar la impermeabilidad europea hacia lo español.

Desde el XVIII España quedó a merced de Francia. El neoclasicismo francés dictó el neoclasicismo español como luego el romanticismo francés produjo el romanticismo español. Desde entonces, España e Hispanoamérica quedaron fuertemente encadenadas a la escritura de literatos o corrientes literarias generados fuera de nuestra lengua. Una interminable sucesión de hombres y escuelas extrañas han regido nuestras letras: Boileau, Hugo, Heine, Zola, Baudelaire, Verlaine, Joyce, Faulkner, Valery, Proust, Sartre, Robbe-Grillet, hasta llegar a la reciente inseminación de Strauss, Glauksmann y los nuevos filósofos.

Pero también -se me dirá- nos leen en Francia, en Italia o Estados Unidos. ¿Nos leen? ¿Cómo nos leen? ¿Cómo leen, digamos, a Lezama? ¿Con la unción beata e ingenua con que nosotros nos intoxicamos con los insoportables bodrios de la nouveau-roman o de la beat generation? No. Nos leen con interés antropológico. A Lezama -que era un originalísimo gigante-, lo anuncian en París como el Proust caribeño. Lo mismo podemos aparecer en una historia literaria que en National Geographic. Puro folklore.

Nuestros escritores, cuando valen, son una curiosidad literaria del orden de los siameses chinos o de la oveja bicéfala, no un modelo a tener en cuenta. ¿Cómo leen a García Márquez? Apenas como el fabulador amable de un continente mágico. Nadie ha oído hablar nunca de garcíamarquistas fuera de nuestras fronteras, pero cuántos kafkas, rilkes o camuses criollos han embadurnado las prensas de estos pagos. Nuestros coitos culturales quedan siempre interruptos. Penetramos, pero no preñamos.

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Una primera versión de este artículo apareció en “De la literatura considerada como una forma de urticaria” (1980). http://www.elblogdemontaner.com/

Sobre el autor

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner

Carlos Alberto Montaner ( La Habana, 1943). Escritor y periodista. Ha publicado alrededor de treinta libros, varios traducidos al inglés, el portugués, el ruso y el italiano, entre ellos las novelas "La mujer del coronel", "Otra vez adiós" y "Tiempo de canallas". La revista Poder lo ha calificado como uno de los columnistas más importantes en lengua española, y en 2012 Foreign Policy lo eligió como uno de los 50 intelectuales más influyentes de Iberoamérica. Reside entre Madrid y Miami.

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