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Un grito de esperanza por Sonia Garro y Ramón Muñoz

Un grito de esperanza por Sonia Garro y Ramón Muñoz

Un grito de esperanza por Sonia Garro y Ramón Muñoz
octubre 09
14:23 2014

Un año antes de venir a las tinieblas, Sonia Garro y su esposo Ramón Muñoz ya estaban padeciendo las calamidades propias de las prisiones cubanas.

Desde doce meses antes, su hija clamaba por sus padres, y su despertar –en las madrugadas, al escuchar un fortuito susurro y pensarlos de vuelta– se hizo común, para que luego sus ojos se empañaran junto al abrazo de su tía, y asi volviera a conciliar el sueño. Trescientos sesenta y cinco días de constantes preguntas, desde el razonamiento de su adolescencia, sin que le pudieran explicar, darle una respuesta sensata para no tenerlos a su lado.

Los rostros de Sonia Garro y su esposo Ramón Muñoz, llenaron espacios en Facebook, y la presión social parecía ser interminable, porque sabíamos que el valor que demostraron nos hizo mejores personas, nos enseñaron a dar ese poquito que a veces, por miedo o por simple y natural reflejo de custodiar las vidas, nos convertía en egoístas, y no entregábamos todo el arrojo necesario; pero después de sus lecciones de valentía, el 18 de marzo del pasado año, algo nos cambió, una definición trastocó nuestras personalidades, y entonces ya no éramos los de siempre, una señal nos aumentó por dentro, y fue la sombra de esos dos grandes luchadores que, desde su ejemplo, nos dieron la mejor lección del cubano digno ante su tiempo y su país, la de renunciar a sus vidas, y entregarlas a una causa donde cada hijo de esta isla, debiera estar inmerso, y adhirieron sus espíritus y valores, a nuestras almas.

Sonia y Ramón, tienen una hija que criar, educar, consentir, besar, ahora se conforman con recordar cuando de pequeña la llevaban a la escuela tomándola de la manita tibia que se perdía entre las suyas. Ellos quieren compartir, al igual que casi la totalidad de los mortales, un matrimonio, una casa, sueños. No estuvieron resueltos a arriesgar sus vidas, la estabilidad emocional de la familia, por no tener otras misiones urgentes a las que brindarse, o diversas utopías. Sólo antepusieron a sí mismos, el deber de la Patria, aunque esto a muchos les resulte ridículo, arcaico, historias de libros que describen épocas pasadas.

Hace unos meses la escritora cubana Zoe Valdés, radicada en París, desde su estilo sagaz, a veces hiriente, pero siempre con inteligencia, llamaba la atención en su blog, y con razón, cómo las personas que se sacrificaron por nosotros, por intentar darnos un país del que no tengamos que huir, política o económicamente, y que por ello, hoy sufren por su osadía, se pierden entre la Coca Cola y la total trivialidad de los tiempos, hasta caer en el olvido, y mencionaba nombres que el polvo comenzaba a ocultar. Me llegó como un campanazo a nuestras conciencias. Unos días atrás, me conmovió una carta del escritor cubano Félix Luis Viera, residente en México, sobre la total indiferencia de los cubanos ante los acontecimientos de nuestra isla (y que tan bien supo explicar Don Jorge Mañach en su ensayo del Choteo Cubano), y la falta de solidaridad y carácter con aquellos que han hecho más, y que por ello sufren vejaciones del régimen totalitario.

Sonia y Ramón pronto cumplirán año y medio de injusto encarcelamiento.

Pido a los mejores cubanos que han nacido en este convulso archipiélago, que no callen sus voces para que el mundo conozca el atropello gubernamental, sin la más pequeña de las garantías judiciales, que ellos han padecido, y padecen.

Ruego a cada ciudadano que no ceje de clamar por la libertad de esta pareja, entre los tantos presos de conciencia, que padece el castigo de ser privados de su independencia, y se pregunten el clásico ¿hasta cuándo?, ¿cuál puede ser mi aporte para alcanzar un futuro decoroso y edificante en mi país?

Sin ustedes, los que están dispersos por el mundo, en el lugar más apartado, los de adentro nos quedamos mudos. Dios los puso allí para que fueran el eco, la acción del dolor de los que no pueden hacerlo desde el interior del país. Esa es su responsabilidad, su forma de actuar, y solicitamos su cooperación, desde una oración hasta el accionar de un dedo en su ordenador.

Insto a mis amigos artistas (¡qué cubano no lo es!), creadores, activistas de los Derechos Humanos, blogueros, periodistas, a que se unan a este humilde pero intenso llamado por una causa justa y noble. ¿Cómo se puede conciliar el sueño sabiéndolos allí? No duden de que mientras callemos somos cómplices de la dictadura. Y para esos que se esconden detrás de la palabra “apolítico”, sepan que el silencio también es una forma de practicar la política.

Modestamente, quiero dedicar a Sonia y Ramón, la novela que trabajo ahora sobre el siglo XIX, comienza a finales del año 1807, y en la que intento plasmar, en homenaje, el dolor que padecieron los negros, igual que ellos, bajo un régimen esclavista similar al nuestro en la actualidad.

Y si estas palabras no fueran suficientes para los cubanos internautas, me arrodillo ante cada uno de los que les habiten en sus pechos razones y sentimientos, para suplicarles su grito de esperanza por Sonia Garro y Ramón Muñoz.

http://blogloshijosquenadiequiso.wordpress.com/

Sobre el autor

Ángel Santiesteban

Ángel Santiesteban

Ángel Santiesteban (La Habana, 1966), escritor, bloguero y disidente, es autor de “Dichosos los que lloran” y “Los hijos que nadie quiso”, entre otros libros. Su obra ha sido acreedora de premios como el Casa de las Américas, el premio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y el Alejo Carpentier. Su novela “El verano en que Dios dormía” obtuvo el Premio Internacional Franz Kafka de Novelas de Gaveta, en 2013. Tras sufrir un juicio amañado y ser condenado a cinco años, se encuentra recluido en una prisión de La Habana.

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