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Un libro contra la normalización del silencio

Un libro contra la normalización del silencio

Un libro contra la normalización del silencio
octubre 19
23:21 2014

Decía Ortega y Gasset en La rebelión de las masas: “La obra de caridad más propia de nuestros tiempos: no publicar libros superfluos”. Precisamente, el texto central del libro Cuba, el problema y su solución es nuestra falta de respeto por lo que el otro piensa; el respeto a la diversidad. Opino que en esta ocasión no estamos ante un libro superfluo.

No comparto lo que decía Rousseau: “Odio los libros porque enseñan a hablar de lo que no se sabe”. Es triste para nuestro exilio eso que dicen todavía en África: “Cuando muere un viejo muere una biblioteca”.

Tienen estos ensayos la dificultad añadida de ocuparse de un ente vivo, de esa artificialidad paradójicamente viva que es Cuba. Y Cuba, como se trasluce en este texto, no es explicable como nación. Nadie ha logrado definir con certeza a ese país. No sé si existe la nación, ni lo cubano, ni el cubano. La historia de Cuba es demasiado cruel para seguir edulcorándola.

Nuestro escenario: plataforma para buscar El Dorado en América, nido de piratas y contrabandistas, esclavitud de un millón de africanos, una guerra de independencia cruel por ambas partes, ocupación norteamericana, una república creada por un país extranjero,

Un siglo XX que comenzó con la matanza de los negros orientales en 1912 y se extendió a la contratación cuasi esclavista de los braceros antillanos, culminando con la expulsión de Machado por la primera generación de ibéricos. La expulsión del negro de Palacio en 1959, por la esperada “esperanza blanca” con su élite blanco-criolla sobre una población de alto componente negro-mulato.

Texto leído durante la presentación del libro “Cuba, el problema y su solución”, en La Otra Esquina de las Palabras. Café Demetrio, Coral Gables (17-10-14)

Y mientras esta élite blanco-criolla castrista va acaparando las riquezas del país buscando consolidarse en una nueva clase, el productor, el marginado tiene color, como se diría en el siglo XIX, los parditos y los morenos. Una ecuación explosiva para el futuro.

La ley del revólver, golpes de Estado, tiburones dictatoriales, exilios, exilios y exilios, morir por la patria es vivir, socialismo o muerte. ¿Qué piensan? Una historia negra. ¿Nos reímos o nos entristecemos?

Cuba, el problema y su solución se propone replantear y plantear temas que nunca constituyen parte importante del debate político e intelectual de los nacidos en la Isla. Aborda toda la serie de tensiones y ambigüedades que conforman la complejidad de aquello que se pretende recuperar: la democracia. Pero Enrique Collazo, Ángel Velázquez Callejas y Armando Añel se insubordinan ante lo que nos enseñaron en las escuelitas.

Algo que no se ha analizado a fondo, y que en estos ensayos comienza a balbucearse. El enorme impacto que la España colonial ha provocado en nuestra psiquis. Es cierto que el catolicismo fue un fundamento del Estado imperial español, pero no fue el único. La contrarreforma no sólo significó un valladar dogmático del catolicismo, la contrarreforma española introdujo algo novedoso: la esclavitud en las Antillas. Mientras el resto de Europa asciende en la escala económica, España contempla una regresión, mezclando el feudalismo agrario con la esclavitud plantacional, ungidos por el dogma de la contrarreforma.

Nunca se dice de forma tajante que el imperio español era un imperio esclavista, algo que no reconocen los españoles. Un Estado esclavista a la romana, con el fundo encomendero (el circumcellion romano) y las plantaciones esclavistas, la producción agrícola romana con trabajo esclavo.

Por eso la originalidad es difícil de conseguir en el campo de la historia; por eso son necesarios los libros por los libros, donde todas las verdades se tocan, como lo hace Cuba, el problema y su solución.

Cuentan que cuando Fernando de los Ríos visitó la Rusia soviética, se empeñó en hablar con Lenin de la libertad. Le preguntó Lenin: “La libertad, ¿para qué?” La respuesta fue sencilla: “libertad por la libertad”.

Los autores han aceptado un desafío complejo que otros desecharon. Cuba ha sido una economía de postre: azúcar, ron, tabaco y café, la misma economía de postre que tuvimos en la República y con el castrismo. Una economía de postre que nos lleva automáticamente a la mesa de dominó y a la mulata rumbera.

Resalta en principio, si no el esfuerzo de síntesis, el resultado que han debido conseguir los autores, que nos traen retazos sorprendentes.

Facultades omnímodas, es decir totalitarismo colonial, masiva importación de esclavos, casi un millón, y como estabilizador más de medio millón de ibéricos en el siglo XIX y más de medio millón a principios del XX. Esto definirá  a Cuba; una increíble desestabilización demográfica; ¿cómo se puede hablar de inicios de la nacionalidad, como argumentan Añel y Callejas?

Como se define en estos ensayos, es cierto que la República continuó reproduciendo los hábitos de una sociedad tradicional. En el engranaje político: los mayorales Menocal, Machado, Batista, Fidel, herederos del Capitán General con sus facultades omnímodas.

En el ámbito social y económico, digamos más directamente, los hábitos de la sociedad esclavista. Ejemplo, todo el lenguaje que se utilizaría hasta hoy referente al negro es el mismo que se utilizaba en las granjerías por el mayoral.

Gracias a estos ensayos uno aprende lo que ya intuía.

Se ha hecho una costumbre de los historiadores de Cuba, de antes y de ahora, tratar temas políticos, económicos o sociales restringiéndose al ámbito nacional interno, sin tener en cuenta el contexto internacional.

Pero es aún más cuestionable pretender entender el proceso de la Independencia de Cuba sin considerar con suficiente detalle los contextos de la época.

No quiero llegar al extremo de afirmar, por ejemplo, que nuestra Independencia fue un simple producto del imperialismo del Norte. Sería absurdo manejar una visión tan limitada. Pero el libro alude a la ruptura con España mediante la violencia revolucionaria. De ahí nace el mito del independentismo de 1868 como producto del cuajar nacional… Cuando en realidad es resultado de la derrota del sur esclavista en 1865 y con ello el desvanecimiento de las aspiraciones por federarse al mismo para mantener la esclavitud.

No por gusto se oculta que los principales próceres de aquel alzamiento armado casi sin excepción y hasta sus muertes (Céspedes, Agramonte, Aguilera, Figueredo, Zambrana, etcétera) eran anexionistas declarados.

Armando Añel, que tiene un motor sin par cuando de libros se trata, introduce otro tema interesante planteado como vector del país, el de la violencia.

Que por cierto no se desata a partir del golpe de Estado de Batista en 1952. La violencia comienza el mismo día que se iza la bandera en 1902 con el asesinato de Villuendas. Luego las guerritas chambeloneras, y cobra bríos a partir de 1933 con los tira-tiros de Joven Cuba, etcétera.

Ahí, otro mito… la revolución del 1933 no es la revolución de los estudiantes… es la revolución de los sargentos… y el líder que surge no es Grau, Guiteras, Chibás o Prio… Es el sargento, luego auto-ascendido a general, Fulgencio Batista y Zaldívar.

Los ensayos abordan la tragedia que significó la violencia en la República, heredada y ampliada por el castrismo, conflicto en donde se ha jugado la opción de formarse una nacionalidad, con una violencia tal que no había ocurrido desde el momento en el que se empezó hablar el español en nuestro territorio.

Acertadamente se habla de la exportación de la violencia por parte del castrismo. Pero, ya en la República el criollo era dado al aventurerismo internacional. No sólo participando en la Revolución mejicana, con los republicanos españoles y con Sandino, incluso como legionarios en la Etiopía de Haile Selassie invadida por Mussolini.

Recordemos la expedición de Cayo Confite para derrocar a Trujillo, la Legión del Caribe organizada por Carlos Prio, la intervención de La Habana a favor de Figueres en Costa Rica y de Arévalo en Guatemala, etcétera.

Otra hipótesis en los ensayos es que falta una definición sobre el tipo de democracia que debe vestir la Isla; como aduce Añel: En vez de plantear en una constitución Cuba es un país de los cubanos (que quiere decir ibero puro), debe expresarse: Cuba es un país multi-cultural, multi-étnico, multi-racial, de multi-género.

Del libro se desprende, a lo Callejas, un país de “décadas perdidas”, de falsos opuestos, que puede ser caracterizado por aquello que pudo ser y no fue. Una independencia otorgada por Estados Unidos que supo generar expectativas, un momento donde la política condensó un cúmulo de promesas.

Mientras nuestros patricios se rasgaban la vestidura por la Enmienda Platt, nuestras mujeres aplaudían a los norteamericanos que las rescataban de las legislaciones feudales de la vieja España. Dos visiones diferentes.

Cuba el problema y su solucionLos autores se alejaron de lo conocido: asumieron un riesgo y tomaron un rumbo completamente distinto a la definición de una Cuba de aciertos, de momentos luminosos, de victorias, que oculta los errores, los períodos oscuros, las derrotas.

Pero además, ilegitiman a aquellos personajes, politicastros y advenedizos, que pretendieron y pretenden arrogarse el hablar por todos los isleños, de intra-muros o de extra-muros.

En estos ensayos hay un llamado de alerta donde los autores nos arengan ante nuevas amenazas que ya estarán en el escenario de la Isla: criminalidad organizada, delincuencia común, narcotráfico, corrupción, problemas sociales, discriminación racial, educación entregada a los políticos, intelectualidad indolente.

Las preocupantes contradicciones de nuestra historia y nación mitológica recorren la Isla y su exilio, de ahí que el libro arremeta contra la normalización del silencio, contra la normalización del olvido, apuntando que la confusión no es sólo histórica sino también de deshonesta personalidad.

Y, de acuerdo con los autores, por eso el proyecto de nación en Cuba ha sido un proyecto destructivo, un maquillaje para esconder sus grandes defectos.

Pero si queremos un futuro sin discriminación racial, sin discriminación de la mujer, sin bandolerismo político, sin violaciones humanas, sin el enaltecimiento de la violencia, sin profetas por elección propia,  sin auto-mentiras, no podemos actuar como si no existen o hubieran existido.

Este libro se levanta ante cualquier iniciativa destinada a “contextualizar”, “disculpar”, “disimular” o “interpretar” la cruda realidad de lo que ha sido y es Cuba.

El libro apunta que la Cuba de los discursos patrios es una mera idea o una opinión entre otras, donde nunca se afirmó la libertad, ni la igualdad, donde el Estado de Derecho se aplicó por cálculo político; de personas de diferentes  “razas” que nunca se pusieron de acuerdo, viviendo en un mismo territorio y pensando cosas distintas; donde nunca se han respetado los acuerdos cívicos, por lo cual la vida pacífica ha resultado imposible.

Ha sido un desfalco de la soberanía implantando un nacionalismo con deformaciones históricas que nos ha llevado a una involución de la civilización.

La presentación de esta colección de ensayos no es nada fácil, dado que no se trata de una tesis más de la historia de Cuba. Y digo libro de historia aunque no haya sido hecho como historia, porque se constituye en un aporte fundamental para comprender nuestro pasado y nuestro presente.

Digo que no es fácil porque nos interpela desde diferentes lugares y se hace difícil responder todas esas diversas interpelaciones. Personalmente me desafía como historiador, me interpela como un afectado por esa historia y, por supuesto, siento una enorme responsabilidad al reflexionar sobre los aportes de este libro.

¿No lo sentirán quienes lo lean?

Sobre todo, por las miradas que abre, por las investigaciones futuras que puede generar.

Collazo, Callejas y Añel reivindican la necesidad del valor de la libertad, del pluralismo, de la ley y de la igualdad dentro de una misma sociedad: ante una tradición isleña de nacionalismo que nunca ha logrado integrarnos racialmente, que se negó a encajarnos en El Caribe, que no logró componer una nacionalidad, que no trató de consensuar en lo político, que dio las espaldas a ajustarnos a ser una pequeña nación y olvidarnos del protagonismo y el ombliguismo, que no nos enseñó a diferenciar y comprender otras visiones y otros criterios.

Los tres arremeten contra ese nacionalismo patriotero que siempre invita a rendirse a la evidencia de que nada de esto importa. Porque el nacionalismo criollo ha establecido siempre lo imposible: el desguace de la nación y del Estado.

Una Isla donde ya es costumbre el marido aporreando a la mujer, la prostitución infantil, la desunión familiar, la desfachatez idiomática, el robo y el asesinato.

A medida que iba leyendo a Callejas se me aparecía una imagen que creo condensa esa experiencia, la de un interior geo-isleño que no ha sido todavía reconstruido historiográficamente; el espacio interior de un centro clandestino que siempre hemos vivido, un interior de ensimismamiento y soledad padecidas por los allí secuestrados de instancias que le han despojado de aprendizajes previos.

El libro muestra también cómo fue necesario vivir en democracia para hacer posible lo que muestra; como cada época hace posible también decir cosas distintas, como diferentes capas de una realidad que se va desenvolviendo.

Muchas gracias por el tiempo que me han brindado.

Sobre el autor

Juan F. Benemelis

Juan F. Benemelis

Juan Benemelis (Manzanillo, 1942). Diplomático, historiador y ensayista. Ha publicado más de una veintena de libros centrados en diversas temáticas, que van de lo científico a lo histórico. Entre ellos, "Las guerras secretas de Fidel Castro", "Castro: subversión y terrorismo en África", "Paradigmas y fronteras. Al caos con la lógica", "De lo finito a lo infinito", "El Corán y el Profeta", "Islam y terrorismo" y "La memoria y el olvido". Reside en las afueras de Miami.

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5 comentarios

  1. Manuel Gayol
    Manuel Gayol octubre 20, 01:59

    Sencillamente excelente. Ahora es necesario leerse los tres ensayos. Ardo en deseos. Gracias

  2. Collo
    Collo octubre 20, 12:25

    NO ES FERNANDO DE LOS RIOS, ES Ángel Fernández de los Ríos (Madrid, 27 de julio de 1821-París, 10 de junio de 1880) fue un periodista, político, editor, urbanista, escritor e historiador español de la Generación del 68.

  3. Juan Benemelis
    Juan Benemelis octubre 20, 15:05

    Existe Fernando de los Ríos Urrutia, que fue un malagueño, mason, dirigente del PSOE en Granada, que viajó en 1920 a Moscú, para analizar la entrada del PSOE a la Tercera Internacional. Luego de entrevistarse con Grigory Zinoviev y con Lenin, aconsejó lo contrario. Fernando fue delegado del PSOE en el Pacto de San Sebastian en 1930, por lo cual fue encarcelado. Fue luego Ministro de Justicia bajo el gobierno de Alcalá Zamora y de Manuel Azaña. Y, estuvo involucrado en el proceso constitucionalista de la República. Luego fue embajador en Francia hasta su exilio. Fue ministro de Estado en el gobierno del exilio de José Giral. Murió en New York. publicó varios libros, entre ellos Mi Viaje a Rusia Soviética, el cual recomiendo.
    Gracias

  4. Armando Añel
    Armando Añel octubre 20, 15:47

    Descomunal revisión del libro por parte del maestro Benemelis, que agradecemos en toda su importancia. Abre muchas aristas e incluso pone sobre el tapete visiones que solo enseñan la nariz en el libro. Porque este es un libro para crecer a partir de. Gracias también a Enrique y a Angel por su valentía y generosidad.

  5. Ferrán
    Ferrán octubre 21, 06:28

    ¡felicidades!

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