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Un loco no tan loco. Un cuerdo no tan cuerdo

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Un loco no tan loco. Un cuerdo no tan cuerdo

Marcelino Valdés (izq) durante una presentación

Un loco no tan loco. Un cuerdo no tan cuerdo
noviembre 10
17:52 2017

Más de una vez lo vi por televisión en mi juventud, en Cuba. Luego, en Miami, una tarde de diciembre de hace unos cuantos años, más de diez, en casa de Emilio Ichikawa, hablando de música y músicos cubanos, sin la filosofía por medio, Emilio me regaló un disco que hasta hoy día guardo y disfruto, con temas diría yo que antológicos, que resumen el excelente cantante que es Marcelino Valdés.

Finalmente tuve la suerte de conocerlo un lunes de no me acuerdo cuándo, una vez que Ana Gloria me llevó a su casa a una suerte de “tertulia de redención”, donde conversábamos, bebíamos y, por supuesto, la pasábamos bien entre los amigos que le acompañaban. Hoy puedo decir que es un buen amigo que aprecio, que admiro además como artista. Sin embargo, he de confesarlo, esta entrevista no ha sido fácil. Entre sus innumerables compromisos, y uno que otro imprevisto, creí que nunca iba a responder el cuestionario que hace más de dos meses le enviara. Y hoy por fin sale a las redes.

Claro, le agradezco su tiempo y sus respuestas, que dicho sea de paso son el pretexto para promocionar su próximo concierto en Alfaro’s, el 8 de diciembre próximo. Gracias Marcelino, para mí es un privilegio el que por fin respondieras este cuestionario.

Denis Fortún: ¿Quién es Marcelino Valdés?

Marcelino Valdés: Créeme, es la primera vez que respondo una pregunta como ésta, y te digo, no me resulta nada fácil hacerme un “autorretrato”, utilizando un término propio de las artes plásticas: ¿Quién es Marcelino Valdés? Yo diría que es un loco no tan loco, un cuerdo no tan cuerdo, un tipo que se muestra tal cual: escurridizo cuando siente que algo le asfixia y prefiere acompañarse de la soledad con la que, desde hace mucho tiempo, se ha reconciliado. Pero resulta que su soledad está cargada de música, de cuadros, fotos, de objetos que han ido protagonizando momentos de mi vida; cargada de proyectos, de inquietudes, de vivencias y de historias que, en algunos casos, son en blanco y negro, y Marcelino Valdés las pinta todas de los colores que quiere.

Y lo de escurridizo… Bueno, esa fue una definición sobre mi personalidad que un día me dio mi hermano el maestro Martín Rojas. No recuerdo por qué razón me dijo “eres escurridizo y evasivo”, y tiene razón. Cuando algo o alguien me sofocan, me aíslo. Otras de las definiciones más acertadas fue la de mi mejor amigo Gilberto Piñeiro Fernández, que moldeó en un poema dedicado a mí, y en uno de sus versos dice: “fiera de fuerza y candidez polluela”. Porque, en realidad, parezco un león pero soy un tipo noble. Tengo más de mejor que de peor, aunque, como todo ser humano, traigo conmigo a “mis demonios”, “mis laberintos”. Pero quiero decirte que, como Gilbe, mantengo otros amigos por más de 50 años, cosa que me encanta y alivia, lo cual quiere decir que soy soportable.

DF: Vienes de una familia ilustre en la historia de la música cubana. Cuéntame de tu niñez, rodeado de grandes artistas en la sala de tu casa, y cómo finalmente llega Marcelino a convertirse en cantante.

MV: Vamos a ver cómo te resumo esta respuesta, porque en realidad yo me crié con mi adorada Dulce Stable. Mi padre, Marcelino Valdés, vino a Estados Unidos siendo yo muy pequeño, tenía apenas 8 años; mucho antes, habían venido para acá mis tíos Vicentico y Alfredo. De Alfredo, te diré que se trata de la voz líder y fundador del Septeto Nacional de Ignacio Piñeiro. “Guanajo relleno”, “Pero que lengua”, entre otros temas de esa antológica agrupación cubana, se escucharon por primera vez en la voz de mi tío Alfredo Valdés. Más tarde mi tío Alfredo grabó un disco con todos esos temas a la edad de 82 años. Te lo puedo mostrar.

Te cuento que mi padre, Marcelino Valdés, con 18 años fue cantante del Segundo Septeto Nacional de Cuba. Ya, aquí en los Estados Unidos, perteneció a muchas agrupaciones, como la Orquesta Fajardo y la Orquesta de Tito Rodríguez, entre otras. Trabajo en el Palladium de New York, y en el prestigioso Cotton Club, con Dixxie Gillespie. Mi padre era muy talentoso: cantaba, tocaba bajo y percusión.

Por supuesto, yo frecuentaba la casa de mi abuela paterna Amparo, la matriarca de todos los Valdés, y allí quedaron mi tío Oscar Valdés, mis primos Lázaro (quien fue mi primer profesor de piano), y era la casa como un centro de reunión: Lazarito, Rolando, Bernardo, Oscarito… Ellos fueron tomando su camino en la música en diferentes agrupaciones, y a mí, Dulce Stable me repetía que estudiara una carrera. Fue así que estudié Licenciatura en Periodismo, en la Universidad de La Habana, y hasta llegué a ejercer esa profesión. Pero “lo que se hereda no se hurta”, la música corría por mis venas y un buen día me paré sobre un escenario y el primer sorprendido fui yo de la acogida que tuve. Nunca más he dejado de cantar, y de estudiar, por eso te dije anteriormente que “mi soledad se siente acompañada”, parafraseando a Pablo, pues cuando no estoy preparando canciones, escribiendo poemas, o “coloreando” historias, estoy estudiando. Ahora mismo me acabo de graduar de una Maestría en Ciencias en Nova Southeastern University.

DF: Tengo entendido que eres de los poquísimos cubanos que han cantado en el Apollo, un reconocido teatro ubicado en Harlem, New York, con sobrada historia en la música negra norteamericana. ¿Cómo llegas allí?

MV: Suzanne de Passe y mi sobrino Frank Mercado-Valdés eran los productores en esa temporada de Showtime at The Apollo, y me propusieron participar. Imagínate dónde se me pusieron los “talones” sabiendo que en ese escenario habían actuado Michael Jackson, Aretha Franklyn, Diana Ross, Stevie Wonder, Lionel Richie, Whitney Houston, Prince, Brian McKnight, The Temptations, Sam Harris… En fin, casi todos los cantantes y agrupaciones superestrellas de Estados Unidos. Ese día la presentadora era la famosa comediante Monique, ganadora de un Oscar a mejor actriz por su participación en la película “Precious”. Ya te puedes imaginar cuando me presentó: He is on the long line of famous cuban singer, from Miami Florida, by the way of Cuba, welcome Marcelino Valdés. De más está decirte que salí cagándome, pero ha sido la experiencia profesional más grande de mi vida. Fue un gran honor para mí pisar aquel escenario, trabajar con aquel staff, y que la orquesta que me acompañó el tema I believe I can fly estuviera dirigida por el maestro bajista Ricky Minor, director musical de Whitney Houston. Esa experiencia se va conmigo en mi memoria, en mi corazón.

DF: Sé que lo mismo eres “un animal político” y en tu “Buen día mundo”, en Facebook, a veces tus opiniones son fuertes y provocan polémica. En fin, dime de esa faceta.

MV: Esa faceta es el “bichito” del periodista que está dentro de mí. Desde que se fundó Facebook saludo mis mañanas así: “Buen día mundo”. De hecho, más de una persona me ha sugerido que haga una recopilación de los “Buen día mundo” y los agrupe en un libro, pues ahí escribo lo que se me ocurre: desde un cuento, una crónica, una anécdota, una reflexión, una crítica, un sueño. Quizás muchos no lo sepan, pero como periodista me “gané” mis primeros frijoles, y esa inquietud no desaparece, siempre está latente. Yo me mantengo muy informado, me gusta. Doy mis opiniones libremente, ahora que finalmente puedo ser libre, y cuando te hablo de libertad me refiero a que me siento libre desde mi interior, es decir, de ser como soy, de no tener dobleces, de expresar mis criterios utilizando mi “filosofía”, un poco sarcástica a veces, envuelta en el buen humor que me caracteriza. No soy un tipo con trastiendas, y en mí coinciden el periodista, el artista y el ser humano. Todo ser humano tiene opiniones, tiene criterios, y no es posible vivir de espaldas a la realidad, a ciegas con lo que ocurre en tu entorno. Eso de que los artistas no hablan de política, no lo entiendo. Toda la vida los artistas han tenido el compromiso de ser los voceros de la realidad que los rodea, y por tal motivo, muchos hasta se ha “inmolado”.

DF: ¿Cuándo sales de Cuba?

MV: Salí de Cuba en abril de 1994, en pleno apogeo del llamado “Período Especial”, de la fiebre por construir refugios, porque el imperialismo nos iba a atacar. En aquel entonces, hacía ya unos años que me dedicaba a cantar. Comencé en Guanabo Club, y de allí me rescataron Alberto Concepción, Raúl Pastora, Delia Díaz de Villegas, Rey Ruíz, Felo, entre otros, y me llevaron para el show de Los Dada, y tuve muy buena acogida. Viajamos mucho, pero, como te dije, en el 1994 me invitaron a venir a Miami y mi propia madre me dijo: “Mijo, las oportunidades las pintan calvas, quédate. Si no nos vemos más en esta vida, nos veremos en la otra, pero tú y yo siempre nos estaremos viendo”.

DF: Háblame del periodista que eres, y cómo hacías para ejercer en Cuba, en medio de tanta censura y politiquería dogmática, con la doble moral que todos padecimos alguna vez.

MV: En tu pregunta está mi respuesta. ¿Qué cómo hacía para ejercer el periodismo en medio de tanta politiquería? Pues con esa misma doble moral de la cual padecimos todos. Ahora muchos no quieren recordar qué había que hacer, y lo que había que hacer era eso y punto. Aquí en Miami me he tropezado con un sinnúmero de periodistas que fueron compañeros míos. Todos padecíamos del mismo mal. Recuerda el slogan “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada”, y aunque te estuvieras cagando en eso, había que actuar como si te lo creyeras. Muchos nos ilusionamos con la Revolución, después vino las desilusión, la hipocresía, la doble moral y la oportunidad de dejar todo eso atrás.

DF: Tu tía Isabelina, ¿no has pensado que sus historias bien pueden convertirse en un libro de crónicas humorísticas?

MV: Muchas de sus historias están en mis “Buen día mundo”. Ella es un ser increíble. Ella tiene una fuerza, unas ganas de vivir, una alegría, un sentido del humor envidiable. Nunca se queja por nada. A todo le encuentra una explicación positiva. Ella me recuerda mucho a mi madre Dulce Stable. Yo he pensado en la posibilidad de escribir algo. De hecho, hace poco publiqué en Facebook una serie de fotos que titulé “Las negras de mi corazón”, que me sugirió un título para un libro. Porque Dulce también era tremenda. Te hago una anécdota: Cuando vino de visita, yo le dije: “Mima, yo no te voy a decir que te quedes porque esa es una decisión muy personal. Lo único que te digo es que esto es diferente a Cuba. Las personas mayores no andan caminando por el vecindario, ni conversando en las bodegas y los mercados. Aquí es la televisión” todo el tiempo. Y parece que se metió tanto en la televisión que a los quince días de estar aquí le pregunté: “Mima que vas a hacer, te quedas o te vas? Y su respuesta fue: “Los que vienen a VALSAM no se van”. Así de original era, y así de original es Isabelina. Ya cumplió 91 años, y sufre de unos dolores en el hombro terribles, y para olvidar los dolores se pasa el día cantando. Se ha convertido en una DJ, pero no se queja, sólo canta, y canta, y canta…

DF: Dime de tu obra discográfica, dónde pueden comprarse tus discos…

MV: Me da un poco de risa y a la vez tristeza hablar de mi obra discográfica, porque a pesar de mi trayectoria artística te puedo decir que he grabado muy poco. Hice un disco con la disquera RMM, que dirigía Ralph Mercado, y que pudo haber llegado a algo si se hubiese promovido, comercializado. Cuando me firmaron con RMM me llené de ilusiones. Era una disquera muy importante a la cual pertenecían Celia Cruz, Marc Anthony, Tito Puentes, Tito Nieves, La India, José Alberto El Canario, entre otras estrellas. Imagínate, Ralph Mercado había visto el video de “Añorado encuentro”, dirigido por Ernesto Fundora, y al enterarse que yo había llegado a Miami me localizó y comenzaron las negociaciones para el contrato que finalmente firmé.

Volviendo al disco, te diré que está compuesto por 12 canciones que mi tío Vicente popularizó en su época, pero el talentoso Jorge Luis Sosa se encargó de dirigir la producción y de hacer unos fabulosos arreglos, y lograr así un maravilloso resultado, pero tuve tan mala suerte que finalizada la producción a Ralph Mercado lo demandaron y se declaró en bancarrota, la disquera desapareció y me quedé desamparado. Y te digo, que no sé de qué manera, y para mi sorpresa, vas a Amazon y el disco se está vendiendo digitalmente. Por supuesto que no he visto un centavo de esas ventas.

También he participado en proyectos colectivos como el Super Cuban All Stars, de la misma desaparecida disquera RMM, y en una producción infantil dirigida por Rita Rosa Ruesga, que fue nominada para los Latin Grammys en la categoría de música infantil. Ahí canto una canción.

DF: Además de cantante, ¿incursionas en otras manifestaciones del arte? ¿Teatro, por ejemplo?

MV: Bueno, soy un tipo muy atrevido y no le temo a los retos. He incursionado hasta en el cine. Estando de gira con el grupo Los Dada en Ixtapa, Zihuatanejo, se estaba rodando la película “Donde quedó la bolita” con el grupo Garibaldi, y participe de extra con algunos diálogos.

Después vino algo más serio en teatro, con mi participación en la obra “El Bola: Cuba’s King of song”, en el Gala Hispanic Theatre de Washington DC, dirigida por el director argentino Hugo Medrano. Un musical que abordaba la vida de Bola de Nieve, y yo encarné el personaje de Ignacio Villa. Trabajar con artistas experimentados como Anabel Castrello y Divine, entre otros, me enriquecieron profesionalmente. Puedo asegurar que fue una experiencia inolvidable.

Luego, aquí en Miami, volví al teatro con la obra “Conversación en tiempo de bolero”. Un monologo de la actriz Marcia Arencibia-Henderson, en el que yo tuve una participación especial.

DF: Proyectos inmediatos de Marcelino, y a largo plazo lo mismo

MV: Inmediato: mi concierto el día 8 de diciembre en Alfaros, donde me presento con mi “pequeña sinfónica”, como suelo llamarle a mi grupo compuesto por tres excelentes maestros: Enrique Gonzales Pérez, drums y director musical; Antulio Mora piano y teclados; y Michel El Gato Hernández en el bajo. A no muy largo plazo, la puesta en escena de otro proyecto sobre la vida de Bola de Nieve, escrito por Manuel Agüero y dirigida por Marcia Arencibia-Henderson; un video clip con una idea muy novedosa dirigido por el cineasta Orlando Jiménez, y algo que estamos preparando el genial pianista Tony Pérez y yo.

DF: Cuba, la reiterada pregunta: ¿Una herida que no cierra? ¿Volverías?

MV: Pues a esa reiterada pregunta daré la respuesta menos reiterada: estoy enfocado en mis proyectos.

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Sobre el autor

Denis Fortún

Denis Fortún

Denis Fortún (La Habana, 1963). Poeta y narrador. Artículos y crónicas de su autoría, con un toque humorístico sobre la cotidianeidad en Cuba y su exilio, aparecen con regularidad en bitácoras de otros autores, y en diversos ciberportales y revistas. Textos suyos han sido incluidos en antologías de narrativa y poesía en Cuba, México y Estados Unidos. En Miami, donde reside actualmente, edita el blog Fernandina de Jagua. Ha publicado el poemario “Zona desconocida”, “El libro de los Cocozapatos” (narrativa) y “Diles que no me devuelvan” (crónicas).

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