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Un loco sí puede (fragmento)

Un loco sí puede (fragmento)

Un loco sí puede (fragmento)
Junio 26
21:04 2017

 

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Así es, así ha sido, mi psiquiatrico plástico, como tanto le he repetido, esta vida de loco tan dura que he llevado me fue tirando cada vez más fuera de lo sentimental, es decir, me lanzó a ser un tipo cada día más hijoeputa. No lo niego. Pero alabado debo ser porque sé reconocerlo y asumirlo en público si fuera preciso. Bueno… lo que deseo que entienda: a nadie se le puede exigir que sea consciente de lo que es inconsciente de nacimiento, ¿me explico?…, luego le presto si quiere el libro de donde se puede colegir este dicho… por esta razón ustedes los comunistas cubanos de hoy día fracasan con tanto estrépito en ese acápite de la “crítica constructiva”: aspiran a que el criticado, el pobre, sea consciente de su inconsciencia, es decir, langostino, lo culpan de ser inconsciente de lo que no es consciente, ¡y lo imposible, amiguito!: que mejore su hacer según el modelo que ustedes intentan gestar, en vano, desde ahora se lo dictamino, de un ser cubano, hombre o mujer, perfecto, limpio, puro… ¡nada más y nada menos que de un ser cubano!, oiga, compañerito… la raza más escurridiza, esquiva y maleable que pueda existir. Y aún peor, gato blanco: la autocrítica… la autocrítica… la autocrítica integral como la que alguna vez le solicitaron a Leticia aquí mismo en este hospital… ja ja ja ja… ustedes provocan mucha risa… ¿Sabe usted de alguien que confiese todo su inventario del mal?, ¿creerían los jefes que Leticia Suárez del Villar Fernández Calienes, o cualquier otro de ustedes de este hospital o de donde fuere de esta tierra cubana…, que ella les contaría sus oscuridades, sus tripas?… ja ja ja ja, claro que no, mi hermano, eso no lo hace nadie…, mas ustedes pretenden hacer realidad ese jueguito de niños que les ha metido en la testa mi Comandante en Jefe Fidel Castro, ay, carajo, ¿quién ha visto que un hijoeputa se pare frente al mundo y diga: “yo soy un hijoeputa”? Qué va, hermanito, en este caso cada ser humano posee los argumentos para su defensa, muchísimos argumentos. Solo un loco o un medio loco, y de los sinceros, sabe, que no todos lo son, lo reconocerá. Como el que suscribe: yo soy un hijoeputa. Ya ve, me desdigo de lo que antes le expresé: no nací hijoeputa. Tanto parecía que no había heredado la indigencia humana de mis ancestros…: fui un ser sentimental, tierno, amador del orbe todo, quien, antes y después del botazo en el pecho que me diera mi padre, gustaba de ver el vuelo iluminado de los cocuyos, o esas estelas blanquecinas en las noches azuladas o el paritorio múltiple de ciertas flores lilas de la sabana. Pero esta recia vida de loco me fue convirtiendo en un hijoeputa. Yo soy un hijoeputa. Puede usted ponerlo en mi historia clínica. Y decírselo a todo el que no le pregunte. Soy un hijoeputa. Lo digo. Y lo sostengo.

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Y así como tal, doctorcito, como un hijoeputa calibre 45, como un objeto, cual un loco-máquina, ya le contaba, actué en el momento fatal de esa noche del último carnaval con disfraces de la isla de Cuba. Justo, justo: Leticia unos quince o veinte pasos a mi derecha, en ese callejón lateral de la Catedral, que usted me asegura conocer y ubicar perfectamente, estaría dándose un enganche letal con el disfrazado de elefante. El pobre elefante: se sentiría seguro de que iba a desfogar dentro de esa mujer disfrazada de Muerte, a quien tanto se había arrimado y conversado a ras de oreja allí en la acera del Parque mientras contemplábamos pasar las comparsas, creo que como doce y más de la mitad explayando congas exponentes de estribillos que dicen somos comunistas, palante y palante y al que no le guste que tome purgante, o, Fidel, seguro, a los yanquis dales duro, etcétera. Sin imaginar ese elefante que únicamente podría lanzar su leche encendida al vacío, al suelo del callejón. Hay que aprovechar, se escuchaba aquí y allá… que este es el último carnaval con disfraces. Leticia, de voz promedio, de voz promedio de mujer digo, no la fingía como, sabía yo desde mi niñez, lo hacía la total mayoría de los disfrazados en los carnavales, el elefante sí: simulaba una voz honda, carrasposa, quizás como de elefante real, mascaritas, veía yo pasar por allí en la calle que corta al callejón de la Catedral a tantos mascaritas disfrazados a quienes se los estaría comiendo esa vehemencia esa euforia esa angustia agónica de ser los últimos disfrazados en los carnavales de Cuba socialista puesto que el gobierno de mi Comandante en Jefe nuestro glorioso Partido Comunista de Cuba estaban clarísimos como siempre en cuanto a la batalla revolucionaria por la emancipación de nuestro pueblo de que el disfraz podía esconder a un enemigo de nuestra libertad de nuestro luminoso porvenir un agente de la CIA un enviado del imperialismo yanqui que llevase en su negra entraña una bomba que hiciese explotar en medio del vasto público pues esas personas inclementes enemigas mortales de la emancipación de los pueblos como ya habían demostrado en no pocas ocasiones de nuestra naciente revolución de los humildes y para los humildes estaban aptos y activos para sonar una bomba en medio de la multitud sin que les importase que se reventaran en sangre niños niñas mujeres viejos perros perritos y pájaros y volaran por los aires hechas trizas las muletas y dientes postizos de los viejos o la única pelotica de un niño o el único blúmer de una compañera la pieza musical más de moda era Pastilla de menta y allí la interpretaban en una tarima como a diez metros de mí en la calle que cortaba el callejón y oh vino a mi mente cuánto me gustaban las pastillas de menta ya desaparecidas debido al bloqueo imperialista gracias a Dios mi psiquiatrico que uno tiene en la memoria el recuerdo del sabor y yo de vez en cuando desde hacía tiempo traía el recuerdo de las pastillas y era casi o igual o un ochenta por ciento como si las estuviera realmente chupando ah la menta riquísima fenomenal solamente la gente cretina que no ha leído ni pasado en la vida la carencia capitalista y ahora la socialista que he pasado yo sufren con el recuerdo de un manjar perdido gente imbécil que buscan y sacan de su memoria olores y sabores para sufrir no para gozar disfrutar reproduciéndolo como sé hacer yo lechazo blanco el olor vivificante de la menta sí hombre efectivamente como ya le repetí esa noche de nuevo Leticia no se había lavado sus partes este tonto y onanista que le habla no pudo sacar ni una cubeta de la cisterna en la mañana porque el nivel del agua estaba muy bajo y tenía yo instrucciones de no hacerlo en el caso de que debiera inclinarme en exceso para llenar la cubeta y mire guayabito blanco que a veces quise violar esta orden de Leticia y dejarme caer hacia el fondo de la cisterna y terminar esta jodedera que es vivir y salir de esto de la jodedera del vivir le digo ya de una vez salir de esta trampa que es la vida como decían los poetas románticos y varias veces me había dicho la misma Leticia estar vivo es una frivolidad pero ella como tantos mortales promedio le cogió el gusto a esta trampa de la vida que en fin de cuentas te invita a singar follar jalar coger piravear cachar templar pisar es la libido lo dijeron y tenían razón aquel de Austria y aquel de Suiza la que te impulsa a sembrar una flor para en definitiva sembrar no más que un coito por venir el pétalo quemado en un acoplamiento por venir la libido psiquiatrico mediocrísimo que potencia lo mismo el pedal del acelerador de un camionero que la lupa de un filatelista que afina el ojo de un astrónomo quien indaga por la estrella inencontrada ¿comprendes mortal? sin lavarse el bollo eso es mi psiquiatra estrella estrella fugaz apagada mustia y perdida en el hastío de este cosmos antillano de croquetas revolucionarias de pasta de sebo Libreta de Racionamiento y discursos monologantes y congas revolucionarias no alcanzo yo tampoco me dijo ella cuando intentó con la cubeta y así salimos sin bañarnos ella sin siquiera lavarse la vulva quise decir el bollo el chumino la panocha el bizcocho la papaya la concha el coño el bollo lo más sagrado que posee una mujer y lo más sagrado que puede recibir un hombre de todo lo que pueda recibir en esta tierra como solía decir aquel canalla de las Chinches Perdidas Urbano Ronsard lo que demuestra que este era un hombre de ley alejado de esa onda machista que tanto daño nos ha hecho según sabemos y según encampaña mi Comandante en Jefe por todas sus emisoras de radio y televisión que son todas las que hay hoy en Cuba y todos sus periódicos que son todos los que hay hoy en Cuba…

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Si bien entonces ya tenía conciencia de que no estaba loco, puesto que pensaba en frío, como un hijoeputa, ya lo he dicho, un pragmático, un político, un comunista, no no, un comunista no, perdón, me lo reafirmé esa noche del último carnaval con disfraces de la isla de Cuba, cuando regresábamos al Parque Central, el elefante y Leticia, la Muerte, delante, y yo, disfrazado de loco, detrás de ellos…, y tuve un pálpito.

Ha quedado comprobado que los enfermos mentales, ni aun quienes lo están a medias, los leves, se hallan aptos para sentir un pálpito.

Algo, de pronto, me iluminó, o mejor dicho se iluminó frente a mí, cordones de lucecitas en la acera, sus bordes, en medio, en el empalme de la pared con la acera. “En unos minutos nos van a descojonar”, pensé, o no, no lo pensé por deducción, sino que este sentir se escribió en mi pensamiento; es decir, un pálpito.

De modo que cuando llegamos al Parque y el elefante fue directamente hacia cuatro tipos no disfrazados que estaban en el desemboque de la calle, y nos señaló, como si nos entregara a Leticia y a mí a estos cuatro, y de inmediato despareció, más bien grité: “¡Efectivamente…!, ¡nos jodimos!”.

Fragmento de la novela ‘Un loco sí puede’, de próxima aparición por la editorial Verbum.

Sobre el autor

Félix Luis Viera

Félix Luis Viera

Félix Luis Viera nació en Santa Clara en 1945. Ha publicado seis poemarios, tres libros de cuentos y cuatro novelas, más la noveleta “Inglaterra Hernández”. Su libro de cuentos “Las llamas en el cielo” es considerado por muchos un clásico del género en su país. En Cuba, recibió en dos ocasiones el Premio de la Crítica. Su novela “Un ciervo herido” —traducida al italiano en 2005— ha recibido una notable acogida de público y crítica. Su más reciente novela, “El corazón del rey”, incursiona en la década de 1960, cuando en Cuba se establecía la llamada revolución socialista. Su poemario “La patria es una naranja” fue merecedor en 2013, en Italia, de uno de los premios “Latina en Versos”. Comenzó su carrera literaria con el poemario “Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia”, Premio David de Poesía en 1976. Desde 1995 reside en la ciudad de México.

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