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Un nuevo hogar próspero, libre, justo, seguro

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Un nuevo hogar próspero, libre, justo, seguro

Un nuevo hogar próspero, libre, justo, seguro
febrero 21
19:07 2018

Cuba ha sufrido mucho, y con ella sus hijos. Un cáncer político la corroe. Agresivo y voraz, el tumor pareciera incurable. Pero un enorme grupo de cubanos dignos y valerosos actúa como anticuerpo.

A todos mi apoyo irrestricto. No distingo entre las disímiles propuestas. Todos son merecedores de honor. Pero no es hora de parches porosos. Los parches no curan el cáncer. Es hora de extirparlo, con la fe de todos, con el amor de todos, con el esfuerzo de todos.

Y por esa serventía, trazada con sabiduría y entereza, se encamina el plan “Todos por Cuba libre”. Más de 25 organizaciones del exilio, con fuerte lazos con la resistencia interior, se han unido para llevar adelante una estrategia que, a mi parecer, es la más eficaz. Nada de concesiones a la gerontocracia. Nada de negociaciones oxigenantes y conciliadoras. Nada de alianzas turbias. “Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que luz”, diría José Martí.

El plan “Todos por Cuba Libre”, busca que el pueblo cubano se junte en aras de un cambio real, que traiga consigo libertad, justicia, democracia, y, sobre todo, la salida definitiva de los Castro del poder. No deja espacio para la eternización de una estirpe que solo ha traído miseria y padecimiento al pueblo cubano. No legitima maquillajes de urgencia. No acepta otra transición que no sea hacia la libertad plena y el goce de la democracia.

Uno de los puntos cardinales del plan es privar a la dictadura castrista de los recursos económicos que se generan en Estados Unidos y coadyuvan a sostener el fracasado modelo económico que durante 59 años ha sumido al país en la pobreza.

Pero –y aquí sobresale el carácter humanitario, equilibrado, aunque radical del plan- no se propone prohibir a los cubanos que vayan a Cuba a auxiliar a sus familias, sino cortar los recursos que generan el turismo, que propician los negocios que hacen en Cuba empresas discriminadoras de los trabajadores de la isla, y, un tajo limpio que cercene la afluencia de artistas contratados para actuar en Estados Unidos y que, aun recibiendo “el vil metal capitalista”, defienden al régimen.

El plan pretende, además, involucrar a los militares pundonorosos y amantes de la patria, que no forman parten ni gozan de los privilegios de la cúpula castrense, y que no hayan participado en crímenes de lesa humanidad para que, junto al pueblo, sean protagonistas de la liberación y la reconstrucción de la nueva nación.

Es un plan coherente y abarcador. Pensado desde el amor patrio y la fraternidad humana. Diseñado para la entrega desinteresada y la tarea indispensable. Contundente contra la dictadura y cordial con el pueblo. Porque de eso se trata. Separar con trazos precisos al pueblo honrado, diligente y creativo, de la cúpula gobernante holgazana, aterrorizadora y corrupta.

Se apagó en Cuba el fuego fatuo que otrora aleló a la opinión pública internacional y sembró de violencias y atracos gran parte de América Latina. Sus supuestos héroes han devenido monstruos con el paso del tiempo. Enmudeció la voz mesiánica de una dictadura travestida de democracia. El fracaso actual del modelo cubano muestra la desnudez moral con que actuaron siempre sus líderes, traicionando la nobleza de un pueblo crédulo, al cual prometieron la prosperidad y hundieron en la miseria.

A cuántos sacrificios vanos más aspira la dictadura castrista. Tras el desastre de los planes ganaderos que llenaron de pangola y vaciaron de vacas los potreros, el pueblo le dio un voto de confianza; tras el fracaso de la zafra azucarera de los 10 millones que deforestó a Cuba y la inundó de cagüazo improductivo, el pueblo volvió a darle un voto de confianza; tras el derrumbe del bloque socialista que provocó hambruna y enfermedades, el pueblo soportó estoicamente pero empezó a perder la fe.

Fidel Castro prometió que la leche llegaría a los hogares por medio de un lacteducto, y el pobre loco con ínfulas de Dios, no cumplió. Raúl Castro, más modesto, como su segundo nombre, prometió solo un vaso de leche, y el pobre Raúl Modesto se esconderá tras un engañoso trono, sin cumplir. Mientras la gente tuvo que acostumbrarse a un magro desayuno con tisanas de yerbas aromáticas.

Ya no puede hablársele al pueblo cubano de sacrificios. Hoy por hoy nadie cree en ese sistema ni en sus promesas. Sus pilares se quebraron y sus patrocinadores enrumbaron hacia otros modelos económicos. No hay asideros para el viejo castrismo ni para sus herederos. En su desespero trafican armas en barcos mercantes, atacan diplomáticos con armas sónicas, se siguen aliando con tiranías atroces, boquean en busca de una bocanada de aire.

Están acorralados, trastabillan, jadean, pero aún son un peligro para la nación y para sus vecinos. No es momento de piedad con ellos, sobre todo porque nunca han sido piadosos. Las voces y los actos disidentes se diseminan a lo largo de la isla. Solo a punta de represión brutal se sostiene la dictadura. Y no es hora de permitirle al castrismo que vuelva a maniobrar ladinamente y se mantenga en el poder. Y a eso llama el plan “Todos por Cuba libre”.

Las 25 organizaciones unidas en el plan “Todos por Cuba libre” saben que no se convoca a un pueblo para darle una mano de pintura a la vetusta y derruida casa, sino para derribarla, y, desde cimientos sólido, levantar un nuevo hogar, próspero, libre, justo, seguro.

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Sobre el autor

Manuel Vázquez Portal

Manuel Vázquez Portal

Nació en Morón en 1951. Licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad de Santa Clara, ganador de los premios UNEAC 1984, La Edad de Oro 1985 y 1993, ha publicado los libros 'A mano abierta', 'Cantos iniciales', 'Un día de Pablo', 'Celda Número Cero' y 'Escrito sin permiso', entre otros. Es fundador de la prensa independiente cubana. En 2003 fue condenado a 18 años de prisión junto a 74 disidentes más y recibió una licencia extrapenal por razones de salud. En la cárcel recibió los Premios Internacionales de Libertad de Prensa que otorga el Comité de Protección al Periodista en 2003 y el de Human Right Watch en 2004. Actualmente vive en Miami.

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