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Una conversación a propósito de Apocalipsis: La resurrección

Una conversación a propósito de Apocalipsis: La resurrección

diciembre 19
17:19 2011

1-aaa_b_Photo—¿Qué estabas leyendo tan interesado? —El último libro de Añel: Apocalipsis: La resurrección. —¿Está bueno? —Sí, me gusta su prosa desenfadada, me divierte y me hace pensar. —¿De qué trata?

—Añel describe una  revolución buena (como es cubano y vive en Miami la llama “refundación”). Una utopía de mente y espíritu, algo así como apretar el botón reset en el ombligo y despertar libres del personaje que nos han impuesto la educación y la cultura. Sería muy lindo, todos inocentes y felices como niños. Si quieres una estampita: adultos con cara de bobos.

—¿Y eso te parece mal?

—No, lo que me parece es que Añel no se leyó El señor de las moscas.

—Explícate.

—Un niño es un animalito que nace con el personaje dentro, con el pecado original del egoísmo. Se diferencia del resto de la creación por su inteligencia, con la que durante milenios el hombre ha aprendido a domeñar o aplacar la bestia que lleva dentro para mejorar su vida individual y social. Lo ha hecho alimentando una voluminosa base de datos que contiene records como “discúlpate” y “lávate las manos cuando llegues de la calle”.

—¿Entonces “todo está de manera que no puede estar mejor”, como decía Cándido, el personaje de Voltaire?

―Al hombre le falta mucho para conquistar la armonía y la felicidad, pero al menos ya soltó la cabellera y el garrote cuando quiere sexo. Ahora le habla en un susurro a la mujer y le acaricia el lóbulo de la oreja derecha con la mano izquierda mientras ensaya algo más atrevido con la derecha. Un gran cambio que no salió del razonamiento, sino del cut and trial, la experimentación práctica, el equivocarse y rectificar. Pero, ¿desechar esa base de datos y comenzar de cero? Un Apocalipsis borraría todos los records. Ya pasé por uno y no me gustó. Coincido con Añel en que la información lo es todo. Pero prefiero perfeccionar cuidadosamente la información en esa base de datos, porque a veces los records más irracionales tienen perdida en los tiempos su razón de ser, su utilidad. Borras el record y se presenta el problema que resolvía.

—¡Ah, poder lograr la inocencia y felicidad de un niño!

—Los cachorros también crecen y dejan la inocencia y el juego, que estorban para buscarse la vida. El hombre, si no pierde la inocencia, no dura nada en su selva. La felicidad es otra cosa cuya definición siempre ha estado en discusión. En el decálogo implícito de esta obra Añel adopta algunos conceptos orientales de moda en Occidente: “Seamos dueños de nuestros deseos”, “búscate a ti mismo”, “la dicha ya está en ti”. Eso está muy bien y quizás contribuya a perfeccionar la base de datos.

—¿Crees que el egoísmo no desaparecerá?

—El egoísmo es consustancial al hombre y no desaparecerá (la genética no ha avanzado tanto) porque no está programado sino alambrado, y utilizo términos de la electrónica. El truco es aprender a vivir con él. El segundo intento exitoso para lograrlo fue la revolución norteamericana, que puso en la ley una regla clave que toma en cuenta el egoísmo del hombre: el respeto para con el débil.

—¿Y el primer intento?

—El cristianismo, que eleva a categoría mayor otra característica, ésta sí exclusiva del hombre, por suerte también alambrada: la compasión, de naturaleza opuesta al egoísmo. A veces, leyendo Apocalipsis: La resurrección me pareció que Añel solamente trata de reeditar el cristianismo. A propósito, la revolución norteamericana del siglo XVIII estuvo inspirada en él.

—Supongo que el libro tenga algo más que el background filosófico que has enjuiciado.

—Sí, por supuesto, es literatura y de la buena, lo recomiendo.

—¿Qué imagen te impresionó como para que dure el resto de tu vida?

—Esta: “El ángel que, elevándose en el aire, planea ante los ojos de Daniela, su sexo abierto sobre el rostro de la homicida”. Me alborozó la imagen de una hermosa diosa a unos dos metros sobre mi cabeza, con falda ancha y sin blumer. Menos mal que esta vez Dios cambió de sexo. Gracias a Idabell. Estoy seguro que pronto veremos un libro parecido donde Dios será hermafrodita. Pero ese no lo escribirá mi amigo Armando Añel.

http://alexlib.com/

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