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Una mirada a ‘Leyenda de un trompetista’

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Una mirada a ‘Leyenda de un trompetista’

Una mirada a ‘Leyenda de un trompetista’
julio 29
03:52 2016

 

Leyenda de un trompetista (Palibrio) del poeta, narrador, crítico y profesor Julio Benítez, recoge cuentos de épocas diferentes, tanto por su ubicación como por los temas que abordan y por el momento en que fueron escritos. Unos tienen como referencia al exilio, con la vida luego de abandonar el país de origen. Otros se desarrollan en Cuba. La mayoría son inéditos y uno que otro ya ha sido publicado con anterioridad. Todos dignos de figurar entre los mejores relatos aparecidos en los últimos tiempos.

Al leer este libro, nos queda la grata sensación de la buena literatura, de acercarnos a diversas temáticas vigentes, muy digamos del día a día. El exilio, visto desde diferentes ángulos y prismas controversiales. No es tan bueno como algunos imaginan, pero tampoco tan malo. Problemas, dificultades, adversidades que los personajes de estos cuentos enfrentan. Unos salen vencedores y otros no tanto, o ni siquiera se define si quedan en un bando o en otro. Pero eso sí, nos lleva su lectura a reflexionar que no todo es blanco y negro. Cada cuento tiene su propia lógica y recrea la realidad según los intereses del autor.

Y es que Benítez no se queda en la simple historia, en lo que se quiere contar, en lo puramente anecdótico, sino que acude a símbolos, motivaciones, diálogos, a la descripción y la elipsis (ocultando información directa y haciendo más efectivo lo que no se dice que lo que se dice) para reinventarse estructuras narrativas y renovar tonos más contemporáneos, de mayor soltura y acordes con los temas abordados, como en ‘El festín de los olores’: “Mi novia se ha convertido en la manzana de la discordia. Mi madre me reclama que la casa se infecta cada vez que nos visita y ayer, como dicen algunos, putié a mi padre y mandé al quinto infierno a mi hermano menor. ¿Qué tiene que ver el sicote con la bondad y el amor de una mujer?”.

Al ir transitando por el libro, encontramos diferentes puntos de vista del narrador. Lo interesante es que el estilo mantiene la unidad, a pesar de que los relatos cambian sustancialmente sus temas y problemáticas. Si el libro abre con un cuento del exilio, con antecedente directo en Cuba, pero con una mirada mucho más madura, con una estructura que va dando vueltas al punto álgido de la historia y que nos mantiene en vilo todo el tiempo, va a cerrar con otro ubicado en la Isla y con el tema de la homofobia y la intransigencia por parte de quien tiene el poder, que decide quien trabaja o, sencillamente, es suspendido de sus labores profesionales.

Domingo 31 de julio. 6:00 p.m. Presentación de ‘Leyenda de un trompetista’. Presentado por Oscar Montoto. En el Miami Hispanic Cultural Arts Center (111 SW 5ta Avenue) como parte del Festival VISTA.

A ratos, el narrador es como un interlocutor que habla con otra persona o con el lector. “Aquella tarde, cuando mi hermano y tú me llevaron a conocer al trompetista…”, y así sigue, insistiendo en esa persona a la que está contando, al extremo que por un momento nos llegamos a sentir como si fuéramos una tercera persona, presente en la charla.”Ya sé que tú no le creíste mucho y para ti era un joto inventando historias”. Y le saca provecho a esta forma coloquial, que en algún momento se convierte en una especie de descarga hacia su interlocutor, subiendo de tono y casi de regaño, para defender su cultura, la que asume este narrador personaje, la cubana. En esa especie de diálogo que mantiene el narrador, a la vez un personaje de importancia en la trama con el otro personaje que nunca responde, es solo el individuo a quien se le está contando, se inserta muy bien el léxico popular en el entretejido lenguaje literario: “Oye mexicano, no jodas más. No soy chovinista ni un carajo. El tipo me recuerda los buenos tiempos de mi Cuba. Por favor, no me vengas que mejor es una buena ranchera ni un tango ni una cumbia, ya sé que se bailan también y cada instrumento te roba el tiempo y el corazón. Pero lo del trompetista es diferente. Suena como si llorara con esos ritmos que parecen efugios de la película Los Reyes del Mambo”. Por supuesto, estos fragmentos son del cuento que da título al libro y que, sin dudas, resulta una pieza antológica por la dureza de la historia, que se va develando a partir de la visita al trompetista y que finalmente nos sorprende, nos da coraje y nos lleva a la reflexión y el análisis.

Tenemos el punto de vista omnisciente en un cuento como ‘Desencanto’, quizás el más pesimista de todos los relatos del libro. Aquí el personaje no encuentra salida a su problema de desarraigo, sencillamente no encaja en esa nueva sociedad a la que ha entrado. Esta fuerte convicción decepcionada del personaje está dada desde el principio: “Yaniel Rodríguez estaba profundamente cansado. Llegó después de una extensa e inusual salida”. La trama es más bien lineal, sin mucha complicación. El desencanto y decepción del personaje nos lleva a rebelarnos ante la decisión que toma de esperar la muerte, lo que para mí, es más bien como algo simbólico. No podemos decir que el autor denuncia, critica, enfrenta, sencillamente narra los hechos, matizándolos y dotándolos de recuerdos, y de acontecimientos, que nos llevan a pensar que en verdad el migrante debe tener una preparación, estar listo para incorporarse al nuevo medio al que llega.

Encontramos al narrador en segunda persona, tan debatido entre los teóricos y críticos y tan gustado por escritores de las últimas generaciones. Pero siempre el tono es el del coloquio, manteniendo la soltura narrativa. Esta segunda persona le da un toque distintivo a uno de los cuentos que a mí particularmente me atrae más: ‘La noche de San Joaquín’. Y mi preferencia por este cuento no pasa porque ese sea el patrón de las fiestas carnavalescas de mi pueblo, Guantánamo, sino porque creo que Julio consigue saltar de una fecha y un acontecimiento tan local al mundo globalizado. El tema de los carnavales es solo un pretexto para entrar al tema del escritor que no encuentra como escribir su próximo artículo: “No sabes todavía cómo escribir la próxima palabra. Un gallo canta en la madrugada y anuncia el sol por venir. Afuera, los carros altoparlantes van apagando los merengues dominicanos de esta postrera noche de carnaval. Abusadora na má…. Abusadora na má….es el ritmo que repiquetea en la ventana…”.

Hay trabajo y elaboración de los textos. Se nota el oficio de escritor, que sabe tratar temas, subtemas y asuntos sin caer en el panfleto. Las historias se mueven entre vivencias, recuerdos, impresiones y sensaciones muy personales del autor, referencias muy directas o indirectas, matizadas, por supuesto, por el toque de la imaginación, que es en definitiva lo que convierte una historia cualquiera en una narración literaria: que nos suma en el recuerdo, en la nostalgia, en el desarraigo y en la historia. Cada historia, el autor la dota de una atmosfera específica, que nos ayuda a acercarnos, a entender, a disfrutar un poco más de los sucesos que nos cuenta. Es algo difícil lograr la atmósfera en un cuento, que nos traslade del lugar donde estamos al mundo que el autor construye para nosotros, y que Benítez resuelve acudiendo a motivaciones acertadas y sorteando la historia con algún comentario, una transición breve, una alusión que nos incentiva a continuar la lectura sin parar. “Recordó el olor que desprendía el cadáver en la balsa, el orine de su mujer y el suyo propio cuando ya no le quedaba líquido en el cuerpo. Esta séptima noche, una luz les indicó que había gente cerca”.

El sistema de personajes es más bien económico en cuanto el manejo, generalmente, de pocos participantes en la trama. Los personajes se nos van presentando en cada relato de diferentes formas. Aunque en verdad aparecen varios personajes con sus historias a cuestas, y no siempre el narrador es un personaje que participa en la trama, una vez que se ha leído el libro nos parece que el verdadero personaje del libro es el mismo autor, Julio Benítez, que aparece así con su propio nombre en alguno de los relatos.

En ‘El hombre que no paraba’, Benítez, deja ver su molestia por este tipo de personas y no pierde tiempo en darle vuelta para presentarlo. Y lo hace con un enunciado que no da pie a una segunda lectura, es así y punto. Además, no intenta siquiera que sintamos alguna simpatía por él. Más bien nos identifica con el narrador personaje que dice claramente en una caracterización bien directa: “Un trol es un hijo de puta que se mete en los sitos de internet y molesta como ladilla en los pelos del trasero”. Y es que el personaje es un trol, así que no hay compasión ni eufemismo para definirlo como tal.

Sin embargo, en ‘Leyenda de un trompetista’ acude a una caracterización indirecta. Vamos conociendo al trompetista por su comportamiento, por sus acciones, por lo que hace, dice y deja de decir: “Me habló con un cierto orgullo derrochador, de alguien que parecía ganar plata fácil”. Y vamos siguiendo al trompetista cuando entra a la casa, vuelve con una trompeta, que no es la original, pero luego saca la que trajo de Cuba: “Y repitió con ella acordes que salían de la vieja grabación que trataba de recordar”. Con este texto señalado el autor ciertamente nos está acercando al personaje, quiere que nos identifiquemos con él, y a la vez nos está dejando saber que si toca la trompeta que trae de Cuba extraerá el mejor el sonido. Aquí es un ejemplo de cómo lo que queda implícito es mucho más convincente que lo que se dice expresamente. Queda planteada la actitud defensiva de este narrador personaje, con respecto a su nacionalidad, algo que se repite en el mismo cuento y a lo largo del libro. Ahí estriba, quizás, la diferencia entre un panfleto y la obra literaria, que el autor nos ofrece.

Este cuento es en mi opinión uno de los mejores que he leído en estos tiempos que corren. Vamos conociendo al personaje, a la vez que se va develando su trayectoria, sus misterios. Y así, en una aparente charla con su supuesto amigo, el mexicano, en la que entra a debatir algunos conceptos y posiciones, descubrimos finalmente el secreto que este hombre guarda tan celosamente, un triste secreto, más bien un doloroso secreto. Una tortura en la cárcel cubana de horrible calibre, que dejaré que el lector descubra en su lectura. Solo cito las últimas palabras del texto “…y más que nada libre porque había dejado el infierno atrás”.

Para caracterizar el personaje de “El ruso”, el autor acude a la descripción comparativa, causando un buen efecto pues el personaje se le queda a uno clavado entre pecho y espalda. “George tenía una nariz larga y extendida que me hacía recordar a veces el famoso poema de Quevedo. Pero la primera vez que lo vi, no me pareció tanto una nariz a un hombre pegada como alguien con una faz atormentada y con los pelos revueltos y rizados o qué diría yo, desordenados como los de uno que no usaba peine nunca, especialmente en esos días fríos en que me dio la impresión de estar frente a un Einstein resucitado”. Desde este mismo inicio, nos identificamos con este armenio que representa, simboliza el desarraigo en su mayor expresión. El narrador personaje, de nuevo en primera persona, nos va guiando por la narración, siguiendo a los dos, al narrador y al ruso. Ambos nostalgian por la patria abandonada, no se acaban de amañar a la nueva vida, sobre todo el ruso, a quien casi le es imposible aprender el inglés primero por las dificultades lógicas de ambos idiomas y por otro lado porque es un hombre de ciencias y el verdadero motivo: porque no logra su readaptación, por el desarraigo que le aqueja y que no es capaz de superar. “…La madre patria, para mí, la Isla, caimán encantado, que es el Edén, que como ella no hay dos, que es la Perla de las Antillas, la llave del Nuevo mundo y allá dicen que el faro de las Américas. Y para George, viene a ser la madrecita Rusia o la natal Armenia, porque él era armenio, narizón como muchos de ellos”. En fin, que patria, como concepto, es para cada cual, el lugar donde ha nacido y crecido, es nostalgia, es amor y estar lejos de ella, causa mucho desarraigo que unos superan; y otros, no.

Pero lo importante es como estos dos personajes, siendo de países distantes geográficamente, con tanto océano por medio, tienen experiencias muy similares y cada uno por su lado añora el suelo patrio y su vida anterior. Ambos han sido disidentes, y por tal razón perdieron sus posiciones y beneficios en sus respectivos países de origen. Queda la pregunta en el aire, que parece que el autor se hace y la comparte con nosotros. ¿Valió la pena? Es realmente desgarrador.

De cada uno de los relatos, pudiera estar hablando durante mucho tiempo, pero solo quiero referirme a otro par de cuentos en específico. Los dos se localizan en Cuba y creo que ya habían sido publicados con anterioridad. ‘La historia de la amapola’, donde aparece de nuevo ese narrador personaje, que pareciera que cede el carácter de protagónico a este que: “Se apareció un día en el taller literario con una historia sobre amapolas”. Y deja a todos boquiabiertos, porque no era la tónica del taller. Es un personaje, que existió, que muchos conocimos, y que Julio lo trae a su libro en una historia de conspiración y de supuesta o presupuesta chivatería o de sapo, como le llaman en otros lugares. Usa la amapola como un motivo hiperbolizado y como la verdadera causa de que el joven personaje vaya a prisión. Este cuento es algo alucinante, aparece el mismo Julio Benítez, así con su nombre y todo como un personaje, y otros como Onán, Sócrates, Buenafé y hasta Risell Parra, todos guantanameros que desfilan en la novela de Benítez La reunión de los dioses. Hay algunos pasajes descriptivos de la ciudad por donde caminan, hace alusión a la libreta mal llamada de abastecimiento, a las dificultades materiales y sociales que existen en la Cuba del autor.

En ‘El juicio de Papiro’, relato que cierra el libro y que ya fuera publicado antes, nos sorprende el narrador personaje de nuevo al erigirse como inquisidor. Solo una vez terminado el cuento entendemos el inicio del relato: “Ese tipo me cae mal’’. ‘El juicio de Papiro’ es quizás una de las historias más impactantes del libro, narrada desde la primera persona. Trata directamente la discriminación hacia el homosexual y cómo la posición homofóbica de quienes tienen el poder lleva a juicio a un profesor gay. Las consecuencias son nefastas, a pesar de que se descubre la maniobra del director y los dirigentes políticos por tenderle una trampa. Me llama la atención el hecho de que Benítez narre esta historia en primera persona y asuma la posición de poder. Se nos vuelve contradictorio el cuento, y nos deja ver las miserias humanas al descubierto. Nos revela esa ansia de poder que tiene el ser humano y que una vez lo tiene, por pequeño que sea, es capaz de hacer cualquier cosa por demostrarse a sí mismo que tiene ese poder. Por eso nos sorprende el final cuando este narrador personaje suelta su veredicto: “Jorge Matos Lobaina –Papiro– no reunía condiciones para continuar como educador”.

Les dejo la oportunidad de que se lean todos los relatos, yo destaco no porque sean mejores o más logrados. El libro tiene un alto nivel, pero con estos que digo quizás me identifico en mayor grado. Son para mí representativos y la selección la hago a partir del gusto por ellos, que también es perfectamente permisible en el campo de la crítica. Así que destaco en este orden de aparición en el índice:

-Leyenda de un trompetista

-El festín de los olores

-Milagros

-Desencanto

-La noche de San Joaquín

-La historia de la amapola

-El ruso

-El juicio de Papiro

Sin temor a equivocarme, y conociendo la obra anterior de Julio Benítez, su narrativa, me atrevo a decir que el autor ya está en esa fase que llaman los teóricos “distanciamiento emocional”. Así lo demuestra la manera en que ha abordado los temas del exilio en esta ocasión, con mayor soltura, dejando atrás la limitación de lo local para dotar a sus historias de un sentido más hacia lo universal literario.     .

Efectivamente, trece relatos, y cada uno con su sorpresa y sus propias características, hacen de esta especie de antología una obra coherente que nos deja esa sensación de no ser exactamente la misma persona antes y después de leer Leyenda de un trompetista.

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Sobre el autor

Rebeca Ulloa

Rebeca Ulloa

Rebeca Ulloa (Guantánamo, 1949) es narradora, periodista, guionista de radio y televisión, promotora, productora cultural, crítica y ensayista. Técnica en informática, fue profesora universitaria y asesora de tesis de grado de la Facultad de Comunicación Social (Colombia 1998-2008). Es también curadora y ha obtenido numerosos lauros y reconocimientos por su obra literaria y radial. Su primer premio literario lo recibió a los 15 años de edad. Ha publicado varios libros con la coautoría del maestro Arístides Pumariega.

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