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Una mujer más allá del interior de Cuba

Una mujer más allá del interior de Cuba

Una mujer más allá del interior de Cuba
marzo 20
14:32 2015

Es difícil encontrar libros que vayan en estas dos direcciones: hacia el pasado, y que estén anclados en el presente como una confirmación de que las cuatro verdades que lo sostienen alumbran por sí mismas. Isla interior (Neo Club Ediciones, 2015) es la primera compilación de rabias y amores que Yoaxis Marcheco nos trae, estoy casi seguro, pues en lo porvenir pudiéramos gozar de sus ideas sobre la democracia desde el compartir de los cristianos, o sobre los vaivenes de una iglesia (varias incluso) que han dejado de la mano de Dios la suerte de sus feligreses, o sobre los intríngulis de una sociedad civil a la que la madurez espera hace ya tanto, con los brazos abiertos.

Escribir, como para los egipcios, es siempre reescribir. Por eso mismo pasar de la bitácora digital al papel es volver sobre el mismo dolor de la escritura y ponerse a observar la reacción de los lectores. Siempre volvemos al río heraclitiano: ni nos bañamos nunca en la misma agua ni volvemos a leer el mismo libro. Estos posts que acabo de revisar hace una semana no tienen el mismo sabor que en los escasos minutos en que yo entraba, como un perseguido, a un cibercafé y probaba un sorbo de esa bitácora que Yoaxis tejía a base de paciencia desde un Taguayabón con menos nivel de cobertura móvil y tan alejada de cualquier sitio de Internet como lo estaba yo en San Germán. Esa es una característica que me unía a los pocos blogueros que sobrevivieron –si esta palabra es la exacta– más allá de las murallas de La Habana.

“El libro está estructurado en zonas temáticas –Cuba cotidiana, Cuba y la represión, Cuba y la religión, Cuba en perspectiva y Reseñas, más un Apéndice– a fin de que los lectores puedan orientarse mejor”. Fue el anuncio de la semana pasada por Neo Club Ediciones, que vuelve a enrolarse con los necesitados –¿puedo decir jodidos de la tierra?– en Cuba. A mí me hubiera funcionado el libro sin esas estructuras, pero no soy un editor, yo hubiera puesto los textos como un todo y que los interesados en el tema cubano, tanto los sabihondos como los neófitos, se partieran la cabeza, como lo ha hecho la autora de Isla interior, algunas noches –o mañanas– luego de dar de comer a los suyos, enviar a las chicas a la escuela, atender a su marido, guardar la cuota de miedo o de valor para los que la hostigan y luego ponerse a escribir… como si viviera en una ciudad conectada al Cable Alba-1. Como si no existieran los perros policías –o los policías perros, sin ofender a los perros– convertidos en vecinos chismosos, en hombres y mujeres que no acaban de madurar y creen que vigilar a una mujer, chivatear a un pastor cristiano, asustar a unas niñas inocentes, tirar excrementos hacia las casas, marcar al que disiente como judío en plena cacería hitleriana, maldecir, blasfemar, escupir cuando pasa el que piensa diferente, alardear de bravucones, decir patria y esconder la poca vergüenza, no fueran una vergüenza más grande y castigable.

Como Yoaxis Marcheco escribe desde otro mundo, su post’s hablan de este, así son los adelantados. Luego de la limpieza de esta escritura, está la paciencia de una mujer que se sienta a tejer la historia de dos niñas testigos de Jehová –perseguidas y abucheadas por sus amiguitos– y que hoy son su referente inmediato de valentía, constancia, amor y Fe en una causa que cada quien cree justa o no, pero no hay censura que detenga al que ama: “Las niñas Testigos de Jehová en mi memoria, las que compartieron algunos años de mi edad infantil, las que casi no tenían amiguitos en la cuadra porque eran “atalayitas” como muchos decían, o “atalayas” en la expresión de otros, esas niñas valientes que se enfrentaron a todo un sistema político por defender su creencia, son, en este sentido, un paradigma para mí, como lo son también los muchos cristianos evangélicos que en esos años tenebrosos no apagaron su voz y sostuvieron casi con su vida las iglesias en Cuba. Espero que nunca, mientras viva, salgan de mi memoria esos buenos rostros, que dejaron marcas en la historia de lo que los hombres y mujeres de fe pueden llegar a hacer ante cualquier maquinaria humana de represión, discriminación, segregación y exclusión” (Las atalayas).

Luis Felipe Rojas lee este texto durante la presentación del libro, el 26 de marzo de 2015 en el Miami Hispanic Cultural Arts Center. Una foto de Wenceslao Cruz

Luis Felipe Rojas lee este texto durante la presentación del libro, el 26 de marzo de 2015 en el Miami Hispanic Cultural Arts Center. Una foto de Wenceslao Cruz

Creo que este libro parte de dos necesidades principales, que me aventuro a relacionar. YM cree a pie juntillas que no hay nada más que hacer cuando se trata de la libertad que develársela a los que están ‘ciegos’, y en ese sentido van las crónicas y sus pesares, esos en forma de posts, o artículos o como les quieran llamar a estos trozos de belleza que una mujer escribe desde su tierra. YM ha descrito un país y no una ciudad, se ha metido entre los miedos de la gente y no en la algarabía de los que se creen valientes, porque fotografiar y describir a los represores, o relatar paso a paso lo que mal comimos en el pesado Periodo Especial, es un acto de valentía en sí mismo, es como re-cordar (que quiere decir volver a pasar por el corazón). Creo que la otra razón parte de la premura, y es que Marcheco es celosa con el tiempo, quiere escribir, pero lo hace ahora, quiere defender sus ideas y se apresta a decirlo a los cuatro vientos, como si no bastara saberse señalada, describe y reafirma a través de las palabras la convicción por la que se ha lanzado a la vereda de los inconformes.

Lo interesante de una escritura desde “la opresión”, como dijera Havel, es que al tiempo que entra en los corrillos y pasadizos que le deja la censura, alumbra y fotografía cada palmo de ese túnel. Una citación policial, un registro –o catcheo– personal, una detención –arbitraria siempre–, las amenazas “amenazas, amenazas y más amenazas”, ¿verdad, Yoaxis? Entre los valores que vamos a agradecer de este libro está el de compilar el horror, pero a manera proactiva, para que la historia no se repita, para “que se marque al que no ame” –porque Martí tiene que estar en todos los potajes, ¿no es así?

Yoaxis Marcheco, su esposo, el pastor, activista de derechos humanos y autor del blog Cubano confesante, y yo, nos cruzamos en una tórrida beca conocida como F y 3era, en aquel Vedado de los años ’90 que nos tomaba por “palestinos”, esa variante de gitanos a la cubana, venidos de fuera de una Habana que ya no era de los habaneros hacía varias décadas. Nos cruzamos, ¿nos saludamos? ¿Comimos el mismo fish-steack? ¿Vimos a la misma muchacha –Eloína– saltar por el balcón? ¿Miramos el mismo mar por donde se había escapado medio país un año antes? Yo creo que sí, pero lo confirmamos casi 20 años después a unas cuadras de ese mismo lugar en la Ave de los Presidentes. Los esperé en el mismo banco en que me sentaba a leer y descansar de las caminadas entre F y 3era y la Escuela de Letras. Ellos dos cruzaron y nos dimos el mismo abrazo que habíamos guardado para la ocasión. No lo podíamos creer, el mismo sitio, el mismo ciclo, las mismas dudas. Y para colmo ‘descubrimos’ que YM y yo éramos holguineros, eso me confirmó mi sospecha sobre la habilidad de las mujeres para tejer las más bellas historias que se hayan escrito jamás. Nos abrazamos casi por última vez, yo acaba de confirmar el miedo que llevaba dentro y había recibido asilo en Estados Unidos, YM empinaba su blog como una premonición: el que persevera triunfa, y “hete aquí mujer”, con un blog en las autopistas de la información –ya más difíciles de vetar a los cubanos de la isla– y un libro fruto del amor a tu país y tu familia. Gracias.

Sobre el autor

Luis Felipe Rojas

Luis Felipe Rojas

Luis Felipe Rojas (San Germán, 1971). Escritor, periodista y realizador audiovisual. Gestor de contenidos multimedia y fotógrafo free lancer. Edita el blog Cruzar las Alambradas desde el año 2009. Ha publicado los poemarios “Secretos del monje Louis” (2001), “Cantos del malvivir” (2004), “Anverso de la bestia amada” (2005) y, con Neo Club Ediciones, “Para dar de comer al perro de pelea” (2013). Actualmente reside en Miami.

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