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Una novela que todos deberían leer

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Una novela que todos deberían leer

Denis Fortún y Armando de Armas durante la presentación del libro en el Festival Vista de Miami

Una novela que todos deberían leer
diciembre 13
17:03 2017

Un escritor tiene la obligación primera de radiografiar su tiempo, y de hacerlo con veracidad. En el caso nuestro, dispersados por el mundo, a merced del descrédito por la única razón de no acatar los mandamientos de una dictadura, es doblemente importante recrear lo que hemos padecido todos estos años, amén de la ficción. El guardián en la batalla, de Armando de Armas (Neo Club Ediciones, 2017), es justamente eso: describe un lapso en la existencia de un hombre que, incluso desde la llamada capital del exilio cubano, algunos pretenden desvirtuar, sino esconder, como si padecieran una suerte de efecto placebo, creyéndose sanados con “remedios de hoy” que no lo son, que jamás apuntan a la verdadera enfermedad de ayer ni a ninguna otra, y menos serán la cura.

Amadís, como si fuera hijo de pez, bojea, circunvala alrededor del caimán, y finalmente agotado de sus aguas lo deja atrás para establecerse en la Península. Hijo también de una libertad que intuye –bajo la égida del absolutismo es muy difícil experimentarla en su magnificencia–, va contando su vida con la crudeza que presupone la vergüenza que antes mencionaba, entre tanto arremete contra el igualitarismo. Como dadaísta se porta, se mueve y se levanta; gozador lo mismo, disfruta desacralizar lo que otros de manera servil han pretendido enaltecer, vendiéndonos esa verdad improcedente, manipulada, que es la revolución cubana.

Amadís se enfrenta con las armas que le ofrece la ilegalidad que ha elegido; que no es oveja de manso redil y, como tantos marginados que no comulga con “la epopeya”, dignifica su bajo mundo, lo defiende como espacio autónomo. Y Amadís tiene rabia, y esta lo impulsa a atacar a las huestes de los monikongos. Embiste con cinismo, con la burla descarnada, cualquier manera es válida y, lo mejor, sin el resentimiento que terminaría por consumirlo en la autocompasión.

Es el drama, y un poco la comedia, por qué no, de un personaje que en ocasiones es príncipe, otras truhán, siempre guerrero; curador de su tiempo y de una Isla que de orillas va terminando en zócalo, erosionándose metafórica y literalmente. Es el drama lo mismo de aquellos que le rodean, los que estuvieron antes, las que estuvieron, los y las de ahora, cómplices de sus desventuras y alegrías, de la más simple desobediencia civil que obligó a Amadís a inventarse un derrotero secundario, de zonas hondamente grises, para por fin conseguir la luz lejos de la Isla pecera. Esta es una novela que relata las alternativas que tiene a mano un sujeto que, más que vigilante, “ellos” consideran debe ser vigilado, y que definitivamente lo ha sido; que se establece en un exilio con reglas complicadas.

Preparando esta reseña, leí otra que escribiera Armando Añel a este cuaderno, y confieso que me ha resultado sumamente interesante, y coincido asimismo por la perspectiva en que coloca a El guardián en la batalla: el plectro de esta historia –léase estilo más que inspiración–, el retruécano en medio de las imágenes a veces enrevesadas, escatológicas, de una picaresca vista con anterioridad en su obra; de una estructura que llega hasta el uso de la jitanjáfora. Hay un recurso constante, indiscutiblemente sensible, al minuto exacto de revelarse Amadís como padre, esposo, hijo, amante, incluso malandro, y que bien señala Añel. Armando de Armas se vale de un lenguaje de alegorías en medio de lo alucinado, aun cuando lo terreno y grotesco no lo elude con mojigatería… pero en esa composición está sin lugar a dudas la certidumbre del elemento poético, ¡y de qué forma!

Otra razón para considerar a este cuaderno distintivo en la obra del autor, es la lucha que percibo entre el narrador que cifra una novela compleja y el que escribe cuentos cortos. Por momentos, en El guardián…, considero que, más que establecer una continuidad de capítulos, las historias, si bien son las del mismo personaje, podrían considerarse independientes una de la otra. A mi juicio el cuentero gana, lo que en mi opinión se agradece, hecho que me remite a Mala jugada, libro de relatos de Armando de Armas que tengo entre mis favoritos.

A medida que voy leyendo El guardián en la batalla sonrió y voy tomando notas. Mientras leo un capítulo y otro, pienso en las vivencias del amigo, muchas que conozco de primera mano, esa suerte de “tinglado emocional” que le sirve para narrar historias que, dicho sea de paso, en su caso están más apegadas a la realidad de lo que sus lectores suponen. Aun cuando una entelequia convulsa, de simbología muy individual, en un lenguaje que mixtura lo peor y lo mejor de la sublime condición humana, forme parte de una atmósfera –no entorno, no ambiente– en el que se mueve Amadís, el protagonista por excelencia de Armando de Armas más que su alter ego y heterónimo, su primera piel, esa que muestra sin pudor las cicatrices que el escritor esconde.

Escrita hace ya más de una década, es increíble constatar la vigencia de esta novela, su apego a la realidad soez y malsana de una sociedad que no evoluciona, donde intentar ser independiente es castigado. A medida que leo está patente el compromiso del autor por narrar desde la honestidad que ha de asumirse, que los historiadores oficiales, sin importar orillas, tergiversan, escamoteando cualquier hecho que pueda manchar a la “inmaculada revolución”. A medida que paso una página y otra, no me cabe duda de que muchos deberían leer El guardián en la batalla.

http://denisfortun.blogspot.com/

Sobre el autor

Denis Fortún

Denis Fortún

Denis Fortún (La Habana, 1963). Poeta y narrador. Artículos y crónicas de su autoría, con un toque humorístico sobre la cotidianeidad en Cuba y su exilio, aparecen con regularidad en bitácoras de otros autores, y en diversos ciberportales y revistas. Textos suyos han sido incluidos en antologías de narrativa y poesía en Cuba, México y Estados Unidos. En Miami, donde reside actualmente, edita el blog Fernandina de Jagua. Ha publicado los poemarios ‘Zona desconocida’ y ‘Serio divertimento’, ‘El libro de los Cocozapatos’ (narrativa) y ‘Diles que no me devuelvan’(crónicas). Tiene inéditas dos novelas: 'Cueros contemporáneos' y '324 Mendoza'

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