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Miami, una pelea ciudadana contra los demonios

Miami, una pelea ciudadana contra los demonios

diciembre 17
06:37 2010

92678Miami es un ícono de glamour, una urbe “cool”, bonita postcard turística, bien maquillada, todo estilo, un enorme shopping center sofisticado, con playa y sol todo el año.

Salsera, rapera, rocanrolera, gozadora, donde hay más carros y bancos que gentes, y donde hay más nuevos ricos, exiliados, artistas, bohemios, esotéricos y gays que en ninguna otra parte. Parece un paraíso, quién lo duda.

Pero también la Miami que vivo tiene varios rostros y muchas almas. Es más hispana que americana, pero no es hispana, claro que no, es “mixed”, transcultural, es un zoo diferente, con más de un millón de habitantes y gente que viene de todas partes, aunque parece no gustarle a los chinos y mexicanos. Pero le encanta a los “homeless” (mendigos y desamparados sin techo). Alguien la llamó la “Babel Miami”, qué bien le pega, porque tiene de todo: de Sodoma, Hollywood, New York, Las Vegas, La Habana de los 50, New York, Panamá, “Puelto Rico”, Santo Domingo, Managua, Port-au-Prince, Río de Janeiro, Caracas, Bogotá, y hasta de Macondo y Miami Vice. Hay de todo, lujos como Coral Gables y Brickell, y barrios de mala facha como Little Havana, la Pequeña Managua y Little Haití.

Tiene mucho sabor de exilio cubano, nicaragüense y venezolano, de diáspora judía, etcétera. Hay legiones de colombianos, argentinos, centroamericanos, y siguen llegando los rusos. Aquí hay muchos haitianos que hablan español, y muchos hispanos que no hablan inglés, pero la gente vive a su gusto como puede, no le importa. El “melting pot” es una ecuación anti-sociológica. Miami no es Estados Unidos, ni es Latinoamérica, ¿qué cosa es? Es una frontera. Pudiera ser un caso atípico de tercer mundo con colorete americano.

Pero, ¿conocen ustedes a Miami por dentro, la imperfecta? Esta ciudad, ¿de quién es y hacia dónde va? Los contrastes son pasmosos. Es una de las ciudades más pobres y delincuenciales de Norteamérica. Tal vez por eso haya tantos abogados, buhoneros y buscavidas. Dicen que antes en Miami se vivía rico, ahora te la vives con purgante.

Usted puede ser uno de esos rostros, de esas almas a que me refería, que no aparecen en las tarjetas de promoción turística: un rictus torvo, sin afeites, un miamense jodido, uno de esos millares de pagadores de impuestos (tax payers) que se quejan porque la vida les va muy mal, porque son la antítesis del sueño americano. Son trabajadores incansables, pero han perdido sus empleos, casas, dinero, negocios, oportunidades, o no han podido conseguirlos.

Están endeudados, engañados, atribulados, no tienen seguro médico. Esperan la bancarrota salvadora y el foreclosure maldito (que el banco les quite la casa), y, por supuesto, el welfare, la ayuda del gobierno federal para sobrevivir y mal vivir si acaso. Sus sueños quedaron al garete o se convirtieron en pesadillas mal llevadas. Y qué decir de quienes viven en las sombras, los inmigrantes indocumentados. No tienen quien les quiera.

En realidad, si vas Miami adentro, encuentras una ciudad de fealdades, máculas, problemas. Es pecadora, alienada y cara, no te quiere si no tienes dinero, y si buscas un culpable, los comunicadores y políticos te mienten y le echan la culpa a fulano, a la historia, al presidente, a los ilegales, a las malas energías astrales. Ahora le echan la culpa a la crisis, a Bush, a las promesas incumplidas de Obama, a Satanás, a la globalización y al liberalismo. Nadie dice la verdad, los medios masivos de comunicación son un fraude, la clase política se pone máscaras para parecer inocente en el circo de la politiquería y te explican que todo tiene solución. Pero no resuelven ni van a resolver, es una cuestión de atrofia intelectiva, un mal de fondo.

Parece que los malos políticos, administradores y líderes decadentes de Miami tienen parte de la culpa. Han creado un monstruo donde impera la insensibilidad, la politiquería, la improvisación, la inequidad, la falta de originalidad, los prejuicios y personalismos, el voto equivocado, el manejo y la burocracia estilo Tercer Mundo, la solución antipopular (impuestos y penalidades), la radio que no va al grano. A la televisión sólo le interesa vender comerciales y poner culebrones; las elecciones municipales las puede ganar un individuo inculto y fariseo si habla bonito y regala sueños imposibles, y la gente se pregunta por qué aumenta la mala educación, suben los precios de los alimentos, los vecinos se vuelven agresivos y los ancianos no tienen protección.

Lo mismo hay problemas en las escuelas que en los hogares, en los condominios que en los hospitales, en las oficinas del gobierno que en los servicios privados, en los taxis que en los buses. Hay más asaltos y más basura botada en las calles, los salarios son bajos (excepto para los políticos y funcionarios gubernamentales), el precio de todo sube y las hipotecas y rentas se elevan. La frustración y la inercia es lo más elevado que tenemos.

Hay que ir al fondo y trasfondo del problema. Sin dudas, Miami no es una ciudad perdida. La ciudadanía tiene que tomar la palabra, actuar, reclamar a los liderazgos, criticar, manifestarse, participar en el gobierno ciudadano, sacar a los malos políticos de la escena y buscar vías para que mejoren las condiciones de vida. No nos podemos quedar con los brazos cruzados, hay muchas inteligencias y potencialidades en esta ciudad, y la ciudadanía unida pudiera ser el factor clave de la renovación ética, urbana, social, cultural y económica.

Todo el mundo tiene que poner su granito de arena, sacar del bolsillo y la cabeza sus aportes, hay que parar la contaminación politiquera y la falacia de los que ofrecen sueños imposibles o juegan al azar economicista. Hay que dar paso a las nuevas generaciones, más capaces e innovadoras, eliminar de cuajo el estilo de gobierno y la burocracia bananera, suprimir los mecanismos que bloquean el desarrollo, exigir que los líderes, comisionados y alcaldes rindan cuenta a cara descubierta, sin trucos. No permitamos la retórica y las trampas estadísticas. Preguntemos dónde invierten nuestro dinero y cómo somos beneficiados, cuánto ganan de salario a costa nuestra por ser tan incapaces.

No queremos líderes incapaces, incultos, petulantes, seudo-totalitarios, populistas, tercermundistas, manejados por los intereses creados en detrimento del bienestar colectivo y la justicia pública. Queremos líderes humanistas y calificados que sirvan a la ciudadanía. Basta de engaños y de mala política. Esta no es una sociedad de “generales y doctores”. Somos una sociedad libre y democrática, de todos, y no podemos dejar que la mala política nos frustre y cierre el futuro. Salvemos a Miami, hagámosla nuestra y mejor, ganemos esta pelea ciudadana contra los demonios.

Artículo suscrito por la organización Change Miami-Dade/Cambiemos Miami-Dade, un proyecto de Miami-Dade Community Action, Inc.

Sobre el autor

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga es un periodista freelance, además de dedicarse a la arquitectura, la fotografía de viajes y la historia del arte. Actualmente investiga el patrimonio cultural de México, donde reside. Es miembro de la Asociación de Amigos de los Castillos de Puerto Rico y de la junta de editores de la revista Herencia, en Estados Unidos. Ha publicado en periódicos y revistas de varios países y recibido premios por sus trabajos. Es autor de "La ciudad de los castillos" (2006) y de las novelas "Cornatel, el secreto español" (2014) y "Bonos chinos. Todo se sabe en la vida" (2015).

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