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Una visión optimista de la globalización

Una visión optimista de la globalización

Una visión optimista de la globalización
mayo 28
08:24 2015

Muchos acaso ni se enteran, pero en estos precisos momentos vivimos en medio de una revolución cultural, la cual comenzó desde finales del siglo XX; se trata de una revolución cultural tal como lo fue la revolución industrial que aconteció a finales del siglo XVIII y principios del XIX.  El sistema de subsistencia de la presente revolución lleva por nombre “Globalización”.  El tipo de sociedad que encarna la revolución global reside en la postmodernidad y el proceso se está llevando a cabo en casi todos (para no ser absolutos) los países del mundo. ¿Qué es la globalización?

El fenómeno de la globalización encuentra expresión en la creciente interconexión de las diferentes regiones del mundo a través de los procesos tecnológicos, económicos, políticos, medioambientales y culturales que han revolucionado o cambiado la vida en el planeta, más para bien que para mal, aunque no deja de tener algunos efectos secundarios.  Nosotros, en el presente artículo, procedemos a presentar una visión alentadora del futuro global.  De repente, el globo terráqueo se está convirtiendo, poco a poco, en la patria grande y chica de todos sus habitantes (al acortarse el tiempo y las distancias), haciendo realidad aquella máxima del apóstol, al menos desde una perspectiva geofísica: “Patria es humanidad”.

La globalización de los últimos 25 años, ha florecido debido a cuatro importantes e interrelacionados factores: una nueva división internacional del trabajo, una internacionalización de las finanzas, un nuevo sistema tecnológico y una homogenización de los mercados internacionales.  La división internacional del trabajo ha acarreado tres principales cambios.  Primero, Estados Unidos ha menguado en su papel de productor industrial, relativo al desarrollo alcanzado por Japón, el resurgimiento de Europa y el crecimiento espectacular de China como productor industrial.  Segundo, el peso de la manufactura ha sido desalojado del primer mundo para ser replantado en regiones periféricas o en vías de desarrollo.  Ya en el 2006, las compañías estadounidenses empleaban 31 millones de trabajadores en ultramar, de los cuales el 80 porciento laboraba en empleos de manufactura industrial.  Esta propensión radica en el incentivo que mueve a los inversionistas, cuyo principal fin es el de bajar los costos de producción e incrementar consecuentemente las ganancias.  El susodicho proceso podría parecer relativamente injusto, mas todo el mundo ha percibido beneficios.  La fuerza laboral de las regiones menos desarrolladas ha alcanzado un nivel de vida, un poder adquisitivo nunca antes experimentado, debido las nuevas oportunidades de empleo.

El segundo elemento que ha contribuido a la globalización es el surgimiento de una red bancaria global y de mercados financieros globalmente integrados.  Los centros neurálgicos del nuevo sistema financiero bancario se encuentran localizados en unos pocos lugares —Londres, Frankfurt, Nueva York y Tokio en particular.  La actividades de las redes financieras y bancarias están interconectadas aproximadamente 24 horas al día y sus bifurcaciones penetran cada rincón del planeta.  La tercera causa de la globalización actual constituye el nuevo sistema tecnológico, cuyos rasgos se basan en una combinación de innovaciones, incluyendo la energía solar, la robótica, la microelectrónica, la biotecnología, las telecomunicaciones digitales y los sistemas informativos.  El nuevo sistema tecnológico ha requerido una reorganización geográfica de las economías desarrolladas.  Asimismo, se ha extendido el alcance global de la industria y las finanzas, al permitir un más flexible acercamiento con el fin de desarrollar la inversión y el comercio.  El cuarto factor que ha ayudado a la globalización tiene que ver con el crecimiento vertiginoso del mercado de consumo a nivel global.  Entre las poblaciones más ricas del mundo, trascurren procesos sociales generalmente similares y tendencias paralelas en cuanto al gusto de los consumidores; no obstante, incluso las naciones tercermundistas son influenciadas grandemente por estas propensiones.  Una nueva cultura materialista ha inundado la sociedad internacional.  Esta cultura es hoy en día fácilmente endosable mediante los sofisticados medios de telecomunicación, los que han significado un pilar valioso en la labor global de propaganda de marcas y productos mundiales ejecutada las firmas transnacionales.  Por tanto, automóviles de lujo alemanes, relojes suizos, impermeables británicos, vinos franceses, bebidas estadounidenses, zapatos italianos, productos electrónicos japoneses y café colombiano, etc., etc., se pueden encontrar en casi todos los mercados de consumo de la faz de la tierra.

Todo lo mencionado ha originado rápidos cambios económicos, culturales y en el ámbito político.  De manera creciente, las culturas, los capitales, las ideas e intereses de la gente alrededor del mundo se entrelazan con los de otras culturas, personas, entidades financieras y naciones, las cuales radican en diferentes zonas del planeta.  En otras palabras, se está llevando a cabo en estos precisos momentos, un dramático incremento de interdependencia entre lugares, individuos y países alrededor del planeta.  Como ya se ha dicho, estas tendencias inclusivas e interdependientes de la globalización vienen desplegándose con mucho más pujanza durante los últimos 25 años aproximadamente; sin embargo, no siempre ocurrió de esa manera.

El viejo orden mundial culmina en la última década del siglo pasado con la era de la sociedad moderna; el hito que presuntamente marca la transición hacia el nuevo orden mundial se lleva a cabo con la caída de la Unión Soviética, con el fin de la “Guerra Fría” y la disminución (aunque no desaparición) de sus diseminadas redes de espionaje internacional; así como, con el levantamiento de muchas de las barreras fronterizas y aduanales a través de la geografías de los cinco continentes.  La incorporación de Rusia y de China al imperio internacional del Capitalismo, reforzaron significativamente el sistema de interconexión global y el comercio en el orbe.  Al mismo tiempo, el acceso, no ya de transnacionales y de Estados nacionales alrededor de la geodesia mundial, sino asimismo de los simples ciudadanos a las nuevas tecnologías y a los sistemas informativos, como lo son los computadoras y la red global de la internet, han de manera impresionante acortado las distancias y empoderado a los individuos con una presencia global.  Surgen, además, durante la última década del siglo pasado, las llamadas políticas neoliberales promovidas por Margaret Thatcher y Ronald Reagan.  No obstante, fue menester recorrer un largo sendero de crecientes escalas de integración global para llegar al presente estadio de la civilización humana.

A grandes rasgos, en los albores del capitalismo, cuando algunas regiones del planeta comenzaban a abandonar el sistema feudal, pero anterior a la Revolución Industrial, los diferentes reinados y comarcas constituían los principales protagonistas del comercio internacional y de la existencia en el planeta.  Después, hubo un largo espacio de tiempo en que las corporaciones multinacionales y eventualmente las transnacionales, comenzaron a liderar el camino hacia la integración global de los mercados y de la vida en el orbe.  En el presente, aparte de las grandes y pequeñas entidades comerciales, incluso la mayor parte de los ciudadanos (de toda nación libre ) disfrutan la ocasión de una presencia real en los mercados internacionales.  En un mundo donde aproximadamente todos poseen ya sea una computadora personal, una laptop o al menos un iPhone, en un mundo donde casi todos tienen libre acceso a la red (y donde existen infraestructuras digitales creadas para facilitar el proceso de compra, venta y reventa de productos y servicios de toda índole), el terreno para alcanzar el éxito material se presenta suficiente llano.  Con la globalización postmoderna, existen oportunidades reales para todo aquél que posea algún conocimiento, habilidad, creatividad y deseos de triunfar en el comercio y en la vida.  Por ejemplo, en el caso de la literatura, el periodismo independiente y en la actividad creativa en general, hoy en día, con las nuevas tecnologías, los escritores y los artistas llegan con más facilidad a una audiencia global mucho más numerosa.  Incontables son las alegrías y beneficios que ha proporcionado la difusión literaria desde que los autores cuentan con las ventajas de una cuenta de Facebook y de un blog personal en la red mundial.  Ahora, los escritores cuentan con la oportunidad de ganar lectores y promover sus obras en todas las esquinas del planeta (ya se en el Japón o en Chile), lo cual sin la tecnología actual les habría costado decenios.

En mi modesta y optimista opinión (las mentes con tendencias socialistas contradictoriamente se oponen a esta visión), los mercados abiertos, el libre comercio y la libre inversión a través de los mercados globales permiten que un mayor número de personas se beneficien de la prosperidad de la creciente economía mundial.  La interdependencia político económica de la humanidad, benéficamente, proporciona intereses compartidos que ayudan a disminuir los conflictos y a impulsar el mutuo apoyo de los valores comunes.  La democracia y los derechos humanos, a pesar de los cuantiosos problemas que aún aquejan a la humanidad, está afectando positivamente a billones de personas en virtud de las políticas neoliberales, cuyas premisas promueven los mercados abiertos, el libre comercio, la prosperidad y la buena voluntad.

Las políticas neoliberales enfatizan en un mínimo de participación de parte del Estado y en la preferencia por los mercados libres como condiciones ideales no sólo a favor de la organización económica, sino además como un voto de respeto a la individualidad de cada ciudadano, y a la autonomía de la vida política y social. En lo personal, pienso que la actual fase de globalización rotula el comienzo del final de la desnacionalización de las economías y acaso eventualmente de las naciones.  La desnacionalización económica significa que las fronteras nacionales llegarán a ser irrelevantes con respecto a los procesos económicos, los gobiernos nacionales no controlarán sus geográficamente circunscritas economías, sino al contrario, viabilizarán las conexiones entre las diferentes partes del mundo por medio de organizaciones internacionales tales como NAFTA y EU.

En mi visón resplandeciente del futuro, en el mundo, de manera eventual, desaparecerán las fronteras, los gobiernos nacionales se tornarán acrecentadamente intrascendentes y sus funciones se limitarán a facilitar meramente el fluir del capital global y las inversiones.  Me uno al atisbo de muchos expertos quienes juzgan que la institución de la nación Estado, la cual constituye la unidad primaria de la economía política actual en la sociedad mundial, será eventualmente reemplazada por formas de gobierno globales, en cuyos predios los individuos esgrimirán, para beneficio propio y del resto de la humanidad, sus afiliaciones transnacionales, las cuales se hallarán sujetas al compromiso de los principios neoliberales de libre comercio e integración económica, cultural y humanista.  Desde un prisma político, la diseminación de las democracias republicanas a través del globo terráqueo reforzará el surgimiento de una civilización global con sus propios mecanismos de gobernación, reemplazando el obsoleto modelo de la nación Estado con instituciones tales como el International Monetary Fud (IMF), por sus siglas en Inglés, y  el Word Trade Organization (WTO).  En fin, ¡viva la globalización y un futuro sin tabúes ni fronteras!

Sobre el autor

Pedro Díaz Méndez

Pedro Díaz Méndez

Pedro Díaz Méndez (La Habana, 1966) es un licenciado en Literatura Española. Estudió en Los Angeles Trade Tech, donde recibió el diploma de Asociado en Artes Liberales en 2011, y el premio de honor del presidente de la institución en tres ocasiones. En la universidad jesuita de Loyola Marymount de Los Angeles, obtuvo su B.A. summa cum laude y el premio al académico del año en el programa de español de la susodicha institución. Es miembro de la Sociedad Hispánica de Honor (Sigma Delta Pi). Ha publicado varios ensayos de crítica literaria en la revista La Voz, entre los que se encuentran “Yo y mi otro yo: Manuel Machado y el dandi en El Mal poema” y “Nación y masculinidad en la España de fin de siglo”.

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4 comentarios

  1. Manuel Gayol Mecías
    Manuel Gayol Mecías mayo 28, 20:13

    Un trabajo muy interesante, ahora falta la otra versión, quizás la pueda poner el mismo autor de esta que es la optimista. Gracias por tan buen artículo.

    Reply to this comment
  2. Pete Diao
    Pete Diao mayo 30, 21:32

    Gracias a Ud. amigo Manuel por leerlo, a Neo Club Press y al hermano Armando. Debido a que Ud. está interesado, será un placer redactar ese artículo. Cordiales saludos.
    Pedro.

    Reply to this comment
  3. James
    James junio 26, 20:36

    Descubrí el artículo está semana y me pareció perfecto. Da balance a las opiniones encontradas acerca de la globalización. Me sirvió para entregar una tarea de la maestría, obvio te cité.

    Y me uno a Manuel me gustaría leer la otra versión.

    Saludos desde México

    Reply to this comment
  4. INTELED
    INTELED enero 25, 07:48

    Articulo muy completo. Enhorabuena.

    Un saludo

    Reply to this comment

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