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Valor literario en la Feria Internacional del Libro de Miami

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Valor literario en la Feria Internacional del Libro de Miami

noviembre 14
20:07 2011

 

1-aaa_mbfi_logo¿Por qué las cosas que supuestamente empiezan bien a veces comienzan a desnaturalizarse? En este caso, me refiero a la Feria Internacional del Libro de Miami, evento que parecía poder constituirse en un centro cultural importante en torno al libro y la cultura hispana en general. Y esto lo digo por los encontronazos que ya se están dando entre las editoriales tradicionales y el nuevo fenómeno (casi de boom, digámoslo así) de las pequeñas editoriales, conocidas como de autopublicación.

En realidad, este dislate parte de los organizadores de la Feria Internacional del Libro de Miami. Ellos han vetado la participación de dos autores debido a que han sido publicados por la editorial Alexandria Library, argumentándoles que sus libros eran autofinanciados.

Me explico mejor, o al menos eso creo si digo algo que todo el mundo sabe, una verdad tan consabida como la salida del sol todos los días: El mundo está cambiando y ello es ineludible; y los cambios no son sólo estructurales, científicos y tecnológicos, sino además de fondo, conceptuales, en plena libertad, hacia todas las esferas de la vida.

La producción del libro no escapa a ello. Hoy en día todo el mundo, autores reales o no, vanidad aparte, tiene la posibilidad de publicar su libro, su obra, su engendro o lo que por lo general se conoce como  libro autopublicado. A esto se encamina el futuro a pasos agigantados. Y me pregunto: ¿A la literatura qué le importa eso? La verdadera literatura no radica en las editoriales —aunque es cierto que pueden ayudar mucho a la mejor concepción de una obra, siempre que el editor o los editores de todas las editoriales esencialmente reconozcan la validez de la obra—.  La literatura toda, como las artes, se realiza en la recepción de la obra. La verdadera literatura es esencia legítima de lo que el ser humano lleva por dentro y, al mismo tiempo, constituye la forma en que nuestro ser la expresa. Esto es lo que un editor capta antes de publicar un libro, y después un lector siente y agradece cuando lee. En resumen, es la calidad lo que importa.

Ahora bien, ¿cómo se descubren y acogen los valores de un libro, ya sea en las editoriales tradicionales (grandes consorcios y corporaciones) o en las pequeñas y esforzadas editoriales de autopublicación, si no es en la lectura de esa obra en cuestión, en la connotación que ese libro tenga en sus planteamientos, en su forma de presentarse? Para decir que un libro es literatura de verdad (y no una simple maquinación de venta para engatusar a un lector ingenuo, tonto o idiota, en lo cual muchas editoriales tradicionales históricamente tienen tanto que ver) hay que leérselo y saber valorar su contenido y su forma; sentir y analizar cómo ambas cosas (la forma y el contenido) están entrelazadas, fundidas en un misterio que sólo la sensibilidad de la lectura da y el lector asimila.

Asimismo, es sabido que actualmente los autores pueden autofinanciar sus textos con mucha más facilidad que cuando lo hicieron grandes escritores históricamente (Ernest Hemingway, Virgilio Piñera, José Lezama Lima y muchísimos más, entre los que también podemos encontrar a José Martí y a Mark Twain). Los autores de hoy cuentan con más recursos y con la posibilidad de que su obra salga en un 90%, digamos, con una más auténtica imaginación del propio autor.

Sin embargo, no estoy queriendo decir que hay que desechar a las grandes editoriales a favor de las de autogestión. Digo que este es un proceso en el que ambos negocios deben coexistir, para bien no sólo de ellos mismos sino también del lector y de la buena marcha de la verdadera literatura. Los grandes sellos editores no pueden evitar el desarrollo de los pequeños grupos de editoriales que son los que, en realidad, están permitiendo que muchos creadores cumplan su sueño.

Por lo que a mí respecta, soy muy cercano a este fenómeno. Mi libro “La noche del Gran Godo” fue censurado durante muchos años por la misma institución que lo premió, la UNEAC, por la simple razón de que pude viajar a España antes de que se publicara y allí hice declaraciones contra la dictadura castrista. A partir de ese entonces la publicación de mi libro se congeló indefinidamente, nunca se dijo nada acerca de que había sido un galardón importante en cuanto a que se había reconocido por un jurado unánimemente. Un jurado que representaba a una de las más altas instituciones culturales del país. En varias ocasiones durante 19 años hice gestiones con diversas editoriales —de las cuales ya ni quiero acordarme… no vale la pena entrar en ese laberinto subjetivo— y ni siquiera se me respondía. Las razones podrían ser diversas, políticas o de índole comercial; los cuentos no son tan rentables como las novelas o los libros de reportaje explosivos, etcétera. Pero como añado también, no vale la pena entrar a escudriñar eso. El caso es que mi libro demoró 19 años en publicarse, hasta que surgió un apoyo fraternal y de alto reconocimiento intelectual entre Neo Club Ediciones, Alexandria Library y la Editorial Silueta, que me ayudaron tanto en la publicación como con sugerencias de diseño y promoción. Fue entonces que apareció “La noche del Gran Godo” en —según me han dicho numerosos lectores— todo su esplendor. Y lo digo sin tapujos de falsa modestia: en todo su esplendor de forma y contenido. Ahí está su diseño y formato, su paratextualidad, como diría Gerald Genet. Mejores resultados no he podido tener que los que hasta ahora me ha proporcionado esa autopublicación, gracias a las tres editoriales mencionadas.

Entonces, ¿dónde se encuentra la clave de todo? Desde luego, no en las editoriales de autogestión, sino en la obra. Hay que leerse la obra, profundizar en cuáles son sus connotaciones literarias y extraliterarias. No se pueden vetar los libros por querer vetar a las editoriales (que, negocio aparte, están cumpliendo un desempeño humano, muy humano, porque permiten descubrir sensibilidades nuevas). El error de las grandes casas editoriales, de las grandes corporaciones, consiste en creer que van a acabar con la competencia; el error de grandes eventos culturales como el de la Feria Internacional del Libro de Miami consiste en pensar que prohibiendo la participación de ciertas editoriales, como en este caso Alexandria Library, van a dar por liquidado el asunto. Pero la cosa no va por ahí.

Hay que leerse los libros que presentan las pequeñas editoriales de autofinanciación para su participación en las ferias literarias. Eso es lo que debe determinar realmente si se puede participar o no: el valor de las obras. Si los libros tienen valores y connotaciones literarias reconocidas, comprobadas por un grupo diverso de lectores especializados (lectores que realmente  hagan sus análisis llevados por la esencialidad creativa y no por ningún interés extraliterario), deben y tienen el derecho de promoverse en cualquier feria, grande o pequeña, importante o emergente.

Es muy desagradable que esto esté ocurriendo. Que se esté develando que detrás de un justo y verdadero interés cultural predomine un extraño y mísero interés comercial, o de arrogancia competitiva. Los organizadores de la Feria Internacional del Libro de Miami deben recapacitar y darse cuenta de que lo comercial no está reñido con lo literario (si sabemos que estamos hablando de lo que viene a ser la ética del buen negocio y la estética de la buena literatura). Ambos conceptos deben caminar de la mano y, en última instancia, que prime lo literario, lo artístico, lo cultural, en representación de los primigenios y universales valores del ser humano.

http://palabrabierta.com/

Sobre el autor

Manuel Gayol Mecías

Manuel Gayol Mecías

Manuel Gayol Mecías, escritor, investigador literario y periodista cubano, ganó el Premio Nacional de Cuento del Concurso Luis Felipe Rodríguez de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en 1992, y en el año 2004 el Premio Internacional de Cuento Enrique Labrador Ruiz del Círculo de Cultura Panamericano de Nueva York. Ha publicado, entre otros libros, “Retablo de la fábula” (poesía), “Valoración múltiple sobre Andrés Bello” (investigación), “El jaguar es un sueño de ámbar” (cuentos), “Marja y el ojo del Hacedor” (novela) y “La noche del Gran Godo” (cuentos). Reside en California.

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