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Vaya que se traba la Nueva Trova

Vaya que se traba la Nueva Trova

Vaya que se traba la Nueva Trova
abril 03
22:10 2014

El caso de Silvio Rodriguez es muy curioso. Se trata de un inspirado compositor que al parecer ha logrado amasar una considerable fortuna –al menos para los estándares cubanos– a fuerza de cobrarle bien caro sus discos y conciertos a la izquierda, pobre y revolucionaria, de América Latina. Su copiosa producción, cuya cantidad no va en desmedro de la calidad sino todo lo contrario, sí va en desmedro, ha sido diseminada por todos los países del área, con copias del “manifiesto comunista y la historia del hambre”.

A ver, ¿quién no ha guarachado con sus canciones ovaladas… perdón, quise decir… o baladas? Los que no tuvieron la suerte, como la tuve yo, de tropezarse con Led Zeppelin y Black Sabbath a una edad muy temprana, todavía recordarán –con comprensible y hasta loable nostalgia– sus conciertos en la escalinata de la universidad o en el Karl Marx.

Este hombre siempre ha posado de contestatario e irreverente para con un régimen que lo ha aupado a cambio de temas laudatorios, o discursos prefabricados, que él ha sabido encajar, entre canción y canción, dependiendo de la audiencia que lo rodee. Hace poco estuvo en Orlando y lanzó su discursito sobre la liberación de los espías de la Red Avispa que cayeron como moscas en las redes del FBI.

Lo conocí personalmente a finales de la década del noventa. Mientras me desempeñaba como librero en la Plaza de Armas, Silvio Rodríguez pasó por allí y se antojó de un libro de Sor Juana Inés de La Cruz. Lo hojeó por un buen rato, preguntó por el precio y, sin regatear, se lo pasó a alguien que lo acompañaba, luego estrechó mi mano y me dio una dirección en Marianao donde quedaba una oficina que representaba sus intereses, allí debía ir a cobrarlo. Fueron los veinte dólares más escurridizos de toda mi vida.

Pese a que en aquella ocasión se mostró cordial, durante años había escuchado hablar de su mal carácter, al menos con el público cubano, a quien vapuleaba y amenazaba a su antojo. “O cantan ustedes o canto yo” solía vociferarles irritado cuando los presentes intentaban corear sus canciones. Sin embargo, escuchándolo más de cerca, aunque más alejado en el tiempo, y gracias a Youtube, llegamos a la conclusión de que no se trata de su mal carácter sino de su mal oído musical, pues la gente, con sus voces y palmadas, lo confunde. Su cólera y desprecio van contra sí mismo, por tener que reconocer frente  a tantas personas su propia sordera.

Nada, que de la noche a la mañana Silvio se nos ha convertido en un cantor de funeraria. Ya no es ese cantautor que todos nos empeñamos en recordar, sino que se ha vuelto un autocantor, pues si bien es cierto que le asiste todo el derecho a seguir cantando, más le conviene que lo haga en un sitio donde nadie lo escuche, para que no lo puedan interrumpir.

Sobre el autor

Augusto Gómez

Augusto Gómez

Nacido en 1970, graduado en Lengua y Literatura Inglesas en 1993, y librero en las calles de La Habana por más de quince años, salió de Cuba en el 2008. Realizó algunas traducciones para la editorial española Renacimiento, entre las que cabe destacar “Memorias de Arthur Conan Doyle” como la más importante. Toda su producción literaria --dos novelas inéditas y varios relatos-- data de finales de la década de los noventa y los primeros años del 2000. Reside en Miami.

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