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Venezuela, una amarga lección

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Venezuela, una amarga lección

Venezuela, una amarga lección
junio 03
17:17 2016

 

Lo que más me asombra de Venezuela no son las mil y una carencias que sufre ese pueblo hermano, no. No me conmueve lo suficiente el hecho de que siendo uno de los países con mayores reservas de hidrocarburos tenga que importar gasolina (quién sabe si de la refinería de Cienfuegos) para cubrir su demanda, pues eso en un régimen anti-mercado está cantado. Tampoco me sorprende el hecho de que Nicolás Maduro rebuzne como un —y esta vez sí, Villena— auténtico “asno con garras” cuando de un plumazo disuelve el parlamento soberano de esa nación, condenando a los “venecos” a la peor de las ignominias. En resumen, no me descolocan ninguna de las noticias que a diario nos trae internet de los horrores que se cometen contra una población inerme y sufrida.

A mí lo que en realidad me sacude y me pone a meditar profundamente es el hecho de que no haya un solo general, un solo coronel, un solo alto oficial, o sub, o clase, o soldado raso, que sea capaz de meterles par de plomos en el cuerpo a Maburro y a Diosdado Cabello. Otro tanto ocurre con la tropa represora que sale a la calle, de la cual no deserta ni un solo guardia, o sea, que ninguno de ellos de repente advierte que está reprimiendo y abusando violentamente de un compatriota.

Vayamos por partes, como dijo el nada piadoso Jack el Destripador. Primero que todo, hay que admitir de buen grado la enorme y eficaz capacidad que tiene el totalitarismo castrista para inmovilizar ya no solo a la sociedad civil venezolana —como pretendió hacer con la chilena y otras—, sino además a todas las instituciones represivas y de seguridad, formadas técnica e ideológicamente, por lo menos hasta el ascenso al poder de Hugo Chávez, en academias militares norteamericanas afincadas en la Zona del Canal, o incluso en West Point y en Annapolis. De esto se saca una amarga conclusión: si no valoras suficientemente a tu adversario, si lo subestimas, corres el serio riesgo de que te socave paciente y eficazmente desde abajo hasta llegar un punto en que no te reconozcas a ti mismo y te conviertas en un ciervo obediente.

Desde la década del sesenta, cuando la teoría del foco guerrillero devino llave de los truenos castrista para exportar la revolución al subcontinente, ese país se convirtió en teatro de las operaciones de diestros y temerarios guerrilleros cubanos. El tema petrolero, adicionalmente, colocaba a Venezuela en una situación prioritaria para los intereses del castrismo, ya que los costes operacionales resultarían menores desde ese país que desde la antigua URSS. El difunto General Arnaldo Ochoa lideró un equipo de infiltración en los tempranos años sesenta.  Y eso precisamente ha seguido haciendo la G-2 cubana, por lo menos desde hace aproximadamente un par de décadas, dentro del Ejército Venezolano, o sea, infiltrarse para lavar a fondo los cerebros de soldados y clases y meterles mucho, muchísimo miedo en el cuerpo. A la alta oficialidad, fiel hasta ahora al tándem Maburro-Cabello, la han comprado a golpe de petrodólares, pero también metiéndole cámaras de seguimiento hasta en las zonas más íntimas para, llegado el caso, tirar de los videos y chantajear a generales y coroneles. O sea, los típicos métodos mafiosos de “te compro y si te resistes te aterrorizo, y si aún insistes, te liquido”.

Esto explica que, considerando las enormes dimensiones de ese país, ni una sola unidad militar de Barinas, o de Barquisimeto, o de Valencia, o del Táchira, por ejemplo, haya tenido los arrestos suficientes para levantarse en armas, concitar el apoyo del resto del ejército y los cuerpos armados y marchar sobre Miraflores. Y esta paralización de las fuerzas de seguridad venecas, esta fiel subordinación a la bandera de la estrella solitaria antes que a la de Bolívar, ha sido un resultado labrado a profundidad y con precisión por la inteligencia castrista. Tenemos que admitirlo para curarnos en salud. Y yo ahora me pregunto: ¿hasta qué punto la G-2 ha penetrado ya los cuerpos armados ibéricos, preparando así el terreno para el presunto asalto al poder que planean los bolcheviques castizos en connivencia con la mal llamada socialdemocracia española?

Sobre el autor

Enrique Collazo

Enrique Collazo

Enrique Collazo es Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana. Realizó estudios de Doctorado en la Universidad de Educación a Distancia de Madrid. Ha publicado libros sobre las cuestiones de la banca y el crédito en Cuba, tanto en la Isla como en España, y colaborado asiduamente en publicaciones como la revista Encuentro de la Cultura Cubana y su página web Encuentro en la Red, la Revista Hispano-Cubana, Cuadernos de Pensamiento Político e Islas, entre otras. Actualmente reside en Madrid.

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