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Venezuela: Y entonces llegó la guerra

Venezuela: Y entonces llegó la guerra

mayo 18
22:53 2013

estudiantes vEn Venezuela estamos en guerra. Para muchos, esta ha sido una idea difícil de asimilar, quizás porque esperan una declaración formal, un toque de clarín, o algún funcionario cortando una simbólica cinta amarilla inaugural. Olvidaron que las guerras actuales son sutiles, espectrales, no se anuncian, y transcurren en escenarios complejos, difíciles de interpretar. La guerra, así, solo se hace obvia cuando pululan los muertos. Así pasó en Afganistán, en Irak, en Libia, en Túnez, en Siria: las bombas y CNN aparecieron cuando ya la guerra llevaba un buen trecho en las computadoras y en los cuerpos de inteligencia. Hoy, también en las guerras existen concesiones a la realidad virtual.

La guerra en Venezuela empezó en 2004, cuando Fidel Castro tomó el control y se inició la Operación Venecuba. Chávez encendió el mecanismo de ocupación cubana al solicitar de Castro ayuda logística para mantenerse indefinidamente en el poder. Una venta del alma al diablo, en la alegoría de Fausto. Ante una sociedad nada analítica como la nuestra, poco valieron las escasas voces de advertencia (Ej.: Blanco Muñoz, Montaner), y esta operación avanzó sin obstáculos: los cubanos se apoderaron poco a poco y metódicamente de los resortes de la nación, servicios de inteligencia, fuerzas armadas, identificación, CNE, estrategia petrolera, divisas, archivos nacionales, comunicaciones, mientras manejaban a la población con “misiones”, información falsa y noticias forjadas: los famosos distractores conocidos como “trapos rojos”. Como en toda cultura comunista, se desplegó un gigantesco aparato de propaganda. Una parte fundamental de este operativo de dominación fue liquidar la medicina pública nacional y las fuentes de producción de alimentos, sustituyéndolas por mecanismos cubanos de control y penetración social (Mercal, Barrio Adentro), asegurando de esa manera la sumisión y dependencia del pueblo. Se trabajó en socavar el ánimo y la moral de la gente mediante la imposición de funcionarios caricaturescos y la ridiculización de los procedimientos legales. La vida en este país se fue convirtiendo paulatinamente en lo que es hoy: una pantomima.

Se construyó una base de datos en la que cada uno de nosotros tiene un archivo en donde constan nuestros trabajos, ahorros, gustos, enfermedades, medicamentos que usamos, celulares y correos electrónicos. Hoy en Cuba saben que refresco tomas, que medicamentos necesitas, como piensas, que haces cuando viajas, quienes son tus amigos, tus parejas, con quien te acuestas, por quien votas, cuanto dinero tienes y en donde lo guardas. Te has convertido en algo muy vulnerable. Es el control total. La inteligencia cubana es hija de la extinta Alemania Oriental, cuya policía secreta llegó a ser la más eficiente y cruel del mundo. Sus cerebros son egresados de la Universidad de Ciencias Informáticas de Cuba, una tacita de plata en medio de la miseria de la isla. Son agentes expertos en computación, en estrategias y sistemas, y están respaldados por la experiencia de 50 años de dictadura comunista, y la escuela cuasi psicotrópica de la antigua KGB. Uno supone que este servicio de inteligencia solo es superado por EEUU, la OTAN, Rusia, China, y el MOSAD. No queda mucho margen para el Tercer Mundo.

Tras esta invasión, que usó a Chávez como cabeza de playa, y contó con la displicencia de una sociedad egoísta, desarticulada y poco patriótica, hoy somos un país ocupado y sometido; Cuba manda en Venezuela a través de marionetas, cipayos, y políticos corruptos (oficialistas y opositores). La legitimidad de esta invasión cívico-militar se obtiene a través de votos garantizados, porque las elecciones de Venecuba están hechas para ganarlas siempre La infraestructura tecnológica que permite controlar las elecciones desde Cuba ya ha sido explicada ampliamente por el general Peñaloza y fuentes en EEUU.

En estos momentos vivimos la segunda etapa de esta guerra: la consumación militar. A partir de ahora habrá mucha violencia abierta, sin disimulos. Se generalizarán las persecuciones, las redadas y las alcabalas militares. Ya hemos visto en estos días fusilamientos en la calle. Hemos visto el uso de “perdigones” que no son perdigones y dejan heridas penetrantes y anfractuosas, con tejido necrótico por quemaduras, lo cual apunta a municiones especiales, expansivas, químicas, y quien sabe que más. Estas heridas pueden ser mortales, porque traspasan la pared abdominal o del tórax y exponen vísceras.

Por la calle transitan libremente escuadrones de la muerte, protegidos por el gobierno. El invasor usa tanto fuerzas uniformadas como fuerzas paramilitares encubiertas no uniformadas de forma que es muy difícil anticipar un ataque. Es guerra de guerrillas pero con un apoyo electrónico descomunal. Saben el punto exacto donde atacar para generar una muerte específica estratégica y diseminar terror al mismo tiempo

El objetivo es abatir toda forma de resistencia.

Los jóvenes interpretaron correctamente el tiempo que vivimos y se echaron valientemente a las calles, creyendo que Capriles se había convertido en el líder necesario que todos esperamos. Tenían muy claro que el enemigo es Fidel Castro, es Cuba, y que esta debe ser una guerra de independencia y no una campaña política. Por eso sus consignas eran “Fuera Cuba”, “Fuera Fidel” desde que hicieron la toma de la plaza de La Castellana.

Dejaron su sangre en las calles, fueron perseguidos, golpeados, encarcelados, humillados, torturados, y algunos hasta desaparecidos, por fuerzas militares cubano-venezolanas, como ha sido denunciado a través de las redes sociales. Y ante estos acontecimientos la mejor respuesta del “líder” fue invitar a replegarse, a tocar salsa, o a algún inofensivo cacerolazo, todo “en casa”. ¿A qué le juega Capriles? ¿Y la OEA? ¿Y UNASUR? ¿Quieren hacernos creer que el escenario de tanta violencia del estado no es un escenario bélico sino el ejercicio de una democracia muy dinámica y creativa? Así las cosas, los jóvenes guerreros fueron abandonados a su suerte. Nadie saldrá en defensa de las víctimas, y los atropellos se multiplicarán. El gobierno gana tiempo y oxígeno, puede celebrar la “coronación” en paz y obtener un desvergonzado apoyo internacional, mientras la oposición espera ingenuamente una auditoría que durará meses y que no concluirá en nada. Para Cuba no vale replegarse, no se contempla eso, no dejarán que les quiten la presa de la boca. Desde los tiempos de Alejandro es ley que la guerra trae el botín, y aquí el botín es nada menos que una potencia petrolera. ¿Es tan difícil para algunos entender que Cuba no se irá de aquí por las buenas? Remember Grenada.

¿Y Estados Unidos que dice al respecto? ¿Le están zapateando en su patio? ¿Por qué su aparente indiferencia ante el avance cubano? Por mucho menos de lo que ocurre aquí, intervinieron en países de Centroamérica. Quizás en los siguientes meses se puedan descubrir algunas de las claves escondidas detrás de esta terrible tragedia. Todo parece indicar que Venezuela es hoy la inocente víctima de una gran conspiración internacional. Nuestro país no es un país latinoamericano cualquiera, ésta es una tierra muy especial, con una situación geográfica de privilegio, con la mayor reserva petrolera del mundo, la segunda fuente de agua potable del mundo, una fuente inagotable de recursos, metales estratégicos, pesca, biomasa. Un banco genético muy rico, ecosistemas únicos, y todo esto en un territorio sin tsunamis, sin volcanes, sin huracanes, sin terremotos catastróficos, buen clima ¿Qué país del mundo puede albergar tanta riqueza? Y ahí mismito frente a EEUU. Extraña que con tanto venezolano que opina, a nadie se le ocurra preguntarse que sucede realmente aquí, que hay detrás de esta pleomórfica historia que vivimos, más allá de la evidente banalidad en las explicaciones disponibles ¿Cuánto de lo que vemos es fachada? ¿Qué planea EEUU? ¿Y que otras fuerzas están en el juego? ¿Será esta historia algo como la película “What?” de Polansky? ¿Desaparecerá el país Venezuela con la rapidez con que se hundió el Titanic, sin dar tiempo a alguna explicación razonable? ¿Acaso somos los violinistas de aquel famoso buque?

Una cosa es cierta: No esperemos un desenlace lógico. Venezuela no tiene una historia convencional, empezando por su mismísima génesis geológica, ya que en lo que es hoy el macizo guayanés se formó la Luna tras el impacto de un meteorito. Somos los padres de la Luna.

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