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Vergüenza

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Vergüenza

Vergüenza
febrero 23
00:48 2016

 

Una de las cosas que hay que tener en cuenta cuando se escribe, y cuando se habla también, es el orden de las palabras dentro de la oración, de la frase dentro del párrafo. Hay que seguir la lógica del pensamiento. El ejemplo clásico de lo que digo es “Vendo cama para matrimonio de hierro”.

En una breve nota sobre el caso de Michael Hernández, el asesino de Jaime Gough, el Nuevo Herald de hoy, 22 de febrero de 2016, dice así:

“Un juez anunciará si un hombre del sur de la Florida seguirá cumpliendo una sentencia de cadena perpetua o por el contrario tendría una condena más leve tras haber sido hallado culpable de haber asesinado a cuchilladas a un amigo de la escuela intermedia en la que estudiaban.

Ahí dice que la condena será más leve tras haber sido hallado culpable. Vaya, vaya. Traslademos la frase “o por el contrario, tendría una condena más leve…” para el final de la oración y quedaría así, con un par de arreglitos:

“Un juez anunciará si un hombre del sur de la Florida seguirá cumpliendo una sentencia de cadena perpetua tras (o por) haber sido hallado culpable de haber asesinado a cuchilladas a un amigo de la escuela intermedia en la que estudiaban o si, por el contrario, tendría (o tendrá) una condena más leve (teniendo en cuenta…).

El último párrafo del mismo artículo dice:

“La Fiscalía dijo que Hernández debería seguir tras las rejas de por vida. Diversos testimonios indican que Hernández permanece obsesionado con la muerte y ha terminado por convertirse en un asesino serial”.

Dice que “Hernández ha terminado por convertirse en un asesino serial”. ¿Pero es que ha matado a varios más dentro de la cárcel? Esto es imperdonable. Es una falta de respeto a los lectores.

Y una más de el Nuevo Herald: Hace tiempo que he observado que la encuesta que el periódico hace todos los días la redactan, por lo menos, dos personas. Una de ellas sabe usar el subjuntivo y la otra no. La que no sabe siempre pregunta con el verbo creer, y siempre lo hace mal. Decimos “creo que viene o que vendrá” (verbo en presente o en futuro), es decir, que cuando creo algo la oración subordinada va en indicativo, porque creo, porque no dudo, porque el modo indicativo es el modo de la realidad. Cuando decimos “no creo que / no pienso que / dudo que / etc. la subordinada va en subjuntivo, porque el enunciado es subjetivo, no es real. Y hoy, la encuesta dice:

“Debido a la profunda crisis económica en Venezuela, ¿cree que Nicolás Maduro salga del poder durante el 2016?”. Debería decir: “¿cree que Nicolás Maduro saldrá del poder durante el 2016?”

Yo creo que Maduro saldrá del poder, pero dudo que esta persona salga de la redacción del periódico. El poder del enchufe: tema para otra columna.

Sobre el autor

Madeline Hernández

Madeline Hernández

Madeline Hernández, traductora, editora, profesora de español, es doctora en Pedagogía por la Universidad de La Habana. Ha sido conductora de diversos programas de radio y televisión orientados a la educación infantil. Es fundadora del INPYL (Instituto Nacional para Párvulos y Lactantes), primero de su tipo en Cuba. Al ser intervenido el negocio por el castrismo, Madeline se dedicó a la enseñanza del idioma español para profesionales y extranjeros. Reside en Estados Unidos (ProfesoraMadeline@gmail.com).

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