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Vidas pintadas por Ana Lucía Ortega

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Vidas pintadas por Ana Lucía Ortega

Rebeca Ulloa y Ana Lucía Ortega durante la presentación del libro en el Festival Vista

Vidas pintadas por Ana Lucía Ortega
diciembre 17
16:59 2016

 

Luego de una larga y fructífera trayectoria como realizadora de documentales y audiovisuales, y de los éxitos de sus dos libros con Agualarga, Ana Lucía Ortega sorprende con la publicación de su libro de cuentos Vidas pintadas para sobrevivir, con copyright a su propio nombre y publicada en papel y en eBook con Amazon, donde se puede encontrar. El libro es un compendio de 15 relatos con carácter testimonial, escritos la mayoría en la década del 90 en Cuba, y que hacen un paneo por el contexto social que atravesaba la Isla en esos años (tristemente, casi todas podrían haber sucedido en estos días). El libro, en mi criterio, acude al costumbrismo como tendencia artística, rescatando aspectos y asuntos importantes de la vida real de la Isla en este último medio siglo.

Los temas se van entremezclando y nos dejan ver con claridad esas vidas que hacen el esfuerzo diario por sobrevivir en un medio hostil. Pero no nos dejan un sabor amargo, al contrario, en ocasiones nos reímos, en otras se nos hace un nudo en la garganta y siempre vamos a dar a una reflexión, a una comparación, un recuerdo que anda por ahí y no acabamos de desenterrar porque es más fuerte que nosotros mismos. Ese recuerdo que nos supera y que Ana Lucía capta y comparte con nosotros.

La sorpresa en la lectura de este libro es algo que agrada sobremanera, nunca se sabe a ciencia cierta hacia dónde va la trama en cada narración. Una vez que se empieza a leer el relato, ya no se puede abandonar. No es que el final sea sorprendente, es que la misma ruta de la historia resulta absolutamente inesperada.

“El premio” se inicia con una escena típica en Cuba, el tema de las guaguas (buses), la larga espera, el mal genio de los pasajeros y hasta la bronca: Un piñazo hace que una joven diga creer que le han partido un ovario. Y sin saber cómo, con destreza mágica, nos vemos ante unas chicas que, al subir, habían promovido la discusión y terminan jugando con el cartero, copiando respuestas de las cartas para un premio en la emisora. El final… bueno, cuando lo lean se van a reír y a quedar pensando.

Sin dudas, el hecho de pensar en imágenes y buscar la síntesis necesaria para la producción audiovisual hace que en Vidas pintadas para sobrevivir con poco se diga mucho. A veces la intervención de un personaje resuelve la situación y da un mensaje claro, una pista para llegar al final, como sucede en “A río revuelto” cuando Tomas dice:

“¿Ustedes no han oído decir que las Singers de lanzadera tienen una pieza de platino dentro del brazo? Pues es que todo el que tenía una Singer de aquellas la ha destrozado para cambiar la pieza por chavitos… ¡Y claro, yo me he puesto las botas arreglando máquinas Singers!”.

Aquí el mismo título se incorpora intrínsecamente a la historia. Tomás sale ganando en el río revuelto que fue en Cuba el cambio de oro y plata por chavitos para la compra de pacotillas.

“A río revuelto” inaugura el libro y es un buen abrebocas para seguir leyendo. Así se van sucediendo historias que dejan ver la escasez, los conflictos, lo difícil que era conseguir un turno para comer en un restaurante en la capital y luego para conseguir que sirvieran la comida. No podía faltar el tema, casi un síndrome en el arte cubano, de la larga y manipulada invasión de Estados Unidos a Cuba, como en “Están bombardeando” y “El refugio anti bomba”. Encontramos el corte de caña, donde el sentido “voluntario” de la incorporación a las labores agrícolas, como sabemos, nada tenía que ver con la voluntad de los estudiantes y trabajadores. En “El rebaño seductor”, explícitamente, el personaje habla de la simulación, esa herramienta que en Cuba era y es indispensable para sobrevivir. Tanto es así que dice:

“…estuvo intentando zafarse de encima aquella tarea harto desagradable y siempre puso por delante el problema mecánico de su rodilla derecha… Pero la Ujotacé, el sindicato, la revolución, la idea, el marxismo leninismo, la consagración, el periodo especial, se aunaron para hacerle una encerrona en cuyas redes cayó cual pichón escurrido de un nido”.

Tengo la sensación que Ana Lucía da más importancia a las historias que a los personajes. No obstante, hay personajes que se nos quedan clavados entre pecho y espalda, como es la Adita de “El juego al ahorcado”, que diríamos que ronda la llamada literatura sucia, tan aplaudida en los últimos tiempos y que logra escarbar en esos temas que por pudor, por inhibición, quedaban, generalmente, fuera del tratamiento literario. Incluyo aquí a “El sucio”, cuyo título ya lo ubica en el género. Inolvidable el personaje de la empresa telefónica de “El manjar” y otros tantos: como si nos dejaran asomarnos al interior de cada uno y, a la vez, poder reconocer en ellos a amigos y hasta a nosotros mismos.

Llamo la atención finalmente sobre el último de los relatos, “El torturado”, escrito en tres episodios, donde la autora hace gala de su mejor dominio de los juegos y recursos literarios, dando animación a unas gafas que casi compiten en el papel protagónico con Troncoso, un personaje que sufre la separación familiar y finalmente quiere también viajar y se le hace un tanto difícil por su trabajo y sus veladas intenciones.

Lo singular de este libro es que Ana Lucía Ortega se acerca a estos temas pero por otros caminos. No basta esta presentación para comentar todo lo que se encuentra en este libro, fuente inacabable de curiosas anécdotas que llevan a que el lector vuelva una y otra vez a la lectura de Vidas pintadas para sobrevivir.

Ana Lucía Ortega, cubana de La Habana, de Santiago de las Vegas, licenciada en Periodismo por la Universidad de La Habana y en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Complutense de Madrid, es autora de los libros Iglesias de Cuba y Museos de Cuba con la editorial española Agualarga. El primero se colocó en la lista de los bestsellers en la categoría no ficción en la ciudad de Miami (1999). Ganadora de premios por sus trabajos televisivos en Cuba, donde trabajó en los Servicios Informativos de la televisión cubana. Ha publicado artículos en las revistas Historia 16, Hispano-cubana, Pymes y Ser empresario del siglo XXI. Trabajó en la gestión de la revista municipal del Ayuntamiento de Madrid “Calidad de Vida”. Colaboró con la Agencia Cover, de Madrid, haciendo reportajes de actualidad para revistas de gran circulación. Desde el año 2000 escribe crónicas en la sección de ‘Viajes’ del periódico estadounidense El Nuevo Herald. Colabora con el programa “Europa en Círculos”, de Radiocirculo, del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Gestiona el blog http://www.webperiodismo.com Es miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Corresponsales de Prensa Iberoamericana, con sede en Madrid, desde abril de 2016.

Para adquirir el libro en Amazon:

http://www.amazon.com/Ana-Lucia-Ortega-Alvarez/e/B00MD4ZO7A

Presentación del libro en el V Festival Vista de Miami. Miami Hispanic Cultural Arts Center. 8 de diciembre de 2016

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Sobre el autor

Rebeca Ulloa

Rebeca Ulloa

Rebeca Ulloa (Guantánamo, 1949) es narradora, periodista, guionista de radio y televisión, promotora, productora cultural, crítica y ensayista. Técnica en informática, fue profesora universitaria y asesora de tesis de grado de la Facultad de Comunicación Social (Colombia 1998-2008). Es también curadora y ha obtenido numerosos lauros y reconocimientos por su obra literaria y radial. Su primer premio literario lo recibió a los 15 años de edad. Ha publicado varios libros con la coautoría del maestro Arístides Pumariega.

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