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Virgilio Piñera en el ojo de la tempestad

Virgilio Piñera en el ojo de la tempestad

Virgilio Piñera en el ojo de la tempestad
febrero 06
08:38 2014

Virgilio Piñera nació en Cárdenas el 4 de agosto de 1912 (1). Es posiblemente  el escritor cubano más prolífico del siglo veinte. Vivió en Cuba casi toda su vida, excepto por unos cinco años en total que pasó en Argentina, donde se publicaron dos de sus obras más importantes: Cuentos fríos y la novela La carne de René. Después del triunfo de la revolución, trabajó en el periódico Revolución y dirigió las “Ediciones Erre” durante varios años, hasta que cayó en desgracia. Se le considera el padre de la literatura del absurdo en América Latina y los críticos de su obra han hecho múltiples referencias a las debilidades de muchos de sus personajes principales, incluido “Carlos”, el protagonista de su pieza teatral Una caja de zapatos vacía.

No obstante, la debilidad que presentan dichos personajes nunca reflejó con exactitud el temperamento de Piñera. Ese miedo que dijo tener cuando se puso de pie en la Biblioteca Nacional en 1961, aquel señalado día en que Castro dictaminara que dentro de la revolución todo estaba admitido, pero nada que estuviera contra ella, tampoco retrataba a Virgilio. Bien mirado, este hecho de levantarse y decir ante todos los reunidos que tenía miedo, fue un acto de valentía. Piñera no fue ni débil ni cobarde. Era, por el contrario, un hombre estoico que jamás traicionó la justicia y la honestidad en que creía. Por no abandonar la tierra que veneraba trató de sobrevivir en aquella Cuba aplastante que surgió a partir de 1959. Paradójicamente, se salieron con la suya él y Cuba; él, porque logró subsistir allí un buen número de años; la Cuba de entonces, porque las medidas represivas del castrismo y la censura lograron aniquilarlo (o silenciarlo) en vida a partir de la década de los años sesenta. El Premio de la Casa de las Américas por su obra Dos viejos pánicos (2), en 1968, fue el último reconocimiento “oficial” que se hiciera a su obra antes de su muerte, y esto en sí fue una “equivocación”. Piñera había comentado con sus amigos, como era su costumbre, algunos pormenores de la pieza que acababa de escribir, pero el texto mismo nadie lo había visto; cuando decidió que su obra debía concursar, le asignó un nuevo título y se tomó el trabajo de hacer cambios en sus personajes, que originalmente eran dos hombres cuya relación era íntima; los convirtió en hombre y mujer, y los llamó Tabo y Tota. Con todo esto evitaba que ni los jueces ni los encargados de poner en sus manos los manuscritos, pudieran identificarlo como el autor del drama; en cartas suyas, por aquellos días, me confiaba que los protagonistas se habían llamado, inicialmente, Rin y Ran, y que había titulado su pieza Los Rinranistas. Piñera presentó su obra anónimamente, y el jurado que la premió, aunque contaba con un cubano, era mayormente internacional (3). Cuando los organismos oficiales de la intelectualidad revolucionaria advirtieron que Dos viejos pánicos era de Piñera, no pudieron ya hacer nada para alterar el curso de los acontecimientos. Pero vale aclarar que para el siguiente concurso se cambiaron las reglas y no se admitieron obras sin la correspondiente identificación del autor.

Piñera fue un furibundo anticomunista. A principios de la Revolución tuvo el entusiasmo que compartió con otros hombres buenos, y su inicial fervor por el nuevo gobierno en que tantos individuos como él habían cifrado sus esperanzas se puso de manifiesto en prólogos y declaraciones suyas, pero pronto comprendió la traición de que él y el pueblo cubano habían sido objeto. Sin embargo, más inflexible que muchos otros escritores del momento que permanecieron en la Isla y prefirieron mantenerse dentro de la Revolución, no para meramente sobrevivir, sino para medrar, se negó a escribir una literatura comprometida con los dogmas imperantes. Dentro de la vigilancia y la represión se arriesgó muchas veces para que estuviera clara su postura. Cuando se publicó su novela Presiones y diamantes (4), en 1968, la comidilla entre intelectuales (amigos o no) era que el diamante “Delphi” a que se aludía en la novela y que terminaba arrojado en un inodoro era Fidel (las sílabas invertidas de Del-phi son Phi-del, Fi-del, nombre al cual se llega igualmente repitiendo la palabra “Del-phi-del-Fidel”). El propio Virgilio se reía de su burla. A principios del siguiente año me llegó clandestinamente su obra Una caja de zapatos vacía (5), un violento ataque al régimen de opresión en que vivía; en ella no se daba el nombre propio del tirano porque esto habría costado al escritor represalias por parte del gobierno y seguramente cárcel. Se había ocupado de poner a salvo la obra que consideró posiblemente su testamento político.

1. Piñera murió en La Habana, el 19 de octubre de 1979. 2. Piñera, Virgilio. Dos viejos pánicos (La Habana: Casa de las Américas, 1968). 3. Ese año, los miembros del jurado fueron Max Aub, Hiber Conteris, José Celso Martínez Correa, Manuel Galich y el cubano Vicente Revuelta. 4. Piñera. Presiones y diamantes (La Habana: UNEAC, 1968). 5 Piñera / Luis F. González-Cruz. Virgilio Piñera. Una caja de zapatos vacía. Edición crítica (Miami: Ediciones Universal, 1986).

Conocí a Piñera muy joven, en 1962, cuando yo ya comenzaba a escribir poesía y a interesarme en cuestiones literarias y teatrales. Pero me llevó a su casa un asunto inusitado. Acababa de graduarme de Técnico de Laboratorio y trabajaba en el Hospital Ortopédico de La Habana, dedicando  buena parte de la mañana a hacer extracciones de sangre. Virgilio necesitaba a alguien que le administrara ciertas inyecciones (algunas intravenosas) dos o tres veces por semana, y a través de un amigo común vine yo a realizar esta labor y a hacerle las programadas visitas durante largo tiempo, en las que, después del requerido pinchazo, había dilatadas conversaciones sobre los temas que a él más le interesaban; nuestra amistad a partir de entonces siempre se mantuvo. En la Universidad de Pittsburgh (donde yo completaba mis estudios para el doctorado y escribía un extenso estudio sobre la obra de Piñera) había una profesora que fue a Cuba en 1969 invitada por el gobierno, y a petición mía se puso en contacto con el escritor. Él le dio un sobre sellado que me trajo la académica, cuyo equipaje no sería revisado a la salida de la Isla, y que contenía correspondencia personal, breves escritos, su libro de poesía La vida entera (6) y una copia (al papel carbón) de Una caja de zapatos vacía (7). Debía guardar este último tesoro y esperar, pues intentar su publicación en los Estados Unidos habría sido perjudicial para el dramaturgo y empresa imposible para mí sin contar yo con su autorización escrita para hacerlo. Al fin vio la luz varios años después de su muerte, cuando obtuve los derechos de autor correspondientes a través de su hermano Humberto y cuando pude, con calma, transcribir la copia que tenía, en ocasiones difícilmente legible, por lo gastado del papel carbón que Piñera usaba demasiadas veces. El manuscrito que llegó a mis manos tenía múltiples anotaciones, se habían hecho en él correcciones a mano para cambiar unas palabras o frases por otras, y hasta se añadió o eliminó algún texto.

Rine Leal, en Cuba, planeaba una publicación de las obras completas de Virgilio, y al aparecer mi edición de Una caja de zapatos vacía en los Estados Unidos, en 1986, y enterarse de este hecho, me escribió interesado, pidiéndome que le enviara cuanto antes un ejemplar del libro. Cumplí con su petición. Durante la correspondencia que mantuve con él me informó que no incluiría Los siervos (8) (obra de Piñera publicada en la revista Ciclón en 1955), pero no me daba explicaciones de los motivos de su decisión. La pieza [Los siervos], dicho sea de paso, por su contenido anticomunista ya había sido excluida una vez antes, al editarse en 1960 su primer Teatro completo. (9)  Hoy, es claro que la diatriba política de Piñera en Los siervos era tan polémica que ni el Sr. Leal se atrevía a darla a conocer públicamente en el nuevo volumen que preparaba.

A pesar de haber sido compuesta trece años después que Los siervos, fue Una caja de zapatos vacía la obra que causó con su puesta en escena una gran conmoción, y no en La Habana, sino en Miami, tras su estreno mundial realizado por Teatro Avante en 1987, hace veinticinco años, durante el Segundo Festival de Teatro Hispano. (10) Los que vivimos aquel evento sin precedentes recordamos el Teatro de Bellas Artes abarrotado noche tras noche, y la polémica que se produjo a partir de la puesta en escena de Alberto Sarraín, que a una periodista de El Miami Herald le pareció detestable porque hacía alusiones demasiado obvias al régimen castrista, incorporaba la irrupción de unos milicianos en la casa de Carlos —el protagonista— y dotaba de música algunas tiradas del segundo acto. Sus acusaciones tuvieron respuesta inmediata en el mismo periódico, que contaba entonces con un jefe de redacción imparcial, dispuesto a publicar críticas que no coincidieran con las de sus reporteros; día tras día, por más de una semana, fueron apareciendo en aquellas páginas alegatos, defensas de la producción y aclaraciones —dos de ellas mías, por cierto— que trataban de situar a Virgilio Piñera, políticamente, en el lugar que le correspondía.

En Una caja de zapatos vacía, Carlos se adiestra en el sufrimiento y las torturas que tarde o temprano habrán de llegarle realmente en la sociedad brutalizada donde vive para estar preparado y poder sobrevivir cuando la verdadera tortura llegue. [Comentario semejante al de Dos viejos pánicos, donde el juego a morirse tiene el objetivo de ahuyentar la muerte, de meterse en ella para romperla desde dentro.]

En 1971 terminó otra obra, Un arropamiento sartorial en la caverna platómica, que también sacó secretamente de Cuba y llegó a manos de su hermano Humberto. Esta pieza es como un juego donde el autor concluye que para subsistir, el hombre ha de ocultar lo que realmente es, usar palabras al revés, tergiversar su verdad y usar caretas con que encubrir el propio ser: recursos que en la sociedad cubana son el pan de cada día y llegan a deformar al ser humano que se ve obligado a vivir en una constante suplantación de caretas, de personas. Si hiciéramos un viaje retrospectivo encontraríamos que ya en agosto de 1959 había tenido Virgilio su primera dificultad cuando Mirta Aguirre, crítico teatral del diario comunista Hoy, había censurado su obra El flaco y el gordo por su ambiguo y “negativo” mensaje político.

Los aparentes retruécanos en la producción literaria de Piñera posterior a 1959 no son más que el manto con que encubría los horrores a que se veía sometido día a día en el comunismo que rechazaba. Pero irónicamente, el destino se empeñó en que Los siervos, obra escrita antes de la Revolución, viniera a acosarlo a posteriori. De esta pieza se sabía muy poco porque nunca fue republicada, en vida del autor, después de su inclusión en Ciclón, revista que dirigía José Rodríguez Feo, gran amigo y mecenas de Virgilio, en noviembre del referido año 1955.

En Cuba, después del comienzo de la Revolución, el número de Ciclón donde aparecía Los siervos (del cual quedaban escasos ejemplares) circulaba secretamente por lo severo del ataque que hacía Virgilio en la obra al sistema comunista; en ella aclara cómo el comunismo es una forma suprema de elitismo en la cual se convierte a quienes no pertenezcan a la élite en siervos, dentro de un sistema donde se practica la más total desigualdad. Al final de la obra, el oficial Orloff expresa: “Todo aquél que no acepte la desigualdad de nuestra igualdad, será pasado por las armas”. Otro personaje aclara cuál es la deficiencia básica de esta forma de gobierno. Dice: “Uno puede seguir siendo señor aunque tenga que serlo encubiertamente. Eso no molesta. Pero a un siervo le molesta que lo hagan pasar por camarada con todos los derechos, siendo en realidad siervo sin ninguno de los derechos”. Debo apuntar que prácticamente todas las obras de Piñera se han ido poniendo en Cuba y que allí también se harán homenajes este año de 2012 que lo recordarán de diversos modos. Se planea, además, una nueva edición de su Teatro completo que, aparentemente, contendrá toda la producción dramática de Piñera e incluirá sus obras más controversiales (11).

6. Piñera. La vida entera (La Habana: UNAC, 1969). 7. El 31 de marzo de 2005, doné el manuscrito de esta obra, que tuve en mis manos durante treinta y seis años, a la Cuban Heritage Collection de la University of Miami, donde se conservan otros muchos tesoros de las letras cubanas. 8. Piñera. “Los siervos”, Revista Ciclón (La Habana, 1, 6, 1955), Págs. 9-29. 9. Piñera. Teatro completo (La Habana: Ediciones Erre, 1960). 10. Teatro de Bellas Artes, del Primero al 10 de mayo. 11. El presente texto aparecerá publicado posiblemente mucho después de la fecha actual, 28 de julio de 2012, cuando he terminado su redacción. En el día de hoy, no sé cuál será el destino de la nueva edición de las Obras completas de Piñera que ahora se prepara. Hago constar, además, que por no residir en Cuba ni viajar a la Isla, me resulta imposible seguir de primera mano o como testigo presencial los eventos que ocurren allí.

El absurdo en la obra de Piñera —que en realidad se inicia con su pieza En esta helada zona (12), de 1943, año en que también terminó Electra Garrigó— no fue en sus manos un mero recurso literario, sino un arma que empuñó para cuestionar y valorar la naturaleza del hombre, de los hombres, de los buenos y de los malos, y sobre todo la del cambiante medio social y político en que le tocó vivir. Tristemente, su crítica política, para la recalcitrante revolución cubana, aún disfrazada de absurdo, se hizo demasiado obvia a los cabecillas más cultos de la misma (y a los más envidiosos), quienes tomaron cartas en el asunto para silenciar al autor. Aun aquellos escritos que no atacaban indirectamente al gobierno, tenían un mensaje que no era de interés al nuevo régimen cubano puesto que no iban encaminados a censurar la sociedad prerrevolucionaria con una determinada ideología política, o a la edificación del hombre nuevo que proponía Castro. Durante dieciocho años no se publicó en Cuba ninguna obra creadora de Virgilio Piñera, aunque él continuó escribiendo a su paso acostumbrado; de ellos, transcurrieron ocho después de su muerte para que se rompiera allí el largo silencio.

12. De las dos primeras piezas escritas por Virgilio Piñera se sabe, hasta hoy, muy poco. La primera fue Clamor en el penal, de 1938. La segunda, En esta helada zona, tuvo cierta divulgación, aunque nunca fue publicada y él finalmente la rechazó. No dudo que el éxito que tuvo Electra Garrigó en 1958 (su estreno en el 48 no tuvo muy calurosa acogida), sin duda una de las mejores piezas de Piñera, hizo que modestamente engavetara la otra que no llegaba a la altura de su obra maestra. Yo tuve oportunidad de leerla y esto fue pura casualidad, ya que Julio Matas, a quien también conocí durante la década de los años sesenta, tenía una copia y había estado estudiando el personaje principal para interpretarlo él en un planeado montaje que nunca llegó a materializarse. Matas, antes de marcharse de Cuba definitivamente, en 1965, le devolvió la obra a Piñera y este último posiblemente la destruyó. Según recuerdo (han pasado cincuenta años de mi lectura), la pieza trata de una familia que quiere vender una gran finca en la cual se encuentra un ingenio azucarero. Para poder disponer de la propiedad, se necesita la aprobación del protagonista, quien se niega a venderla. Hay múltiples escenas en que se buscan subterfugios para hacer que el joven firme los papeles, pero él no actúa de un modo normal: cuando le hablan o le tratan cualquier asunto serio, dice frases incoherentes, cosas que nada tienen que ver con la realidad. Virgilio le había dicho a Matas que el personaje era como el del príncipe de El idiota, de Dostoyevski. La situación es absurda, así como la construcción misma del protagonista, lo cual es un anticipo de lo que vendrá después en la literatura de Piñera. Julio Matas memorizó muchos bocadillos. Me refiere que había uno que se le quedó grabado en la memoria; según él, el personaje entra a un salón y mirando desde su altura a los concurrentes, dice: “Con una mano sostengo el perro de la noche y con la otra saludo levemente a los invitados”.

La reputación de Piñera, en general, y la curiosidad e interés del mundo anglosajón, en particular, por este escritor, continúan creciendo; muchas de sus obras han sido traducidas ya al inglés, y la notoria Una caja de zapatos vacía circula fuera de Cuba también en esta lengua en el volumen mío titulado Three Masterpieces of Cuban Drama. Plays by Julio Matas, Carlos Felipe, and Virgilio Piñera (13), publicado por Green Integer (Sun & Moon Press), que lo distribuye ampliamente desde Los Ángeles y Londres a los países de habla inglesa. La obra, en inglés, se ha puesto muchísimas veces, incluso en lugares tan distantes de nosotros como Singapure y Hong Kong. La referida edición ha tenido diversas reseñas que han visto bien claro el fuerte contenido político de Una caja de zapatos vacía. En una de ellas, aparecida en Cross Cultural Politics, (14) Deborah Meadows justamente califica a Piñera como “a lead member”, un líder de su generación, un escritor que, “políticas aparte”, ha influido enormemente sobre muchísimos autores cubanos contemporáneos de él y los que le han seguido, dentro y fuera de la Isla, en el siglo pasado y todavía en éste. Quizás sea un poco atrevida la propuesta con que termino estos apuntes, pero creo que ha habido dos escritores en nuestro país que han contribuido a cambiar el curso de sus letras, y sería posible referirnos a nuestra literatura como la escrita “antes o después de Martí” y “antes o después de Piñera”.

13. González-Cruz, Luis F. and Ann Waggoner Aken, Editors and Translators. Three Masterpieces of Cuban Drama. Plays by Julio Matas, Carlos Felipe, and Virgilio Piñera (Los Angeles: Green Integer, 2000). 14. Meadows, Deborah. “Three Masterpieces of Cuban Drama. Plays by Julio Matas, Carlos Felipe, and Virgilio Piñera, a book review”, Cross Cultural Politics (United States: 10, 2002), Págs. 135-140.

Sobre el autor

Luis F. González Cruz

Luis F. González Cruz

Luis F. González Cruz nació en Cárdenas en 1943. Es autor de numerosos libros, entre ellos de la trilogía “El arco iris de Olorún: anatomía de un cubano soñador”, “Las nalgas de Olorún” y “Frente al espejo de Olorún: el fin del baile”. Su obra ha recibido reconocimientos especiales: Penn State University, Mairena, Premio de Cuento de la Revista Chicano-Riqueña, American Council of Learned Societies, Premio Letras de Oro, etcétera. Es Doctor en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Pittsburgh y Profesor Emérito de la Penn State University. Reside en Estados Unidos.

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