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Vuelve Nostradamus: Tercera Guerra Mundial

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Vuelve Nostradamus: Tercera Guerra Mundial

Vuelve Nostradamus: Tercera Guerra Mundial
noviembre 30
20:26 2015

 

Tras la masacre terrorista de París, el pasado 13 de noviembre, en Internet circula la paranoia, el miedo a una inminente tercera guerra mundial “avisada”. El temor viral se cuela en los celulares, las tertulias, la TV, en todo y ha resucitado a Nostradamus y el Apocalipsis. No se ha paralizado el mundo, como cuando el pánico aquel del ataque de los marcianos que provocó una narración radiada por Orson Welles, en 1938.

Pero aquello como ahora es una falacia bien condimentada por la masiva resonancia de los actuales noticieros globales, en busca de ratings y por el efecto chismoso de las redes sociales. ¡Hay que vender, poner fuego a la leña, se vale todo! Vivimos en plena “civilización del espectáculo”, como dice Vargas Llosa.

Lo interesante es toparse con pensantes que deducen cierta verdad de la orquestación mediática y sacan conclusiones hasta cierto punto lógicas de las lecciones macabras de la historia. La noción de “chispa” revolucionaria o bélica, debido a cierta dialéctica de la olla de presión entre contrarios, la exacerbación del “choque de civilizaciones” y una serie de recientes hechos virulentos, se presentan como pruebas. Claro que hay que preocuparse por ciertos sucesos, por ejemplo: la intervención rusa en Crimea, la desgracia de Siria en guerra, la amenaza del denominado Estado Islámico (ISIS), versión ultra feroz del terrorismo sin fronteras, el rearme imperial ruso y el descomunal armamentismo chino, la explosión migratoria musulmana, el fantasma atómico iraní, la convulsión en Turquía, Corea del Norte, la tensión chino-japonesa, etc. Pero, ¿estas situaciones serían realmente gatillos de una guerra mundial devastadora? En general siempre han sucedido eventos así y no pasa nada.

Primero, no hay síntomas de que las antiguas superpotencias rivales, Estados Unidos y Rusia, quieran volver a medir fuerzas, mucho menos lanzándose cohetes nucleares, sería el fin. Nadie quiere volver a la Edad de Piedra. Del lado ruso hay sin duda una política de competencia geopolítica, que implica potenciarse militarmente, pero no estamos en la época de Hitler ni en la Guerra Fría. Rusia en verdad hace cosas malas, como lo de Crimea, pero está más preocupada en que no la castiguen económicamente y su comportamiento no tiene nada de novedoso: cuando era Unión Soviética levantó el muro de Berlín, invadió Hungría, Checoslovaquia y Afganistán, instaló cohetes atómicos en Cuba y el mundo no se fue a la guerra, se negoció y cada cual se salió con las suyas. Con China pasa igual, exhibir su poderío y amagar a Japón, no rebasa el alarde, los chinos no están locos. Pudieran arriesgarse en el futuro, pero actualmente es un gran socio de sus competidores rusos y americanos, y de besitos y todo. Tal vez Alemania y Japón sean peligros en el futuro pero ahora las controla Estados Unidos.

Ya el mundo está repartido y formateado de un modo distinto a la geopolítica que desencadenó la II Guerra Mundial (1939-1945), prolongada como Guerra Fría hasta 1989, finalizando con el derribo del muro berlinés. Según el periodista Saturnino Polón no hubo tal guerra fría, sino en realidad una tercera guerra mundial con impactos políticos e ideológicos de magnitud y un saldo destructivo mayor que las contiendas precedentes.

En este mundo globalizado, de macrocapitalismo interconectado e interdependiente, con sociedades más libres y hedonistas, donde los enemigos se han hecho socios y compinches y los cañones se venden en vez de usarse, no se ve la susodicha chispa, ni hay indicios del fin del mundo, a no ser en las mentes televidentes. Tampoco hay indicios de que haya una epidemia de locura pro atómica, por el contrario, los pueblos cada vez más se unen contra las guerras.

Si hubiera una amenaza, vendría del terrorismo, tal vez del chantaje de un Irán provisto de la bomba atómica o de un imponderable si la tiranía norcoreana le dispara un cohetazo a Japón. Una batalla de rusos y turcos, aunque Turquía pertenezca a la OTAN, sería factible, pero acabaría diplomáticamente. Y el conflicto árabe-israelí, por muchos años, se mantiene en el marco del Medio Oriente. Los talibanes y Al Qaeda han sido sustituidos por el Estado Islámico, radicado en Iraq y Siria, cuya agresividad es notoria. Sus yihadistas kamikazes cometieron los atentados de París y han declarado la guerra a Occidente, igual que hizo Bin Laden.

Tras lo de París, este grupo ha sufrido una demoledora revancha militar francesa y estadounidense sobre sus cuarteles en Siria y se espera que participen los rusos. El supuesto de que una organización de este tipo pueda cambiar la historia no tiene peso, ya de hecho la cambió Bin Laden al atacar las torres de New York. Nadie va a meter la mano en la candela, ni lanzar cohetes atómicos por ellos. Los cristianos nunca han puesto bombas en la Meca, que sí podría ser un casus belli (motivo de guerra). Tampoco es tan fácil que las armas nucleares caigan en mano de gente así, solo se ve en películas. Es decir, los que se creyeron que venía la tercera guerra mundial y el fin del mundo pueden dormir tranquilos, porque ese nuevo Nostradamus que nos puso nerviosos es de mentiritas, y que yo sepa no usa turbante.

Sobre el autor

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga

Antonio Ramos Zúñiga es un periodista freelance, además de dedicarse a la arquitectura, la fotografía de viajes y la historia del arte. Actualmente investiga el patrimonio cultural de México, donde reside. Es miembro de la Asociación de Amigos de los Castillos de Puerto Rico y de la junta de editores de la revista Herencia, en Estados Unidos. Ha publicado en periódicos y revistas de varios países y recibido premios por sus trabajos. Es autor de "La ciudad de los castillos" (2006) y de las novelas "Cornatel, el secreto español" (2014) y "Bonos chinos. Todo se sabe en la vida" (2015).

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