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Wichy Nogueras, pirómano suelto en Caracas

Wichy Nogueras, pirómano suelto en Caracas

Wichy Nogueras, pirómano suelto en Caracas
noviembre 28
13:07 2014

En 1960 Wichy Nogueras se fue para Venezuela. Igual que Matilda, la del famoso calipso de mi niñez. No era nada extraño que se fuera. Todo el que la vio venir se largó pronto de la ratonera castrista. Wichy tenía además una razón que no era exactamente política. Su madre se había radicado en Caracas desde hacía tres años. Luego no salía de Cuba como un exiliado propiamente dicho, sino en plan de reunificación familiar. Pero eso poco importaba en la época. Al que se iba del país y abandonaba el proyecto castrista, por las razones que fueran, le colgaban por defecto el cartelito de gusano. Y para volver al redil tenía que mostrar un destacado currículum fidelista durante su estancia en el extranjero. Wichy lo lograría con creces.                .

Ya en la capital venezolana, el simpático pelirrojo enseguida halló su rumbo. Wichy había dejado atrás un incipiente historial revolucionario. Contando menos de quince años, había publicado una revista estudiantil con el nombre de Libertad en su colegio habanero y en el año del embullo de 1959. Pero eso era cosa del pasado. Apenas la prehistoria. Ahora se integraba en otro medio y en otra ciudad. No perdió tiempo ni ocasión con lirismos extemporáneos. No era aún la hora de la antipoesía y la narrativa o el guion al servicio del Minint. Tomó pues un curso de publicidad, trabajó como actor aficionado y hasta realizó un corto de ficción en 8 mm. Nada mal para un adolescente que hacía sus pininos.

La piromanía, un dato poco conocido en la biografía del poeta Luis Rogelio ‘Wichy’ Nogueras (1944-1985), cuyo 70 cumpleaños se celebró el pasado 17 de noviembre.

Mas eso no llenaba su espíritu inquieto. No colmaba sus ansias de infinito, por decirlo en clave cursi. Wichy sentía una irresistible picazón revolucionaria que no le daba tregua ni sosiego. Añoraba el romántico color verde olivo y oía voces que él interpretó como el llamado atávico de la historia. El Rojo, como le decían cariñosamente a Wichy por el color del pelo, ya apuntaba maneras desde la temprana adolescencia. Rebelde y transgresor, como solo se puede ser en una sociedad libre, pasó de la inacción del simpatizante pasivo a la acción militante temeraria. De la teoría a la praxis incendiaria, dicho en el sentido literal del término.

A fines de ese mismo año de 1960, Wichy se puso de acuerdo con unos panas fidelistas venezolanos para poner en práctica su plan de pirómano precoz. Dicho y hecho. Le prendieron fuego a un establecimiento caraqueño donde vendían la revista Bohemia Libre (la Bohemia democrática del exilio, la de Miguel Ángel Quevedo y Agustín Tamargo). Tenía solo 16 años y no lo condenaron a prisión por ser menor de edad. Pero, como era extranjero, lo expulsaron de la Venezuela de Rómulo Betancourt. Regresó a La Habana como un héroe y enseguida halló empleo como propagandista gráfico en el instituto del cine (Icaic), realizando dibujos animados en apoyo a la campaña de alfabetización.                                                            .

¿Qué le habría ocurrido, en la Cuba de Fidel, si le hubiera dado candela a un timbiriche del periódico Revolución, que era por entonces el órgano oficial del castrismo? Veinte años de cárcel como mínimo, por contrarrevolucionario y saboteador, teniendo en cuenta su corta edad. Con 21 años lo hubieran fusilado por agente de la CIA. Irremisiblemente.

Sobre el autor

Nicolás Águila

Nicolás Águila

Periodista cubano con residencia en Madrid, licenciado en Filología Inglesa, Nicolás Aguila ha sido colaborador de numerosos publicaciones en varios países, entre ellas Cubanet y la Revista Hispano Cubana. Ha trabajado como docente universitario, traductor y editor de revistas médicas. Residiendo en Brasil obtuvo por concurso una beca de ICI para curso de profesores de español en Madrid. Ha realizado numerosos cursos de posgrado en el área de Lingüística Aplicada y enseñanza de idiomas en Cuba, Brasil y Estados Unidos.

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