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William Navarrete: Vivimos sobre un polvorín

William Navarrete: Vivimos sobre un polvorín

mayo 28
03:20 2011

1-Lauro_y_NavarreteLegua Editorial presentó en Miami, con la colaboración del Koubek Center (Universidad de Miami), la NACAE y el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio, la novela La gema de Cubagua, del escritor cubano William Navarrete, con éxito de público.

Ahora se presenta en la FNAC de Madrid y en el marco de la Feria del Libro Alternativo,  en la Cuesta de Mollano.


En esta novela William Navarrete muestra gran dominio de la historia y fundación de las villas del Oriente de Cuba, y de la colonización y población de ese territorio a partir del siglo XVI. Con estilo desenfadado, en el que no faltan la ironía y el humor, ofrece al lector una estampa vívida de la Cuba actual. Aunque reside en París desde hace dos décadas, al autor no le son ajenos los lugares comunes de la posición ante la vida y la proyección del cubano de hoy, así como sus peculiaridades.

Ampliamente conocido por su labor de periodista y antólogo, Navarrete entregó a sus lectores, con “Lumbres veladas del Sur”, textos poéticos escritos durante un viaje a Marruecos en 2008. Incansable viajero, lector, periodista e historiador, sorprende ahora con esta novela, centrada en personajes de la ciudad de Holguín, Cuba. En ella  muestra dominio de la prosa, del humor y, de su especialidad de siempre, la Historia.

Basada en un hecho real publicado en el Diario de la Marina, noticia que revolucionó al pueblo de Holguín (Cuba) en su momento, sumando a su imaginación los conocimientos sobre  la fundación de las villas del Oriente de Cuba y de la colonización y población de ese territorio a partir del siglo XVI, adquiridos en exhaustivos estudios de los protocolos notariales y archivos parroquiales de la región, “La gema de Cubagua”  es su primera obra narrativa: una estampa cubana en la que no se echan en falta los matices y modismos del habla insular.

Alberto Lauro– ¿Después de más de una docena de libros de poesía, ensayo y arte, qué te llevó a la narrativa?

William Navarrete– La narrativa ha sido anterior a muchos de esos géneros. Antes de publicar ningún libro ya tenía escrita en 1997 una novela que permanece aún inédita y que se llama (ba) “La llave del deseo”.

AL- Para hacer esta novela hiciste un serio trabajo de documentación. ¿Dónde?

WN- El trabajo serio de investigación permanece aún inédito y ya va por 1200 páginas sobre la historia y lazos sanguíneos de las familias orientales fundadoras de San Salvador de Bayamo, San Isidoro de Holguín y pobladores del norte de Oriente. En cuanto a la novela, aunque se centra en una de esas familias (los González de Rivera), aborda aspectos superficiales (e incluso míticos) de la historia de Holguín relacionados con esa extensa familia. Aunque poseo el árbol genealógico de ese linaje (del cual medio Holguín desciende) no es en la novela en donde podrán leerse exhaustivamente los aspectos históricos y genealógicos de mi investigación.

AL- ¿Cuándo comenzaste a escribirla?

WN- Esta novela se llamaba inicialmente La danza de los millones. Como tal aparece mencionada, cuando era aún inédita, en el libro de ensayos de Emilio Ichikawa “La heroicidad revolucionaria” (Washington, 2001, p. 60). La escribí en el 2000. Hice algunas gestiones editoriales durante ese año y el siguiente (conservo las respuestas) y, como la publicación parecía dilatarse y se resumía en vagas promesas futuras, la engaveté. Me puse entonces a preparar otros libros y la novela durmió hasta que en el 2008  te envié a ti mismo el manuscrito a Madrid, para que lo leyeras y me dieras tu opinión. Tus comentarios me animaron a sacarla después de 10 años de olvido.

AL- ¿Cuáles son los países en donde esta familia tiene sus ramas hasta llegar a Holguín y cuál era su actividad comercial? Háblame del alférez de fragata Juan Francisco González de Rivera y Obeda Mancera de la Portera.

WN- Habría que hablar primero de Juan Bautista González de Rivera Mancera de la Portera, quien nació en Oporto, era capitán de navío de la Real Armada del Reino de Portugal y había estudiado Medicina en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Coimbra. Al parecer el paso (término utilizado para designar el momento en que pasaban a América los peninsulares de entonces) sucede hacia 1628 cuando comienza a ejercer como cirujano mayor del Cuerpo de Sanidad de Coimbra. Esta última información la confirma el historiador Carlos Felice Cardot en su libro “Curazao Hispánico, Antagonismo Flamenco-Español”, cuando menciona una declaración verbal escrita por puño y letra del Cirujano Maestro Juan Bautista, dando fe de las heridas recibidas por el comandante de la Flota de la Plata en Honduras, Don Álvaro de la Cerda, en 1628, cuando fue atacada por el pirata holandés Piet Heyn cerca de la bahía cubana de Matanzas.

En la ciudad de Nueva Córdoba de Cumaná (actual estado de Sucre, Venezuela), la primera villa fundada por los españoles en América del Sur (1501 por los frailes franciscanos y 1521 oficialmente), se casa, en la iglesia Nuestra Señora de Altagracia, el 18 de agosto de 1634, con la cumanense María de los Santos Obeda y Corzo. El fundador del linaje en Bayamo (y luego en Holguín) es el hijo de ellos: Juan Francisco González de Rivera y Obeda, quien fue bautizado en Cumaná, en esa misma iglesia, el 16 de marzo de 1637.  Se conserva un certificado médico expedido el 15 de febrero de 1629  por Juan Bautista y que atesora el Archivo de Indias de Sevilla (Legajo 27A, Santo Domingo, que se puede leer en el adjunto) y que adquirí gracias a Blanca von Kaenel de Mey, ciudadana holandesa y descendiente de estos González de Rivera. María de los Santos, la esposa de Juan Bautista, falleció en la isla de Martinica, posesión francesa, en 1672. Ignoro aún el motivo de su estancia en ese lugar, así como el sitio de fallecimiento del propio Juan Bautista. En cuanto a Juan Francisco, hijo de los anteriores, era alférez de fragata y capitán de navío. El hecho de que en la novela aparezca como un buscador de perlas en el lecho marino de la isla de Cumaná (frente a las costas de Cumaná) es una fantasía que me permitirá solucionar ficticiamente el tema de la herencia. Lo que sí es una realidad histórica es su llegada al puerto de Santiago de Cuba en 1671 y su matrimonio, el 7 de junio de 1674, en la Parroquial Mayor de la Villa de San Salvador de Bayamo, con María del Rosario de Ávila Batista-Bello y Bernal de Bobadilla, descendiente directa de García de Holguín, el conquistador extremeño que a mediados del siglo XVI diera nombre al Hato de Holguín.  Ambos aparecen empadronados en el Censo de Bayamo de 1684. Un año después, por Escritura ante el Cabildo de Bayamo, Juan Francisco adquiere la Hacienda de Managuaco (a 16 kms. de lo que sería en el futuro el primer núcleo poblacional de Holguín), establece allí el primer feudo de los González de Rivera en esta región y funda la primera ermita bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario (luego San Isidoro de Holguín).

AL- La trama principal está centrada en los descendientes de la familia González de Rivera, de abolengo provinciano y  vinculada a  la fundación de Holguín. ¿Conociste a algunos de estas personas?

WN- Los descendientes son miles. Juan Francisco tuvo 4 hijos,  22 nietos y 84 bisnietos.  Existe un Registro genealógico de la familia González de Rivera, escrito en 1863 por el historiador holguinero del siglo XIX y uno de los primeros historiadores y genealogistas de Cuba, Diego de Ávila y Delmonte. Dicho Registro fue publicado por el historiador holguinero José A. García Castañeda en el Boletín Histórico del Municipio de Holguín, de febrero de 1951, en que aparece en 22 páginas toda la descendencia de la que hablo, desde Juan Francisco hasta 1850 aproximadamente. Sumaban ya, en épocas de Diego de Ávila, unos 2 000 descendientes. Yo calculo que la cifra actual de descendientes alcanza unos 20 000 holguineros o descendientes de personas nacidas en esa región. Es importante decirlo para acabar de una vez por todas con la falsa creencia de la excepcionalidad de este linaje. Por otra parte, el apellido González de Rivera se abandonó hacia 1860 y ya en el siglo XX pocos lo habían conservado y casi todos se apellidaban González a secas. De ahí que en la novela la protagonista batalle, en 1987,  ante los funcionarios de la Oficoda, para que le restituyan el apellido completo en su libreta de abastecimiento; algo que es un guiño irónico que utilizo para destacar el hecho de que la herencia siempre aparece cuando el hambre aumenta.

AL- ¿Cual fue el impacto de los holguineros al publicar en el extinto Diario de la Marina de los años 1930 la noticia de que podría ser los herederos de una invalorable fortuna, depositada en el siglo XVIII -250 años atrás- en un banco de Londres por uno de los patriarcas de la rama cubana de este apellido?

WN- Uno de los primeros errores que comete el charlatán que publica en el Diario de la Marina de 1930 esa noticia es que especifica que la herencia de los González de Rivera se hallaba en un banco inglés cuya existencia en realidad data de años después de la muerte de Juan Bautista y de su hijo Juan Francisco. Por otra parte, el testamento del primogénito Rodrigo José González de Rivera y de Ávila, quien muere en Holguín, a los 103 años de edad, en 1774, y que he colgado en su integralidad en mi blog de Genealogías Holguineras (http://genealogiaholguinera.blogspot.com) habla más de deudas que de legados. A excepción de ciertos corrales y fincas de su propiedad, Rodrigo José deja muy poco dinero, algún que otro ganado, apenas dos caballos (uno de los cuales se hallaba extraviado) y un sólo negro esclavo llamado Francisco. Luego, a principios del siglo XIX, el primogénito de este Rodrigo José muere tan endeudado que la Iglesia se ve en la obligación de pagarle el entierro (como tal aparece especificado en su certificado de defunción). Todo esto lo digo para dejar ver que nada indica que exista semejante herencia y que ésta debe existir a mi juicio en el imaginario popular de los holguineros. Es la consecuencia de las situaciones económicas difíciles que ha padecido el país en momentos puntuales: el machadato (para 1930) y el fin de la ayuda soviética (cuando vuelve a emerger hacia 1985-1988). Es lo típico de este tema de supuestas herencias de antaño de las que en Cuba hay por lo menos unas cinco repertoriadas: siempre reaparecen como tablas de salvación cuando las necesidades se acrecientan y casi siempre quienes las lanzan las sitúan tres siglos antes, de modo que sean miles los aspirantes y, en consecuencia, se forme mayúsculo revuelo.

AL- ¿Cómo residiendo París tantos años sigues obsesionado con ese tema holguinero?

WN- Tal vez por eso mismo: porque vivo y he vivido la mitad de mi vida en el corazón de París. Si viviera en Holguín, en Yateras o en Jatibonico, seguro que me interesaría más de la cuenta en París.

AL- ¿Conociste a historiadores locales de Holguín para tu investigación?

WN- No. Me fui de Cuba joven, me crié en La Habana desde los tres años y la última vez que fui a Holguín rondaba los 18. Leí, eso sí, a todos los historiadores holguineros, desde Diego de Ávila Delmonte, hasta José A. García Castañeda, Juan Albanés, Herminio Leyva y Ricardo Varona Pupo. He consultado todos los Censos de Holguín (el primero de 1735) y de Bayamo (el primero de 1684). También he tenido en mis manos muchos árboles genealógicos y leído mucha prensa holguinera, banense, gibareña, etc., del XIX y principios del XX. Tengo en mi poder copias integrales de los índices de algunos Registros Civiles de la región y también de los de casamientos y bautizos de varias iglesias y parroquias de la región holguinera. En este tema un libro capital que he leído varias veces es el manuscrito de familias bayamesas, escrito hacia 1774 por el capitán Pedro del Prado Pardo, que a pesar de ser realmente uno de los escasos libros del siglo XVIII cubano nunca ha sido publicado y se conserva gracias a las copias mecanografiadas que existen en el Arzobispado de La Habana y en la colección Masnata del Cuban Heritage Collection de la Universidad de Miami. Por último, a quienes sí he consultado, y mucho, es a los archivistas de las iglesias San Isidoro y San José de Holguín, Jesús del Monte de Auras, Santa Florentina del Retrete de Fray Benito, San Fulgencio de Gibara, San Gregorio Nacianceno de Mayarí, etc. Con ellos sí tengo estrecha relación desde 1985. Tanto con los que trabajaban en aquel tiempo como con quienes trabajan hoy.

AL- ¿No te parece irónico que esta novela comience en Venezuela, ahora vinculada al castrismo, y continúe en Cuba?

WN- América es una sola y en esa época casi todas sus tierras formaban parte de los dominios de ultramar del Reino de España. Ninguno de los caudillos responsables de esos dos regímenes se interesa en estos nexos y seguramente ignoran todo esto. Para ellos la historia es una relectura personal, maleable a su antojo. Ellos se consideran el colofón de siglos de acontecimientos históricos y una serie de tonterías más avaladas siempre por los oportunistas de turno (intelectuales incluso) y, desde luego, por la supina ignorancia de las grandes masas.

AL- ¿La experiencia que vive la protagonista –Ana Isidora- que pasa del anonimato a ser una celebridad por la posibilidad de que será rica no demuestra el culto desmedido de hoy del pueblo cubano al dólar y a las divisas extranjeras?

WN- No. Como dije antes, creo que el interés que despierta la supuesta herencia es dado, en la realidad, por situaciones de crisis económicas coyunturales que ha vivido el país. Por otro lado, en la época en que se desarrolla la trama contemporánea de la novela (década de 1980) el dólar estaba penalizado en Cuba y pocos se atrevían a tener esta moneda. Hasta cinco años de cárcel te metían si te cogían con un dólar en el bolsillo.

AL- ¿Dónde has presentado la  novela antes y qué acogida ha tenido?

WN- En Miami, presentado por en PEN Club de Escritores, NACAE y la Universidad de Miami (en el Koubek Center) y luego en una librería del Quartier Latin de París (Salón del Libro, se llama) que es la única librería en español de la capital de Francia. En ambas presentaciones el libro tuvo muy buena acogida.

AL- ¿Tienes proyectos de presentarla en España?

WN- Sí, en la Feria del Libro de Madrid, luego en la FNAC de Callao (el 6 de junio) y en una Feria Alternativa que se desarrolla en paralelo en la Cuesta de Moyano (el 7).

AL- Pero antes había publicado el poemario “Lumbres veladas del Sur” (Aduana Vieja, 2008). Está centrado en tu visita a Marruecos. Eres un incansable viajero. ¿Por qué te gusta tanto viajar?

WN- Porque cada día son menos los países que uno puede visitar. Aquellos que no visitemos ahora no los veremos tal vez nunca. Vivimos sobre un polvorín a punto de estallar. Si no es una termonuclear que explota, entonces es una revolución o una guerra civil que estalla para cerrarnos las fronteras de determinado país. El terrorismo es una realidad, los regímenes populistas y depredadores de la democracia, otra. La violencia en amplias regiones de América Latina y de África es innegable. Las catástrofes naturales son cada vez más seguidas e intensas. En fin, el que no se dé prisa y viaje ahora (si es que le interesa, por supuesto) que se despida de hacerlo dentro de diez años.

AL- Al final “La gema de Cubagua” se convierte en un carnaval, en un absurdo espectáculo tan divertido como delirante. ¿Esto no es una metáfora de la Cuba actual?

WN- Sí. Esa fue la Cuba que yo viví y la que al parecer (pues no regresé nunca) existe todavía: un carnaval patético más que divertido. Patético, porque cuando se vive allí no se es enteramente consciente de lo que representa esa sociedad y de lo mal que va todo.

 

Sobre el autor

Alberto Lauro

Alberto Lauro

Alberto Lauro (Holguín, 1959). Escritor, poeta y periodista. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de La Habana y por la Universidad Autónoma de Madrid. En Cuba colaboró desde muy joven en los medios de comunicación, hasta que su libro “Con la misma furia de la primavera” (1987) fue censurado. Publicó en la Isla dos poemarios para niños también premiados: “Los tesoros del duende” (1987) y “Acuarelas” (1989). Exiliado en España desde 1993, ha publicado, entre otros, los libros “Cuaderno de Antinoo” (1994) y “En brazos de Caín” (Premio Odisea de novela, 2004). En 2011 obtuvo el XVI Premio Internacional de Poesía Luys Santamarina-Ciudad de Cieza por su poemario "Hijo de mortales". Reside en Madrid.

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