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Ya no nos queremos

Ya no nos queremos
julio 02
12:03 2016

 

Ya no nos queremos, hace meses que no nos hablamos; apenas nos miramos. Yo ya no tengo palabras para seguir alimentando esta unión de dos seres que nunca han tenido nada en común para ser una pareja. Nada de nada. Somos el vinagre y el aceite: dos polos opuestos. La culpa fue mía. Me dejé llevar por la oscuridad de una noche de febrero. Fue así como todo comenzó: a oscuras. Aunque no he dejado de pensar que lo nuestro no comenzó ayer, diez años atrás, o el siglo pasado. En realidad nunca logramos tocar tierra firme entre los dos. Emprendimos la búsqueda de justificaciones para mantenernos unidos. Otras veces acordamos hacer esto y lo otro diferente a ver si llegábamos a un punto común. En otras palabras, usamos la fuerza bruta para seguir juntos. Hoy me doy cuenta de que quisimos formar un tipo de relación imposible, algo artificial que pudiera pegar eso mío con lo otro -lo que no tiene nombre, lo irrealizable-, pero fue todo en vano.

Empezando porque nuestros cuerpos eran totalmente diferentes. Yo siempre he sido bien espigado, voluble, casi resbaladizo, con una consistencia fluida de pies a cabeza. Mis brazos son largos y las piernas mucho más. Tengo el pelo largo y sedoso y abundante y una boca en forma de gota de agua que logra vocalizar el ritmo de la marea en la madrugada. Mi amante es todo lo contrario. Tiene un cuerpo descomunal, gordo, simétrico y duro. Piernas rígidas y manos como concreto de pesadas. Se mueve con poca agilidad. Yo, al contrario, soy como un pájaro cuando alza el vuelo. La noche que nos conocimos, en realidad no logramos estudiar nuestros conjuntos respectivos, y mucho menos los métodos. Por ejemplo: mi amante le encanta la sangre de los caballos. A mí, al contrario, me da asco la sangre, sea de quien sea: soy un devoto a comer paredes y murallas; mi comida favorita.

Los muros viejos con musgos y cadáveres de insectos son mis preferidos. Ahí me pueden ver por horas dando diente a esa masa compacta que tanto me ha hecho reflexionar en la vida. Mi amante, no. Era más la intriga secreta que la verdadera acción. Les explico. Me decía siempre: amor mío, el día menos pensado dejo de beber sangre y me dedico a comer paredes viejas como tú. Nunca llegó a cumplir su palabra. Trató, pero no lo suficiente. Lo más que llegó a comer una tarde fue un poco de cemento suave, de ese que todavía no se ha secado. Yo le miraba con miedo: cemento que no está seco. Y entre sus palabras y mis pensamientos caía siempre el espejismo de una verdad mentirosa. No lo hará nunca, me dije una y otra vez. Me mira con mucho misterio. Anda buscando otra cosa que no tiene nada que ver con nuestra relación. Tratamos muchos años de sobrellevar esta agonía, pero al final comprendimos que hubiese sido una fatalidad el seguir viviendo juntos.

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Sobre el autor

Félix Rizo

Félix Rizo

Félix Rizo Morgan nació en Matanzas, Cuba, y reside en los Estados Unidos desde 1967. Curso estudios de Ciencia y Magisterio y obtuvo una Maestría en Educación en St. Peter's College. En 1989 ganó el premio Dos Ríos por su ensayo "Cuando cabalgan los tigres", un estudio sobre las dictaduras latinoamericanas. Ha publicado el libro de cuentos "De mujeres y perros" y la novela "El mundo sin Clara". Cuentos, poemas y ensayos suyos han aparecido en diferentes publicaciones de Estados Unidos y América Latina. Cuenta también con una obra dramatúrgica inédita.

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