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Yo, que siempre he estado a favor del amor libre

Yo, que siempre he estado a favor del amor libre
octubre 27
15:09 2015

 

De Carlos Marx en El Capital a Henrik Ibsen en Casa de muñecas, y hasta hace apenas unos años, por parte de apóstoles de lo social, activistas del feminismo y escribas menores, han corrido ríos de tinta para condenar el matrimonio entre un hombre y una mujer por considerarlo una institución burguesa, o un contrato mercantil más. Lo curioso acá es que muchos de los herederos de Ibsen y Marx son los que ahora piden, y han obtenido luego del fallo de la Corte suprema de EE.UU, la legalización del matrimonio homosexual.

Quiere decir que los que antes pedían el amor libre para hombres y mujeres resulta que sin más, san pablos en el camino damasquino, ahora quieren aherrojar las libertades amorosas de los homosexuales, y eso a mí, por lo menos, me parece más que una inconsecuencia sin nombre un caso de discriminación inconcebible. ¿O es que los homosexuales no tendrían derecho a amarse los unos sobre los otros sin ese pedestre contrato mercantil que acertadamente señalaran el dramaturgo noruego y el filósofo alemán?

Yo, que siempre he estado en contra del matrimonio y a favor del amor libre, no como furibundo militante sino como feliz practicante, no dejo sin embargo de celebrar la decisión de la Suprema Corte para matrimoniar legalmente a los homosexuales. No porque albergue un sentimiento homofóbico, Dios me libre, sino porque mis amigos polígamos y yo pensamos que ha llegado el momento oportuno para procurar legalizar nuestras uniones colectivas. No hay una inconsecuencia en ello. Pienso que es sólo adecuación al espíritu de la época que se impone y que, por otro lado, siempre habría para nosotros los polígamos, aún bajo el marco de la ley, mucha más libertad y aventura que la que habría en un aburrido matrimonio entre dos homosexuales o dos heterosexuales.

No obstante, me preocupa el asunto, pues mi vecino que ama y vive con su marmota, animal que trajera un día de los montes Apalaches y al que acondicionó un tálamo cuasi nupcial dentro de una nevera imperial, me ha confesado que él y sus amigos zoofilicos emprenderán una denodada lucha, en la que contarán con la decidida alianza de los pedófilos, para que la corte de las cortes apueste por ellos. Al final, me asegura entre aletargado e ingenuo con su sempiterna budweiser en la mano, tanto los amantes de los animales como los amantes de los niños no pueden menos que pedir que se legalice la unión ante dios y los hombres, pasar de las catacumbas a la luz, pues ciertamente no son esos aberrados que pinta el tradicionalismo, lo que sienten por animales y niños no es desde ahora el mandato del instinto bestial sino un genuino amor que, como todo amor terrenal, ha de consumarse en la cama o en el corral.

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Sobre el autor

Armando de Armas

Armando de Armas

Armando de Armas (Santa Clara, 1958). Escritor y periodista. Ha publicado, entre otros libros, las colecciones de relatos “Mala jugada” (Miami, 1996) y “Carga de la caballería” (Miami, 2006), la novela “La Tabla” y el libro de ensayos “Mitos del antiexilio”, traducido al italiano por el sello Spirali. Su último título publicado, “Caballeros en el tiempo”, fue editado por Atmósfera Literaria en Madrid. Es vicepresidente del PEN-CLUB de Escritores Cubanos en el Exilio (Capítulo del PEN Internacional de Londres). Reside en Miami.

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2 comentarios

  1. Ricardo Vega
    Ricardo Vega octubre 27, 17:20

    Lo de comparar a un gay con un animal no recuerda aquello de comparar a un disidente con un gusano?

    Reply to this comment
  2. ariel
    ariel octubre 28, 16:03

    no veo la comparacion de la que hablas por ninguna parte. A ver si aprendemos a leer

    Reply to this comment

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