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Yonquis del dogma

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París Hilton con Fidel Castro Jr. en La Habana

Yonquis del dogma
julio 11
12:08 2016

 

Quién lo diría. A pesar de los pesares, vuelven a cantar La Internacional como colofón de cada acto, cogiditos de las manos, con el pecho inflamado y las voces temblantes de nostalgia. Al pie del catafalco, el leninismo fidelista quiere dar señales de vida en Cuba. Y lo hace como cuentan que lo hace el cisne blanco: cantando antes de morir. El diablo sabrá con qué polvo sideral fueron modelados tales especímenes. Ya que no se trata únicamente de los leninistas cubanos, englobados en una pintoresca gama que va de Abel Prieto a Machado Ventura. Todos los leninistas fidelistas, a lo largo del planeta, son como primos toxicómanos: una vez enganchados, no hay ley ni lógica que los desenganche. Sean académicos estadounidenses, o estrellas de Hollywood, dados a visitar La Habana como quien va al zoológico. Sean progres europeos, sobre todo españoles, sobre todo ahora los de Podemos Unidos, que marchan a la cabeza, por más que estos especímenes no demuestran llevar la cabeza en la cabeza sino en los cuartos traseros. Sean los patéticos leninistas latinoamericanos, con los que, por cierto, nunca se llevaron muy bien los broncos leninistas de Fidel Castro, parece que debido a su empecinamiento en hacer la revolución desde las butacas del fórum, mientras que las guerrillas se dedicaban a tirar tiros sin su respaldo.

Estos remedos de comunistas ortodoxos no se rigen por una filosofía (ya que en la práctica concreta niegan a Marx), ni por un corpus ideológico sólido, aunque tal vez ni ellos mismos han reparado en el detalle. No hay acción que los tipifique, como no sea la levitación. Lo suyo no obedece a un programa político. Ni siquiera a una mística, pues hasta los místicos buscan y encuentran sus fundamentos a ras del suelo. Le han tirado el lazo a dos o tres argumentos que cacarean en coro, usando uniformemente la misma retórica, como un santo y seña, pero vaciados de sustancia apenas caen en sus discursos: la explotación capitalista, el medio ambiente, la paz, la igualdad de géneros, el peligro de la globalización, los problemas de la democracia… El pueblo para ellos no está constituido por personas, cada una de las cuales posee un cerebro y un corazoncito íntimo y una boca para alimentarse como Dios manda. Es una masa amorfa. Una entelequia. Un amasijo sin atributos. No imaginan al hombre nuevo del Che o de Chávez sino como a un golem esclavizado al estilo de los más viejos tiempos. Perseguidores rabiosos de algún tipo de nirvana, su pasatiempo favorito es hablar mal del capitalismo. Pero nada le garantiza tan larga existencia al capitalismo como el leninismo fidelista, por simple cotejo de contrastes.

Los cubanos tendemos a usar el verbo reprender con deliciosa tortuosidad cuando nos referimos a la gente que se aferra irracionalmente a una pasión, sobre todo en las relaciones amorosas. Les llamamos reprendidos. Pues tal parece que ni más ni menos son los leninistas fidelistas: reprendidos de sus vacuidades.

Su única y verdadera sustentación es un eructo del alma: odiar el progreso y dedicarse a negarlo, aunque el progreso los aplaste a diario. Su reino es de otro mundo, pero no en el sentido en que lo dijo Jesús, ya que el de los leninistas fidelistas demuestra estar mucho más lejos del cielo que ningún otro mundo. Es el desértico limbo de los yonquis, donde nada tiene sentido, como no sea darle al vicio, que en su caso específico no es sino el cargante vicio de hablar por hablar.

Es exactamente el motivo por el que todos, desde todo el mundo, convergen en La Habana en estos inicios del siglo XXI, y cada día con mayor frecuencia. Cualquier pretexto les sirve para hablar sobre el futuro, entendido como el sueño que soñarán por la noche. Tan divertido como un antiguo show del teatro Alhambra tal vez sea repasar la lista de algunos, sólo unos cuantos entre los muchos eventos a los que asisten cada año en la Isla, dispuestos a desgranar sus aportes para el porvenir, con los gastos pagados por hambreados cubanos del presente. Si alguien se extraña de que en tales listas no aparezca un solo evento dedicado a estudiar la forma de hacer prosperar los boniatos, habrá que recordarle que en el mundo mejor con que sueñan ellos quedará abolida la necesidad de comer, de comer comida quiero decir, o al menos de que la coma el pueblo.

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Sobre el autor

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández

José Hugo Fernández (La Habana, 1954) es escritor y periodista. Durante la década de los años 80, trabajó para diversas publicaciones en La Habana, y como guionista de radio y televisión. A partir de 1992, se desvinculó completamente de los medios oficiales y renunció a toda actividad pública en Cuba. Premio de Narrativa 'Reinaldo Arenas' 2017, tiene 17 libros publicados. Actualmente reside en la ciudad de Miami.

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