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Zona Franca o la literatura cubana en Miami

Zona Franca o la literatura cubana en Miami

febrero 16
15:59 2013

miami mar¿Con qué nivel llega la literatura de Miami a Zona Franca? Debo empezar por una advertencia, quizás soslayada hasta hoy, que dirigiera Reinaldo Arenas a sus lectores a propósito de la literatura exiliada: si algo nos separa y divide en una zona (espacio o esfera) que franquea el mismo objetivo, es porque no estamos aquí (fuera de la Isla) para contradecir los postulados de una literatura política y social referente al humanismo de la nación, sino para rechazar la forma como un Estado se apodera de los fundamentos literarios para tiranizar y manipular la cultura nacional. Esos fundamentos por los cuales la literatura está ligada a la formación de las identidades culturales.

Es decir, que para Arenas la escritura exiliada deriva fundamentalmente de las consecuencias  de la política de avasallamiento del Estado sobre el origen y desarrollo de la literatura cubana. Lo que la literatura exiliada busca es convalidar, con ciertos códigos simbólicos, la formación del Estado-nación a través de una zona de separación entre lo éticamente correcto y lo incorrecto en materia de política y cultura.

De modo que el nivel con que llega la literatura cubana a Zona Franca es el mismo, a diferencia de ciertos matices conceptuales, que el descrito por Arenas hace más de veinte años. Si la literatura en todos los tiempos ha sido una forma de oponerse al Estado opresor, en el Miami actual esa lucha cambia de matices por la repugnante profusión de símbolos en el imaginario del sujeto literario que se funde con una política de domesticación y subordinación a menor escala. La ciudad busca imponer una identidad literaria que no posee. Se intenta enseñar  lo ya sabido: que el hombre es un objeto de servilismo a pesar de su demencia política y cultural. La política literaria en Miami es esa: la de embaucar al lector con una nueva política de Estado donde los principios éticos de la nacionalidad cubana sean los que ejerzan el poder para enseñar y subordinar a los sujetos lectores a una confrontación ética-humanista contra el régimen opresor de La Habana.

Pero esta práctica o ejercicio estético de la literatura exiliada se enmascara bajo la idea liberal de una literatura posnacional. Si de un “mejoramiento” se trata, los exponentes literarios en Zona Franca no podrán evadir el asunto de una confrontación entre la actual forma de hacer literatura íntima (personalista, pero subordinada a la creación de zonas para proteger el discurso estético de la nación) y una escritura que descabece la era a la vieja usanza. Es decir, el mejoramiento en una nueva zona que evidencie el fracaso del intimismo y el personalismo poético  en función de una literatura nacionalista (sea religioso, existencialista, épico o político). Ambas tendencias prueban que estamos sujetos al eterno retorno de la espiritualidad literaria nacional (Lezama, Eliseo Diego, Cintio Vitier) y al romanticismo poético martiano que desemboca en las vanguardias literarias. Por eso, la idea de un mejoramiento ético invade los sueños de una literatura que sigue pensando en el futuro del hombre dentro del paisaje de lo nacional. La insularidad como pórtico en el destino del ser cubano.

No obstante, esta zona abierta al público miamense puede admitir otra resonancia como zona alternativa para enjuiciar una nueva óptica de la literatura acorde a los tiempos que corren. Miami es una ciudad de lujo y técnicamente estructurada para vivir una vida al margen de la ética nacionalista. En principio, es lo que valoraría de peligrosa esa intromisión de Arenas expuesta más arriba. Porque, ¿cuántos escritores cubanos radicados en Miami no escriben para desafiar las impurezas del suelo sobre el que han de escribir sus obras? Playa Albina, como cierto escritor nombrara a Miami, ha sido el símbolo de ese desafío contra la posibilidad de encontrar una zona donde librar la batalla por el mejoramiento humano.

Zona Franca espera que se diga algo sobre el posnacionalismo literario cubano. En la estela de Nietzsche, esa zona bien puede ofrecer terreno para el diálogo de una literatura posnacional, que hurgue en lo más profundo del hombre. O sea, para hablar de una literatura desprejuiciada del  modo en que el protectorado cultural nacionalista creyó en el mejoramiento humano. Esa idea idílica, romántica de la escritura, que fue denunciada por Hermann Broch a través de  sus tres tipos de hombres (el romántico, el anarquista y el realista), puede ser objeto de impulso para reorientar la literatura en Miami.

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